9 personas a las que no tienes que hablar si no quieres

Sí, en ocasiones el silencio es lo mejor
Women's Health -
9 personas a las que no tienes que hablar si no quieres
9 personas a las que no tienes que hablar si no quieres

Si eres de las que a la mínima que hay un silencio incómodo te ves obligada a decir algo, ¡stop! Hay situaciones y personas con las que no tienes porque hablar si no quieres (más allá del saludo). Y hemos hecho una lista con esas personas a las que no tienes que contar tu vida.


1. La peluquera. Seamos realistas, nadie va al salón de belleza para enterarse de todos los chismes del barrio. Intercambiar algunas bromas y algún que otro consejo sobre un nuevo champú tiene que ser suficiente. Además de eso, los peluqueros deben centrarse en cortar el pelo con estilo. Estás pagando por ese servicio; al menos puedes disfrutarlo en paz si quieres.


2. El taxista.  No queremos un monólogo  a lo Shakespeare ni que nos hagan 789 preguntas, ¡lo único que queremos es ir del punto A al punto B! Y si encima te subes al coche con resaca, ¡tierra trágame! Pues ante esta situación, es tan sencillo como que te centres en el móvil, dar respuestas secas, o sacar la cabeza por la ventana para que te dé un poco el aire.


3. El repartidor. Si el repartidor suele pasarse por el trabajo o por tu casa a menudo, no hace falta ponerse al día cada vez que le abras la puerta. Basta con un saludo, firmar, sellar y dar las gracias. Punto.


4. El dentista. No hay nada más molesto que te estén haciendo un tercer grado mientras te aspiran el exceso de saliva. Siéntete libre de cerrar los ojos y pretender pensar en una isla tropical mientras exploran tus encías.


5. El pasajero que se sienta a tu lado en un avión. Acabas de sentarte en el avión después de infinitas colas de controles de seguridad, facturación y ¡sin apenas dormir! y va y te toca una cotorra a tu lado. Puedes decirle tranquilamente que estás un poco nerviosa por el vuelo, ponerte los auriculares y cerrar los ojos mientras empiezas a ‘roncar’. Ante situaciones dramáticas, medidas dramáticas.


6. El fontanero. ¿Pensabas que vendría a arreglar la tubería y se iría? Pues quizás te toca uno de esos que te analiza la limpieza de los azulejos o, incluso, la marca de tu papel higiénico. En esos casos, te vas al comedor, subes el volumen de la televisión. Cuando acabe, tan sólo le tienes que agradecer el trabajo y preguntar cuánto le debes. Ni más ni menos.


7. Encontrarte con un ex compañero del cole. Si os cruzáis por la calle después de años sin veros y no te apetece explicarle tu vida ni escuchar la suya, no tienes por qué hacerlo. Un saludo con sonrisa incluida será suficiente. ¿Y adivina qué? No tienes que dejar de caminar. Hacia adelante, soldado. ¡Tienes muchas compras de Navidad pendientes!


8. La esteticista. Lo mismo que con el peluquero. Estás pagando por un tratamiento, y no te tienes que hablar si no quieres. Probablemente tampoco les importe.


9. La amiga del gym excesivamente amable. Siempre está ahí, de día o de noche. ¿Cuándo duermen? Pues cuando la veas aparecer, ponte los auriculares y céntrate en tus ejercicios. Y así, tal vez, capta la indirecta

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