¿Qué le ocurre a tu cuerpo cuando vuelas?

La piel, el estómago, la cabeza… el avión te pasa factura
Patricia Cantalejo -
¿Qué le ocurre a tu cuerpo cuando vuelas?
¿Qué le ocurre a tu cuerpo cuando vuelas?

Quizás ya has oído hablar del “mal de la clase turista”, pero hay muchos más efectos que el avión puede provocar en tu cuerpo (aunque viajes en preferente). Cefaleas, diarreas incluso un mes después de viajar e incluso arrugas prematuras… Abróchate el cinturón porque te vamos a contar qué facturas puede llegar a pagar tu salud cada vez que embarcas.

1.- El mal de la clase turista También se la denomina “trombosis del viajero”, que se puede producir por el poco espacio que hay para mover las piernas en los aviones, lo cual puede enlentecer nuestra circulación venosa e incluso formar un coágulo. Este coágulo puede provocar una embolia de pulmón: taquicardia, dificultad respiratoria, dolores de pecho…

Si no eres un grupo de riesgo, tranquila: es bastante raro que ocurra (a menos de un 1% de los viajeros les pasa). Eso sí, para evitarlo, levántate al menos una vez cada dos horas para estirar las piernas.

2.- La cefalea del avión ¿Te entra dolor de cabeza cada vez que el avión aterriza? No eres la única. Este tipo de cefalea que se instala en el lado derecho de la cabeza y cerca del ojo, fue bautizado como la “cefalea del avión” en el año 2004.

Se produce por el cambio de presión en los senos perinasales. Si estas constipado o tienes alguna infección sinusual, puedes tener más papeletas. Tranquila, en menos de 30 minutos suele desaparecer.

3.- Piel deshidratada “ Los cambios de presión atmosférica, unos niveles de humedad ambiental del 8% -cuando descender del 20% ya supone una dura prueba para la epidermis, los materiales que revisten las cabinas y que tienen hasta 5000 elementos volátiles (hidrógeno, carbono, flúor, cloro, bromo…), la cantidad de rayos solares que atraviesan las ventanillas y afectan a la piel como los infrarrojos o los rayos X de acción glicante del ADN… todo esto convierte el avión en un escenario hostil para tu cutis”, nos asegura Paola Gugliotta, co-creadora y directora de Sepai.

Además de los efectos nocivos del aire acondicionado o la calefacción y la falta de ventilación, el cambio de presión altera el film hidro-lipídico que protege la piel. A 35.000 pies de altura la llega menos sangre a la piel y se percibe una pérdida de tono.

Mientras que volamos, las consecuencias son mayores. Una hora después de despegar, para contrarrestar la presión exterior, el interior del avión se presuriza con aire acondicionado de baja humedad, y esto hace descender los niveles de oxígeno dérmicos. La deshidratación de la piel ya se ha reducido en un 5%. A las tres horas, la alta concentración de anhídrido carbónico del entorno (5 veces superior a la del aire natural) asfixia la epidermis y apaga el tono de la piel. La hidratación de la piel disminuye un 20% más.

La alta concentración de anhídrido carbónico del entorno (5 veces superior a la del aire natural) asfixia la epidermis

¿Qué podemos hacer? “El gesto tan extendido de pulverizar un mist o agua termal sobre la piel a bordo del avión puede ser contraproducente para la piel si se hace con mucha frecuencia, y si no se absorbe en al menos 20 segundos una vez aplicada. Están formulados con ingredientes humectantes y el producto se queda sobre la piel y puede agravar la deshidratación”, nos asegura. Por eso, nos recomienda aplicarla no más de 1 vez por cada 5 horas de viaje, y secando el excedente de producto 15-20 segundos después de su aplicación.

4.- La factura pendiente Después de aterrizar, no acaba el problema. Según un estudio de la Fundación Nacional de Ciencia de Suiza, durante los viajes en avión se disminuye la cantidad de aire que respiramos, lo que puede inflamar el tracto intestinal en ciertas personas. Pero las consecuencias no se verán en el acto. Es después de aproximadamente un mes cuando estas personas son más propensas a sufrir una enfermedad inflamatoria intestinal.

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