Liquida a tu boicoteadora interior

Ella es la culpable de que prefieras tomarte unas cañas a ir al ‘gym’.
Women's Health -
Liquida a tu boicoteadora interior
Liquida a tu boicoteadora interior

Ella es la culpable de que prefieras tomarte unas cañas a ir al ‘gym’, la que consigue que abandones la dieta o la que te hace ver otro capítulo de tu serie preferida en lugar de dormir más. Pero sabemos cómo acabar con tu yo más tramposo… o al menos pactar con él.

En un profundo lugar de tu cerebro, escondidas detrás de la materia gris, hay un pequeño e inocente grupo de células con siniestros objetivos. Ellas son las que se ponen de acuerdo para dejar salir a tu boicoteadora interna y apartarte de tus buenos propósitos, como ir un día más al gimnasio, cambiar el cruasán por una pieza de fruta o dejar de fumar de una vez. Ellas son las culpables de que te lleves al trabajo una bolsa de deporte y vuelva a casa tal cual, de que te gastes una pasta en comida ecológica y luego pidas una pizza o de que tu esterilla de yoga esté acumulando polvo en el armario. Porque a tu versión más vaga, miedosa y perezosa le apasiona lo conocido y lo cómodo, como el sofá y la tele. Pero, si sabes que algo es bueno para ti, ¿por qué lo boicoteas con mil excusas? La clave está en tu cerebro. Mejor dicho, en tus cerebros

“Los últimos estudios de neurociencia afectiva indican que existen tres: uno en el estómago, otro en el corazón y otro en la cabeza, correlacionados evolutivamente con un cerebro reptil, uno mamífero y otro humano”, explica Cristina Madrid, psicoterapeuta Gestalt, sexóloga, profesora de yoga y creadora del método Yoga para el cambio. “En el estómago y en las vísceras, nuestro cerebro más ancestral, están impresas las emociones y reacciones, es nuestra intuición animal”, explica. Aquí, y en tu corazón, no busques lógica ni razón. Según Madrid, “alabamos a nuestro cerebro racional, pero no lo educamos para entenderse con esta intuición animal, lo que hace que cada uno funcione de forma independiente, creando conflictos, angustia mental y hasta enfermedades”.

¿Por qué si tu cerebro sabe que algo es bueno para ti, le cuesta tanto adoptar ese nuevo hábito? La clave, según Cristina Madrid, radica en esta falta de entendimiento, escucha y diálogo entre los tres “ejecutivos” de esa gran “multinacional mental”. “Cuando tu cerebro intuitivo boicotea ese cambio, lo que está pidiendo es ser escuchado”, apunta Madrid. Para esta experta, la adopción de un nuevo hábito debe pasar por una consulta interna. El boicot, la pereza o el miedo pueden ser una defensa de tu cerebro animal frente a una situación desconocida que puede llevarte al fracaso, causarte estrés e incluso humillación, como cuando se te salía el corazón por la boca en esa clase de spinning o te caíste de la cinta de correr.

Tu cerebro está diseñado para protegerte de daños físicos o psicológicos, así que resulta necesario ese diálogo interno para que tus tres cerebros entiendan por qué quieres adoptar un nuevo hábito. Y, para evitar el fracaso, Madrid subraya la importancia de que ese cambio no sea un ‘debería’ ajeno, con el que no te identificas o que no estés preparada para llevar a cabo en ese momento. “Explora, desde el consenso entre tus cerebros, qué nuevos hábitos surgen de ti y realmente quieres o estás preparada para adoptar. Por su parte, Ainoa Espejo, grafóloga y coach personal y de relaciones de Aihop Coaching añade que, “el objetivo principal para adquirir una rutina y no fracasar es que nos haga la vida fácil, que no tengamos que luchar contra nuestra saboteadora para cumplirla. El éxito consiste en la suma repetida de pequeñas acciones a lo largo del tiempo”, señala la experta.

Sigue leyendo porque hay pequeñas estrategias mentales que te ayudarán a mantener a raya a tu boicoteadora interna.

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UFF, LA CARRERA

Has liado a tus amigas para apuntaros a un 10K y aprovechar así para pasar tiempo juntas, pero a medida que se acerca el día y los nervios aumentan, no paras de pensar excusas para quitarte de en medio.

¿Por qué? Cuando surgió el plan, a tu cerebro animal le gustó la idea de pasar más tiempo con ellas haciendo una actividad que os gusta. Pero según pasaban los días, tu intuición empezó a revolcarse en la idea de la humillación, así que comenzó a convencer a tu cerebro racional de que podías lesionarte o de que era demasiado esfuerzo… y así mantener a salvo tu ego. Y, voilá, de repente te sale trabajo por todas partes, te duele la garganta, los niños te dan malas noches y necesitas descansar… Todas, razones plausibles para no competir...

La estrategia mental. No te machaques, piensa solo por qué querías correr. Como dice Ainoa Espejo, te darás cuenta de que no necesitas ganar la carrera, que solo deseas disfrutar con tus amigas, hacer ejercicio, superar tus límites y sentirte bien contigo misma. “No quieras demostrar nada, controla tu autoexigencia y conecta con el disfrute. Y si te cansas a mitad de carrera, te da un calambre o decides parar, no pasa nada, ya es todo un triunfo que hayas saltado de la cama, te hayas enfundado las mallas y hayas llegado hasta ahí”, añade la especialista.

Reconocer el miedo cuando surja te ayudará a aceptarlo y a trabajar en lo que sí puedes controlar: el esfuerzo y la actitud.

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ESCABULLIRTE DEL GYM

Siempre empiezas la semana con muy buenas intenciones: reservas tus clases en el gimnasio o te apuntas a la sesión de yoga y te llevas la bolsa de deporte al trabajo para ir desde allí. Pero siempre encuentras alguna excusa para no ir.

¿Por qué? La parte de tu cerebro responsable del autocontrol, el cíngulo anterior de la corteza cerebral, se pone a trabajar desde el momento en el que te despiertas. A lo largo del día, tu cerebro animal se va cansando y quedando sin fuelle, lo que disminuye tu capacidad para resistir la tentación. Algo que parecía una buena idea a las 8 de la mañana es lo último que te apetece a las 7 de la tarde.

La estrategia mental. “Una estrategia muy útil es firmar un contrato contigo misma, en el que te comprometas a ir al gimnasio concretando días, clases y tiempo (aunque sean 30 minutos), y organizar tu agenda en base a este compromiso”, sugiere Espejo. Y déjalo a la vista para que no se te olvide. ¿Un truco infalible? Entrenar a primera hora del día, antes de que tu cerebro pueda convencerte de que estás demasiado cansada. El premio después del gym también funciona, pero que sea algo razonable, nada de un par de bollos de chocolate.

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LA NEVERA REPLETA Y PIDES PIZZA

Te has vuelto loca comparando todo tipo de verduras, superalimentos y productos ecológicos, pero llegas a casa y la idea de ponerte a cocinar te supera, así que acabas pidiendo comida por teléfono.

¿Por qué? Este es un ejemplo clásico de un hábito mal cimentado. Has pensado en el objetivo pero no en el plan para llegar a él. Esto hará que no tengas ninguna posibilidad de éxito cuando empieces a plantearte tus habilidades culinarias y el tiempo que te llevará cocinar sano.

La estrategia mental. “Hacer una consultoría interna te ayudará a detectar a tus saboteadores y a evitarlos. Lo primero es tener ultraclaro para qué quieres comer sano: haz una lista con, al menos, 25 motivos personales y pégala en la nevera. Así, cuando vayas a abrirla con la intención de atiborrarte de chocolate, reconectarás rápidamente con tu compromiso y te lo pensarás dos veces antes de hacerte trampas. Para ayudar aún más a tu cerebro animal, reserva un par de horas los domingos y cocina para toda la semana.

Y no te pongas metas demasiado altas: en lugar de hacerte vegetariana, plantéate simplemente tomar más verduras cada día y así irás creando el hábito de comer mejor sin que te cueste”, aconseja Espejo.

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¿LOS OTROS TE INTIMIDAN?

Quieres probar esa nueva clase de Ballet Fit de la que todo el mundo habla, pero te frena no saber bailar, sentirte novata o compararte con los cuerpazos que crees que tendrán todas menos tú.

¿Por qué? Tu cerebro animal está diseñado para detectar amenazas. Se llama** sesgo de confirmación** y significa que solo te fijarás en las chicas con una silueta más perfecta, no en la que resopla sin parar, igual que tú, para poder seguir la clase, porque esa no es una amenaza para ti.

La estrategia mental. “Es normal que mires a esas chicas imponentes y te sientas mal, pero compararte no te ayuda, te deja triste y exhausta, ¡y no te lo mereces! Esas chicas no son mejores ni peores que tú, simplemente puede que hayan dedicado más tiempo a cuidarse. En lugar de sentirte inferior, motívate con sus cuerpos (sin volverte loca), con su capacidad de autosuperación, constancia y esfuerzo”, apunta Espejo. Según la experta, cuando dedicas tiempo a cuidarte, te demuestras amor por ti misma, así que no permitas que tu vergüenza te sabotee y disfruta del camino de crecimiento personal que harás día tras día mientras sudas. Y si no sabes cómo utilizar una máquina o cómo funciona algo, ¡pregunta!, todo el mundo tuvo un primer día.

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LOS HATERS

No todos aprueban tus nuevas costumbres. A tu pareja le molesta que te levantes a las seis para meditar y tus amigos dicen que estás obsesionada cuando pasas de los nachos con queso por una ensalada verde. Eso puede hacer tambalear tu fuerza de voluntad, si es que no acabas cediendo.

**¿Por qué? **Para tu cerebro animal es fundamental sentirse aprobado por los demás. Las investigaciones sociológicas realizadas confirman que nos esforzamos por ser aceptados, no queremos ser objeto de críticas, rechazo y juicio por ser diferentes. Tu habilidad para resistir dependerá de tu personalidad, de la situación y de tu estado de ánimo en ese momento.

La estrategia mental. “No todo el mundo estará alineado con tus objetivos y aunque en el fondo se alegren de que quieras mejorar, sin querer les sacas de su zona de confort. Cuanto menos amenazados se sientan por tus cambios, más fácil será que te apoyen”, dije Espejo. ¿Cómo hacerlo? Para empezar, no intentes convencerles de que lo mejor es lo que tú haces, adáptate en la medida de lo posible cuando estés con ellos y evítalos los días en los que escasee tu voluntad. “Mantente firme con tu decisión, estás haciendo algo que te beneficia, no necesitas la aprobación de nadie más que la tuya”, subraya la experta.

Cuando vean los resultados dejarán de criticarte y, seguramente, querrán empezar a cuidarse.

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