¿La felicidad realmente existe?

¿Es posible que la búsqueda de la felicidad nos convierta en personas infelices?
Dàlia R. Bonet -
¿La felicidad realmente existe?
¿La felicidad realmente existe?

Vivimos sumergidos en la paradoja de una sociedad hiperconectada y dispersa, pero vacía e inconsistente. Somos cómplices del discurso frívolo de la perfección, que construimos a base de filtros de Instagram. Pero detrás de todo esto, ¿qué se esconde? El empeño tenaz de perseguir la felicidad como estado de éxtasis absoluto y permanente. 

Mira tu WhatsApp o tu muro de Facebook. Nos bombardean con mensajes positivos, frases extraídas de manuales de autoayuda que quieren evitar a toda costa la pena y la melancolía. Pero lo cierto es que, al aceptar este monopolio del bienestar, estamos dejando de lado una de nuestras funciones evolutivas más valiosas: la tristeza. Porque es gracias a estos momentos, “en los que uno sufre, está triste o frustrado, cuando es capaz de dialogar internamente. Si estamos bien, no nos cuestionamos nuestra realidad; mientras que los malos momentos nos ayudan a aprender”, señala Antonio Bolinches, reputado psicólogo y autor de numerosos libros que profundizan sobre la pareja y la existencia humana. 

Bajones

Dedica unos instantes a pensar en un episodio amargo de tu vida. En mi caso, fue cuando recibí la noticia de que un buen amigo había muerto repentinamente de una enfermedad cerebrovascular. A ese instante de choque le siguieron varios días de trámites, abrazos, encuentros con familiares y amigos... Fue muy doloroso. Pero ahora, cuando miro atrás y pienso en lo vivido, creo que a pesar del desconsuelo que sufrí por la pérdida de un ser querido, he aprendido a evocar su recuerdo con actitud edificante. Su memoria me acompaña y sé que gracias a él también soy quien soy a día de hoy. Decía Confucio que “nuestra mayor gloria no es no caer jamás, sino levantarnos cada vez que lo hacemos”. De hecho, la infelicidad es una parte fundamental de la experiencia humana. ¿Cómo sabríamos lo que es el éxtasis de la plenitud si jamás hubiéramos experimentado el peso de la tristeza? Nuestras emociones, además, son funcionales: las necesitamos a todas ellas para sobrevivir. La ira nos prepara para luchar y el temor nos protege del peligro. En ese sentido, según varios estudios de la Universidad de California (EE.UU.), cuando estamos tristes pensamos de una forma más sistemática y orientada al detalle. Investigaciones similares han comprobado también que la tristeza puede mejorar la memoria, potenciar la empatía y hacernos más creativos que quienes se sienten felices la mayor parte del tiempo.  

“No hay recetas para la felicidad, a pesar de que se presupone que es un fin perfectamente alcanzable y existen claves y técnicas que nos acercan a ese estadio”, apunta Josep María Esquirol, profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona y autor del libro La resistencia íntima (Acantilado). Es más, afirma, “la vida es tozuda y se empeña en ponernos dificultades de todo tipo: tenemos que elegir y renunciar, luchar por llegar a fin de mes y superar situaciones inesperadas. Si pones atención en lo que vives y no haces tanto caso de las etiquetas y los eslóganes, te estás haciendo cargo de tu condición humana, y eso es lo que te aporta sabiduría y experiencia”. 

La dolencia

Se estima que la depresión es una enfermedad que afecta a unos 350 millones de personas en todo el mundo. Es un trastorno en el que predomina un profundo sentimiento de tristeza, ansiedad, pesimismo, sentimiento de culpa y baja autoestima. Según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), en España la depresión de por vida afecta a más mujeres (14,4%) que a hombres (6,2%). Y tal y como recoge un estudio realizado por la Universidad de Harvard (EE.UU.) y la Organización Mundial de la Salud, la depresión será en el año 2020 el segundo mayor problema de salud en el mundo, solo superado por las enfermedades cardiovasculares. 

La realidad es que, al poner tanto énfasis en las emociones positivas, la sociedad nos está robando la capacidad de superación que podríamos desarrollar si no negáramos la pesadumbre. Y en términos prácticos, ¿en qué se traduce? No es muy difícil atar cabos. Este rechazo frontal a cualquier padecimiento podría estar relacionado con el incremento de consumo de antidepresivos en España, que se ha triplicado en 10 años, según datos de la AEMPS. 

“Este aumento tiene muchas causas vinculadas a la sociedad moderna, al mayor número de diagnósticos e, incluso, al marketing de la industria farmacéutica”, argumenta Miguel Gutiérrez Frailes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.

Y ¿cómo se lidia con la tristeza sin pastillas? Lo primero, apunta Lluís Mauri, psiquiatra de la Fundació Sanitària Sant Pere Claver, es diferenciar entre estar triste y sufrir una depresión: “Tener un bajón porque se nos acaban las vacaciones no significa que estemos enfermos”. A partir de ahí, añade, “es importante estar en contacto con nuestros sentimientos, tolerarlos, poder llorar, practicar ejercicio, alimentarse de forma saludable, dormir bien, cuidarnos...”.

La realidad

Pero la felicidad no es un hito inalcanzable. No estoy diciendo que renunciemos a ella, sino que redefinamos el concepto más allá del tópico simplista. 

Dice Bolinches que para ser felices se tienen que dar, necesariamente, tres variables: estar bien con uno mismo, expresar nuestras cualidades y tener a alguien que nos valore por nuestra capacidad de aportar.

“Si se entiende la felicidad como un trayecto –no como un estadio de perfección y plenitud–, este viaje es susceptible de tener sus fases de dificultades o preocupaciones, pero del mismo modo puede ser positivo para la persona”, sostiene Esquirol.

En la misma línea, Mauri apunta que “en la vida real suceden cosas buenas y cosas malas que se dan al mismo tiempo casi siempre y es mucho más adaptativo aprender a vivir con todas ellas”. La búsqueda persistente del bienestar es precisamente lo que genera un profundo sentimiento de insatisfacción.

En definitiva, la felicidad es una experiencia maravillosa. Pero no debemos avergonzarnos si no la sentimos a diario. Quizás deberíamos probar algo diferente, adoptar otro enfoque y enfrentarnos a los sentimientos que nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas intentando evitar. Podemos reeducarnos para disfrutar de la incertidumbre, abrazar la inseguridad y familiarizarnos con el fracaso. A lo mejor, para ser verdaderamente felices tenemos que estar dispuestos a experimentar emociones más negativas; o al menos dejar de huir de ellas con tanto empeño. Así pues, la próxima vez que alguien te diga que sonrías y te animes, siéntete libre de no hacerle caso.

Te recomendamos

Las jugadoras se proclamaron campeonas de la Copa Libertadores....

Perfúmate de la manera más eco...

La compañía de neumáticos premium Hankook tiene sus miras puestas en el presente… y e...

Tenis, HIIT, yoga, running… distintos deportes, distintos cuerpos, la misma exigencia...

El espíritu de la maratón más internacional...