Motivos de peso para perderle el miedo a la grasa (buena)

¿Y si no es lo que te engorda?
Alicia Román -
Motivos de peso para perderle el miedo a la grasa (buena)
Motivos de peso para perderle el miedo a la grasa (buena)

Durante los últimos 60 años, las grasas, y muy especialmente las saturadas, han obsesionado a las autoridades sanitarias. El dogma de “a menos cantidad de este nutriente, más salud y menos cintura”, ha calado tan hondo que casi es imposible beberse un vaso de leche entera sin sentir que nuestras arterias se taponan y nuestros esfuerzos en el gimnasio se pierden como lágrimas en la lluvia. Pero ahora un número creciente de expertos ha comenzado a reconocer que convertir la dieta baja en grasa en la pieza angular del asesoramiento nutricional para mantener un peso saludable y proteger el corazón quizá no haya sido la más brillante de sus ideas.

“En el pasado, la evidencia de que las grasas saturadas subían el colesterol y se asociaban a mayor riesgo cardiovascular condujo a la recomendación de reducir todas ellas –explica el doctor Emilio Ros, director de la Clínica de Lípidos, Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínic de Barcelona–. Pero si se reduce la grasa de la dieta, esta se sustituye por carbohidratos, entre ellos azúcares, que promueven el aumento de peso y la diabetes, y esto ha contribuido, en parte, a la actual epidemia de obesidad y diabetes”.

La nueva corriente consiste en perderles el miedo y usarlas en nuestro beneficio. ¿Pero cómo? ¿Ahora las grasas son beneficiosas? Sí, pero no todas ni en cualquier cantidad. Sigue leyendo y descubrirás por qué.

¿Engorda o no?

Vayamos primero a lo que más nos duele, que no es un futurible paro cardiaco, sino unas lorzas imposibles de eliminar. Las grasas son nutrientes muy energéticos, es decir, que en poca cantidad aportan un elevado contenido calórico. De hecho, cualquier modalidad, desde el aceite de oliva al tocino contiene 9 kcal por gramo, más del doble de las que hay tanto en hidratos de carbono como en proteínas, que aportan 4 kcal por gramo. “Pero hacer una ingesta baja en grasa no tiene por qué ser la clave para mantener un peso correcto, ya que se ha visto que dietas bajas en azúcares o hidratos de carbono son más efectivas para adelgazar”, señala la dietista y nutricionista Júlia Farré.

En su opinión, el mejor régimen debe aportar una cantidad apropiada de todos los grupos de alimentos en las proporciones adecuadas para cada persona. “Estas cantidades varían en función de la edad, el sexo y la actividad física que se realice”, concluye Farré. Por su parte, Mar Bacardit Vendrell, nutricionista del equipo de Clínica ServiDigest, da otra razón para no excluirlas: “Las grasas tienen un gran poder de saciedad y aportan sabor a los alimentos, factores que son claves a la hora de diseñar una dieta para perder peso”.

El consejo, por lo tanto, es disfrutarlas sin remordimientos... pero con cabeza. Porque no todas son iguales, y algunas siguen siendo, y siempre serán, el ingrediente malo de nuestros platos. ¿Por ejemplo? Las trans, de las que siempre hay que huir y que están en la comida procesada, como bollería, precocinados, fritos... ¿Y qué pasa con el resto de ellas? Pues que se dividen, principalmente, en dos tipos y que unas son más saludables que otras. Veamos:

Grasas saturadas: son sólidas a temperatura ambiente, como la mantequilla, el aceite de coco, el de palma, la nata, la grasa visible de la carne... Son las que debes consumir en menor cantidad.

Grasas insaturadas: las hay monoinsaturadas o poliinsaturadas. Se consideran cardiosaludables, ya que se han demostrado sus beneficios sobre el sistema circulatorio y también en la prevención de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Están en el aceite de oliva y de semillas, en los frutos secos y en el pescado azul.

En definitiva, no se trata de huir de ellas como del demonio, pero tampoco es cuestión de lanzarse de cabeza a una apoteosis grasienta. La clave está en un consumo moderado y consciente.

 

Los números que debes conocer:

7% como máximo, de las calorías totales de la dieta deben proceder de grasas saturadas.

1% es el mínimo al que debemos reducir nuestro consumo diario de grasas trans.

4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra es lo que recomienda el patrón saludable de la dieta mediterránea

45 g. diarios de nueces ayudan a reducir riesgo cardiovascular y de padecer obesidad y diabetes.

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