¿Cuántas veces al día pides perdón?

¡Reflexiona y cambia de actitud!
ANNIE DALY -
¿Cuántas veces al día pides perdón?
¿Cuántas veces al día pides perdón?

Entre el lunes y el miércoles pasado pedí perdón nada más y nada menos que 12 veces, y eso no es lo peor, lo peor es que esa fue una buena semana ¡Conseguí trabajo! No me puedo quejar de la vida que tengo, pero me he parado a reflexionar cuántas veces pido perdón, y os doy un anticipo ¡Algo no va bien!

LUNES:

9.10h: ¡Mi primer día de trabajo! Estoy en la oficina y un compañero me está explicando cómo funciona el correo de empresa, lo malo es que una hora después ya se me ha olvidado y tengo que volver a preguntárselo “Perdona… pero ¿cómo se hacía aquello del mail?”

10.30h: ¿Dónde estará escondida la impresora? Vuelvo a preguntar a mi compañero de mesa entonando un perdón implícito “Te juro que es la última vez que te vuelvo a preguntar…”.

18h: Me voy a ver a mi chico, y una vez en su piso pongo a cargar mi móvil, pero me equivoco de enchufe y desconecto Internet ¡Desastre! "Perdón..."

22h: Me voy a la cama, estoy exhausta y me espera una semana dura, me disculpo conmigo misma por ser tan “debilucha” ¡Mañana será otro día!

MARTES:

10h: ¡Otro día lluvioso más! Me paro, a toda prisa en el bar de la esquina a por un capuchino para llevar, pero no tengo dinero suelto. Pido perdón repetidamente al camarero por tener que pagar 3 euros con tarjeta de crédito.

12h: En el trabajo, mi jefe me pide que le aclare unas cuestiones de mis artículos, y cómo no, le pido disculpas por no haber sido más clara de antemano.

17h: Me llama mi madre, preocupada porque hace muchos días que no tiene noticias mías, tiene toda la razón, y entonces vuelvo con la misma canción “Perdona mamá, no te haces a la idea de lo liada que he estado”.

20h: Cena improvisada en casa de mi chico, demasiado improvisada. Se me acumula el trabajo y no puedo ir. Me fastidia tenerme que quedar en casa encerrada, y encima vuelvo a pedir disculpas por no poder ir.

MIÉRCOLES:

10.30h: Viene el informático a mi escritorio a contarme cómo va el sistema de cookies de la web, y es como si me estuviera hablando en chino. Como no entiendo nada, pido perdón una y otra vez y le imploro que me lo vuelva a contar con más detenimiento.

19h: Me subo al metro, abarrotado como de costumbre, e intento arrastrarme como puedo hasta un remoto hueco en una esquina, con la mala suerte de que el pie de una chica se cuela en mi camino y le doy un pisotón de campeonato, con tacones de aguja. ¡Perdón, perdón, perdón!

21h: Sigo hasta arriba de trabajo, por lo que tengo que enviar un mensaje a mis amigas para decirles que tendremos que cancelar la cena de chicas, porque me va a ser imposible terminar tal montaña de faena ¡Mil perdones!

¿Estás impresionada con tantos “perdones” o eres de las mías? Definitivamente, estas son demasiadas lamentaciones. Lo peor de esta situación es que nos podemos llegar a convertir en personas excesivamente complacientes, y esto puede debilitarnos.

Los expertos han concluido que la tendencia a pedir perdón de forma continuada puede tener efectos adversos, ya que se tiende a hacerlo cuando no hay motivo, sólo para poner fin a situaciones de tensión indeseadas. Disculparte de manera patológica por cosas que no dependen de ti, puede afectar a tu autoestima, e incluso molestar a las personas que te rodean, que te pueden acabar viendo como una persona victimista.

Entonces, ¿cuándo debemos pedir perdón? Hay que reservar las disculpas para las ocasiones especiales, y hacerlo únicamente cuando hayamos cometido un error y creamos que tenemos que asumir nuestras responsabilidades.

Recordemos el mantra “No debo disculparme si no hay un motivo justificado”. Y si crees que tú también te estás excediendo, haz la prueba y anota las veces que lo dices, si pasas las 10 veces en un día ponte en alerta y aplica todos estos consejos. ¡Notarás el cambio!

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