Asistimos a un taller de BodySex

Cómo conseguir el orgasmo de tu vida
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En España

Seguro que has oído hablar en las películas, y hasta en la vida real –puede que incluso también hayas participado–, de los tuppersex, esos encuentros festivos y picantes en los que se reúnen mujeres para conocer las últimas novedades en el campo de los juguetes sexuales. Pero, a menos que hayas vivido en Estados Unidos, es más difícil que conozcas BodySex, un taller de mujeres para mujeres donde trabajar la relación con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Se trata de un revolucionaria iniciativa puesta en marcha hace ya más de tres décadas por Betty Dodson.

El objetivo de esta activista del sexo era que las mujeres pudieran experimentar lo que es el placer. “El placer como un derecho que toda mujer tiene y al que demasiadas veces renunciamos. Aquí se aborda el placer femenino, el poder, la confianza y la hermandad entre mujeres a través de la masturbación”, explica Almudena Ferrer, creadora de Bread&Sex, comunicadora y experta en formación sexual. Hace algún tiempo, Almudena entrevistó a Dodson –pionera de la revolución sexual y defensora a ultranza de la masturbación femenina– y de ese encuentro surgió la idea de traer a España BodySex.

“En Estados Unidos son decenas de miles las mujeres que han asistido a estos encuentros, pero no tenía ni idea de cuál sería la respuesta en nuestro país”, señala. Un año después, Almudena ha organizado ya cuatro talleres grupales y cinco individuales, y el balance es muy positivo. “Es una experiencia transformadora”, apunta. Es fácil que te preguntes qué tipo de mujeres acude a una experiencia como esta. “No hay un perfil único –nos cuenta esta emprendedora–. Algunas lo hacen porque no tienen orgasmos, otras porque le cuesta alcanzarlos… También vienen mujeres que están avergonzadas con su vulva o que consideran feos sus genitales. La cuestión es que estas clases ayuden a superar conflictos, a verte de una manera diferente”. Así, en el seguimiento que se hace tres meses después, la experta ha visto que se producen cambios físicos, en la libido, en la lubricación y también en la autoestima. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR CÓMO SE ENTRENA UN ORGASMO

“Hay una mayor seguridad en una misma y mejora la relación de pareja”. Y todo se debe a cómo nos relacionamos con cuerpo y con nuestra sexualidad para alcanzar el clímax, ese frenesí que apenas dura unos segundos, pero sobre el que se ha escrito, discutido y fantaseado más que sobre ninguna otra respuesta fisiológica de la mujer. Esa explosión que durante milenios perteneció al ámbito de lo más íntimo y privado, en las últimas décadas ha emergido de las alcobas para alzarse como una reivindicación de la mujer y todo un reto para el varón.

En España

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El origen

Hagamos un poco de memoria y vayámonos no muy lejos en el tiempo, a los años 50 del pasado siglo. Hasta ese momento, y durante milenios, apunta el sexólogo Francisco Cabello, “el placer femenino había sido ninguneado... hasta que llegó el polémico Informe Kinsey. A lo largo de miles de entrevistas, este estudio documentaba la insatisfacción generalizada en el terreno sexual de las mujeres norteamericanas. Su publicación supuso un revulsivo, pero tuvo también su parte negativa: el hombre pasó de ignorar a su compañera a hacerse responsable de su sexualidad”.

La consecuencia fue que el orgasmo se convirtió en el eje de muchas relaciones y comenzaron a aparecer los llamados ‘factores generadores de estrés’. Si hasta ese momento no había sido ‘necesario’ fingir los orgasmos, ya que el compañero sexual no los tenía en cuenta, el repentino interés masculino propició esas mentirijillas aparentemente inocentes.

Según una encuesta realizada por la web de citas Victoria Milan entre 5.700 mujeres, el 51% de las participantes reconoció fingir orgasmos. De ellas, el 73% lo hace con su pareja, y solo el 16% con sus amantes. La pregunta es: ¿Por qué? El 62% dice hacerlo “para dar placer y seguridad a su compañero”; el 10% “para terminar antes el acto sexual”; el 9% porque, al fingir, “experimenta un miniorgasmo”; y el 8% porque “quiere excitar a su pareja y mantener la acción durante más tiempo”.

Con el protagonismo del orgasmo surgió también el concepto de ‘no hay mujer frígida, sino hombre inexperto’, y los dormitorios se llenaron de presión. Ellos basaban su hombría en su capacidad para hacer que su pareja tuviera orgasmos y ellas reivindicaban un placer al que sabían que tenían derecho, pero que no siempre lograban con facilidad. Dicho esto, analicemos el siguiente dato: “Se considera que el 10% de las españolas no ha experimentado nunca un orgasmo”, señala Cabello. No se trata solo de la anorgasmia. Retos y presiones están presentes en demasiadas relaciones, y hay tres demandas que suelen generar frustración. Una de ellas –seguro que te suena– es el mito de que el orgasmo perfecto es el vaginal. No te toques, que no te toquen: el clímax debe llegar a través del coito. Y aquí tenemos que acudir a Freud, quien no solo fue el padre del psicoanálisis, sino de la división de los orgasmos en genitales y clitorianos, una clasificación que ha dado un sinfín de quebraderos de cabeza a las mujeres del siglo XX. Así lo escribió en su Introducción general al psicoanálisis: “Con el cambio a la femineidad, el clítoris debe ceder total o parcialmente su sensibilidad y, al mismo tiempo, su importancia a la vagina”. Ahí queda eso.

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El cambio

Una de las mujeres que más se obsesionó con este tema fue, curiosamente, una sobrina nieta de Napoleón. Marie Bonaparte fue, además de princesa de Grecia y Dinamarca, discípula de Freud y una forofa del psicoanálisis. En sus relaciones sexuales tenía, lo que ella consideraba, un grave problema: no lograba alcanzar orgasmos más que a través de la estimulación del clítoris. Así que inició una cruzada encaminada a conocer los recovecos del orgasmo vaginal. Para ello realizó un completo trabajo de campo: entrevistó a más de 200 mujeres –a las que también examinó sus partes íntimas–, les preguntó por sus orgasmos y correlacionó sus respuestas con la distancia existente entre su clítoris y la abertura de su uretra. Su idea era ver cómo la disposición en la vulva de las distintas estructuras anatómicas podía favorecer o impedir la consecución de uno u otro tipo de orgasmo, y llegó a publicar sus conclusiones –eso sí, bajo un seudónimo– en la revista científica Bruxelles Medical.

¿Cuáles eran esas conclusiones? Que, cuanto más alejado estuviera el clítoris, más dificultad habría para alcanzar el orgasmo mediante la penetración. La misma conclusión a la que, en 2011, llegaron investigadores de la Universidad de Emory (EE.UU.) y del Instituto Kinsey. Marie Bonaparte no estaba tan desencaminada, al fin y al cabo. Eso sí, su afán le llevó, incluso, a patrocinar las que posiblemente hayan sido las primeras cirugías íntimas femeninas de la historia, operaciones en las que se recolocaba el clítoris para situarlo más cerca de la uretra. Al parecer, estas cirugías no tuvieron el efecto deseado. Pero nos sirven para ilustrar cómo surgió, y con qué ímpetu, el debate acerca de los orgasmos clitorianos y los orgasmos vaginales.

“Freud consideraba que el único orgasmo propio de una mujer sexualmente madura era el vaginal; el clitoriano sería, según él, propio de féminas inmaduras y neuróticas”, explica el doctor Cabello. Y esto es algo que continúa trayendo de cabeza a muchas parejas. “De hecho, la mayoría de las mujeres que acuden a consulta preocupadas por sus orgasmos no lo hacen porque no los tengan, sino porque los consideran imperfectos. Ellas quieren saber por qué solo llegan al éxtasis mediante la estimulación del clítoris y no pueden alcanzarlo con la penetración”, señala el especialista. Se trata de un debate eterno, incluso entre los científicos. Y no contribuye a solucionarlo la proliferación de películas en las que las mujeres comienzan a jadear en cuanto el hombre le arranca la ropa interior y que, con apenas un par de embestidas, aúllan de placer.

En realidad, según datos de la Sociedad Española de Sexología, el 80% de las españolas llegan al orgasmo a través de lo que se conoce como ‘maniobra puente’; es decir, la estimulación del clítoris, ya sea sola o durante el coito. Pero hablábamos de otros factores generadores de estrés. Seguro que también te resultan familiares los términos punto G y multiorgasmo. Del primero diremos que continúa siendo un enigma: para poder estimularlo, primero hay que encontrarlo, y esto último es un desafío para un sinfín de amantes. Si eres de las afortunadas que han logrado juguetear con el suyo, enhorabuena. Si aún no lo has encontrado, no te agobies: las distintas encuestas y trabajos realizados a lo largo de las últimas décadas muestran que, aun cuando haya mujeres que afirman tener un punto G, los científi cos no han logrado la evidencia de su existencia. En cuanto al multiorgasmo, qué podemos decir. Se considera que hay mujeres que, tras el primero, no alcanzan la fase denominada “de resolución”, y les queda potencial para más. Es un fenómeno natural, ni obligatorio ni imprescindible. Más allá de retos, de ansiedades y frustraciones, no es sano vivir la sexualidad como un desafío ni como una competición. Permítete disfrutar de tu cuerpo sin culpas ni agobios, da al interruptor de desconexión y abandónate al placer. 

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El cambio

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