¿Trabajar con cáncer?

Las pruebas han dado positivo. Primer mazazo. Pero eso no significa el fin de tu vida laboral. Ahora toca, si quieres, informar del diagnóstico a tu jefe y compañeros. ¿Preparada? Te damos una serie de pautas para hacerlo bien.
Marta Sánchez y Dàlia Rajmil -
¿Trabajar con cáncer?
¿Trabajar con cáncer?

Bego, Ana, Bianca, Laura, Cris... Son nombres de mujeres de a pie que un día se convirtieron en heroínas. Son madres, esposas, trabajadoras que han luchado, y siguen batallando, por la vida para hacer frente a esta enfermedad devastadora, de la que cada año se diagnostican unos 100.000 nuevos casos en nuestro país. Tras la confirmación médica, la mayoría sufre, además de las consecuencias de esta grave dolencia, los efectos secundarios de la quimioterapia, la radioterapia o la cirugía. Unas deciden afrontar la enfermedad desde casa y otras prefieren seguir trabajando. ¿Qué es mejor? 

“Lo menos aconsejable es dejar de trabajar, porque refuerza la idea de que la persona no es capaz de hacer lo que hacía antes”, apunta Franscico Gil, coordinador de Psicooncología del Instituto Catalán de Oncología (ICO).  

Pero depende de cada caso. “Mentalmente, sienta muy bien seguir en tu puesto, pero no todas las actividades laborales son compatibles con esta enfermedad, que deviene en una gran lucha entre cuerpo y mente”, afirma Ariadna Torres, piscooncóloga. 

Tus derechos 

Tras asumir la mala noticia y haber hablado con tu familia, lo siguiente que suele pasar por la cabeza es qué hacer con el trabajo. Por ello, es prioritario conocer el marco legal. 

Explicarlo o no, esa es la cuestión. La respuesta es que si no quieres, no estás obligada a dar detalles a tu empresa de lo que te ocurre, porque te ampara la Ley Orgánica de Protección de Datos. Además, la Constitución protege el derecho a nuestra intimidad. En ese sentido, puedes presentar la baja médica firmada por un facultativo sin mencionar la enfermedad que padeces. No obstante, debes saber que el empleador puede solicitar un reconocimiento médico que confirme que tu incapacidad temporal está justificada. Pero, en todo caso, nunca se podrán revelar los detalles clínicos. 

Si decides explicarlo en la compañía, esto podría servirte de escudo en un futuro, ante posibles litigios o cambios en las condiciones laborales. “En estos casos, al enfermo le favorecería que la empresa fuera conocedora de su dolencia, del tratamiento que ha seguido y de las visitas médicas que ha necesitado y que precisa para lograr una adecuada conciliación del trabajo con la enfermedad”, sostiene Sergio Toro, del bufete Toro Pujol Abogados.

 ¿Me pueden despedir? Lamentablemente, esta enfermedad no dispone de una protección especial frente al despido . “Pero si el empresario actúa como represalia contra el trabajador y prescinde de sus servicios, se estaría produciendo una discriminación por razón de enfermedad. Y, por tanto, el despido sería nulo de pleno derecho por vulneración de derechos fundamentales”, puntualiza Toro. 

Así que, si te echan estando de baja, tienes 20 días hábiles para iniciar el procedimiento de impugnación. Durante el juicio, la empresa “tendrá la ardua tarea de convencer al juez de que el despido practicado está justificado y nada tiene que ver con la enfermedad”,  sostiene Izai Bujanda, letrado del bufete Civic Abogados Laboralistas.  Además, y según el Estatuto de los Trabajadores, “no computarán las ausencias que obedezcan a un tratamiento médico de cáncer” para justificar un cese.

 ¿Y si no puedo trabajar como antes? Como explica el abogado Toro, “ la Ley de Prevención de Riesgos Laborales contempla la readaptación del puesto de trabajo actual o la reubicación en otro puesto de la empresa cuando esta enfermedad incapacita para desarrollar la actividad que se estaba llevando a cabo”. También es posible solicitar una excedencia, pero la reincorporación será decisión de la compañía. Eso sí, con preferencia de reingreso en caso de vacante. En cuanto a la baja médica, “tras 18 meses se puede solicitar el reconocimiento de incapacidad permanente”, explica Bujanda. El Instituto Nacional de la Seguridad Social valorará si el trabajador tiene derecho a la incapacidad. 

Afronta los síntomas 

Dependiendo de la persona, del tipo de tratamiento y del estadio de la enfermedad, los efectos serán distintos. No obstante, Yolanda Valverde, enfermera de la Unidad Funcional de Mama del ICO, detalla los signos de la enfermedad más habituales y cómo podemos lidiar con ellos en el trabajo.

Síntoma: Cansancio

Toma nota: La quimioterapia y la radiación pueden dejarte absolutamente agotada, sin fuerzas. Y el efecto suele ser acumulativo, es decir, cuantas más sesiones hagas, más cansada estarás. Así que, “intenta ajustar la jornada a los momentos del día en los que te sientes mejor físicamente y sé realista en cuanto a los objetivos que te marques”, señala la experta. 

Síntoma: Déficit congnitivo 

Toma nota:la pérdida de memoria es un efecto a largo plazo de los tratamientos oncológicos. Para paliarla, Valverde recomienda “tomar suplemento de vitamina D, ácido omega 3 y hacer sudokus o crucigramas”. 

Síntoma: La alopecia 

Toma nota: “Es uno de los efectos que se vive con mayor angustia, porque es el indicador más visible de que la persona sufre la enfermedad”. Pero existen talleres de imagen y centros estéticos para pacientes oncológicos, que te darán soluciones de posticería, clases de automaquillaje, etc. El de Ángela Navarro (angelanavarro.net) fue uno de los pioneros. 

Síntoma: Linfedema 

Toma nota: “En la cirugía de mama en la que se extraen los ganglios linfáticos de la axila, puede hincharse el brazo por la retención de líquido linfático. Lo mejor es no coger mucho peso con ese brazo, hidratarse bien, hacer ejercicios con la ayuda de un fisioterapeuta, no ponerse joyas que ajusten y evitar que esta extremidad entre en contacto con fuentes de calor”.

En el otro lado

¿Y qué ocurre si no eres tú la afectada, pero tienes a alguien de tu entorno laboral que sufre la enfermedad? Lo primero que debes hacer es ponerte en su lugar: “Hay que transmitirle que estás a su lado, pero sin insistir.  Refuerza lo positivo de su personalidad o, incluso, habla de otros temas para normalizar lo posible la situación”, aconseja la piscoloncóloga Torres.

En el peor de los escenarios, cuando se comunica un pronóstico fatal, “lo importante es respetar la decisión del paciente y apoyarla en los trámites que precise durante los meses de enfermedad que le restan. El cansancio y la apatía serán normales en ella. Lo que debes hacer es intentar que se sienta comprendida”, observa el psiconcólogo Gil.  El cáncer hace estragos, el apoyo  entre familiares, compañeros y amigos es fundamental.

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