Identifica tus puntos calientes…y los de él

Amalia Panea -
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La piel, un enorme órgano sexual

Tu mano en su entrepierna y la suya desabrochando tu sujetador mientras hace malabares para quitarse el pantalón... Tendemos a acelerar los preliminares e ir al grano. Y con razón. Estas zonas reúnen montones de terminaciones nerviosas que provocan excitación sexual. Pero los estudios más recientes han demostrado que para conseguir el mayor gemido de placer lo mejor es escoger entre penetrar o acariciar. Te lo explicamos.

Dependiendo del tipo de contacto –roces, presión firme o vibración–, las mujeres tienen mayor o menor sensibilidad en las zonas erógenas, según un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine. Es decir, si tu chico estimula a conciencia uno de estos hotspots, acabarás retorciéndote de gusto. “La piel es un enorme órgano sexual que responde a los estímulos”, dice Raquel Traba, autora del libro Los placeres de Lola (Aguilar) y cofundadora de BS Atelier. Si tienes dudas, sigue leyendo. Te presentamos tus partes más orgásmicas... y las suyas.

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Boca: “Este es un órgano sexual de alto voltaje. Cuando los labios de los dos se unen, la energía sexual se activa inmediatamente”, apunta Isabel Pérez, copropietaria de la tienda erótica Los placeres de Lola. Un piquito bastará para poner en marcha las zonas cerebrales de la pasión (además de reforzar el vínculo afectivo, según una investigación publicada en Archives of Sexual Behaviour). Dile a tu chico que empiece con besos suaves y sutiles, utilizando, sobre todo, los labios antes de explorar tu boca con su lengua.

Orejas: Se consideran una zona erógena debido a su sensibilidad neuronal. “Una técnica estimulante es dar mordiscos en el lóbulo y alternarlos con susurros de amor o insinuaciones subidas de tono”, dice Pérez. Y si tienes piercings, mayor placer, ya que los agujeros interrumpen las vías de conducción nerviosa que van al cerebro, lo que genera más sensibilidad.

Cuello: “Es una zona con muchísimas terminaciones nerviosas y la piel muy fina, por lo que cualquier roce, caricia o beso resulta muy excitante”, dice Pérez. Y estos receptores de sensibilidad se vuelven totalmente locos con besos apasionados, caricias, lametones y hasta sintiendo el roce de su respiración. Ponle esta zona erógena en bandeja recogiéndote el pelo y aplicándote polvos brillantes comestibles y perfumados, como Aphrodisia, de Bijoux Indiscrets (24,95 €).

Pezones: Estimularlos puede encender la misma área del cerebro que se pone en marcha cuando te masturbas, produciendo una sensación erótica similar. A esta zona le va bien una presión entre media y ligera, que se puede conseguir chupando. Si te gusta y quieres más, pídele a tu chico que alterne hielo y cera templada (solo de velas de soja, que funden a menor temperatura). Tus receptores nerviosos se pondrán a mil por hora.

Areolas: La piel que rodea a los pezones no tiene tantas terminaciones nerviosas como estos, por lo que unos pellizcos sutiles pueden ser más efectivos que una suave caricia. Tu chico también puede estrujar, restregar, agarrar tus pechos o poner un dedo a cada lado de tu pezón e ir aumentando la presión.

Vagina: La piel supersensible del borde exterior reacciona ante una ligera caricia o una vibración suave. En cambio, la parte interna prefiere la presión, el movimiento y la sensación de intensidad. La estimulación del interior de la vagina libera prolactina, una hormona que provoca el efecto inmediato de satisfacción sexual. “Dile a tu chico que pruebe a introducir uno o varios dedos (no olvides el lubricante) y, simultáneamente, trace con el pulgar pequeños círculos sobre el clítoris”, sugiere Pérez.

Clítoris: “Compuesto por miles de terminaciones nerviosas, es el único órgano diseñado solo para dar placer”, señala Raquel Traba. Su sensibilidad es tal, que podría resultarte desagradable que tu chico se lance a él en picado sin calentamiento previo en los alrededores o si lo frota con demasiada insistencia. Pérez recomienda “trazar pequeños círculos alrededor y encima con el dedo índice, utilizar la lengua con una cadencia lenta para ir en aumento de forma pausada, acariciarlo suavemente con los dedos o girarlo con mucho cuidado. Dile a tu chico que esté atento a tu lenguaje corporal y la tensión de tu cuerpo para saber cuándo ir más rápido o cambiar de técnica”. Y si no has probado nunca un vibrador, ¡no sabes lo que pierdes!

Culo: ¿Has sido mala? “Uno de los juegos por excelencia cuando intervienen las nalgas es el de los azotes, que practicados de manera suave y consensuada pueden ser muy excitantes”, señala Traba. También son muchas las mujeres que disfrutan del sexo anal, según la sexóloga Amie Harwick, autora de The New Sex Bible for Women. ¿La explicación? Sus terminaciones nerviosas comparten una pared con tu punto G. Pero no te aventures a explorar “la puerta de atrás” sin lubricante, mucha excitación y un gran autocontrol por su parte. Mejor, empezad a jugar con los dedos.

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Boca: Además de los labios, “si la lengua también entra en juego, la excitación puede llegar a ser brutal”, recalca Traba. Y, como dice esta experta, “hay miles de formas de jugar con ella: desde morder suavemente los labios de tu amante, succionarlos o lamerlos, hasta besarse con las lenguas…”.

Orejas: Para muchos hombres son la zona clave. Pero, cuidado, como puntualiza Traba,
“pregunta a tu chico antes de lanzarte a sus orejas, porque aunque para un gran porcentaje son fuente de placer, para otros es un lugar prohibido que provoca, justamente, el efecto contrario”. La especialista recomienda probar con esta zona una técnica amatoria infalible: “Hablar sucio”.

Cuello: Es tan sensible como el tuyo. Un estudio publicado en la revista científica Ergonomics concluyó que a la nuca le encantan las vibraciones de baja frecuencia. Toma nota y besa la parte de atrás de su cuello con la boca ligeramente abierta. Y si responde bien a este estímulo, puedes, incluso, arañarle ligeramente por detrás, justo debajo de la línea del cabello.

Pezones: Como recuerda Traba, “igual que los femeninos, son altamente sensibles”. Puedes acariciarlos con la punta de los dedos o la palma, pellizcarlos suavemente o succionarlos y ver cómo reacciona él. Si le gusta, “remátale” con una estimulación erógena doble: lame sus pezones mientras coges su pene y le masturbas.

Escroto (testículos): Ni mordeduras ni pellizcos. Estas bolsitas albergan el
poder reproductivo de tu chico y son muy vulnerables a los impactos bruscos. ¿Qué les gusta? “Los chupetones suaves, apretones o toqueteos pueden ayudar a algunos hombres a alcanzar el clímax más fácilmente”, según Traba. Así que no dudes en incluirlos en tus preliminares.

Pene: Para los hombres es el top one en sensibilidad orgásmica, según un estudio publicado en la revista científica BJU International. ¿A que no te sorprende? Y como los tejidos eréctiles internos están debajo de la superficie de la piel, a muchos hombres les gusta que les agarren su miembro con firmeza. Así que no tengas compasión: cógelo con la mano en forma de puño y muévela arriba y abajo aumentando cada vez más la presión.

Glande: Tiene muchas más terminaciones nerviosas que el pene, así que préstale todo tipo de atenciones. De hecho, aunque no es tan sensible, la punta es lo más parecido que tiene tu chico a un clítoris. Una buena técnica para estimularlo es cubrir tus manos de lubricante, ponerlas en forma de “o” y deslizarlas por el glande. Si no tienes reparos con el sexo oral, vuélvele loco deslizando tu lengua por toda la zona y succionando suavemente.

Perineo: Situado entre el escroto y su “puerta de atrás”, contiene sus músculos eyaculatorios, así que masajearlos puede causar que la eyaculación sea mucho más intensa, según Charlie Glickman, autor de The Ultimate Guide to Prostate Pleasure. Pon en práctica este truco: “Utiliza tu dedo pulgar para masajear suavemente esta zona con movimientos circulares siguiendo el ritmo de lo que estás haciendo con la boca. Justo antes de que eyacule, presiona con fi rmeza para que disfrute de un orgasmo con mayúsculas”. Después, podrás pedirle lo que quieras…

Culo: En su libro, Raquel Traba denomina a la próstata “el punto P masculino” y lo localiza detrás de la pared anterior del ano. “Trabajar esta zona multiplica las sensaciones por mil”, subraya. Para conseguirlo, “introduce un dedo bien lubricado y acaricia las doce en punto”, dice. Si esto no es lo vuestro, puedes estimular la próstata acariciando el perineo o centrarte en las nalgas, otra parte de su cuerpo que “también puedes besar, morder y estrujar”.

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