La edad del hielo

Si quieres perder peso, activar tus neuronas y lograr una piel tersa y radiante, es hora de refrescarse.
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La edad del hielo
La edad del hielo

A -15 ºC EL CUERPO EMPIEZA A QUEMAR GRASA

Tengo que reconocer, antes que nada, que mi experimento con el agua fría comenzó una mañana de resaca. Tras la fiesta de inauguración de mi nueva casa, y con la cabeza como un bombo, se me ocurrió acercarme a la piscina de agua marina que hay en la ciudad y zambullirme sin pensármelo dos veces, no sé si para aliviar un poco el dolor de cabeza y los ardores de estómago o por pura osadía. El caso es que, nada más zambullirme, me quedé sin aliento. No podía respirar, las olas me daban en la cara y peleé con el agua en un desesperado esfuerzo por entrar en calor. Y, entonces, me quedé sin respiración, en un sentido metafórico, claro. Lo que quiero decir es que me sentí eufórica, no solo más despierta. De hecho, hacía semanas que no me sentía tan bien. Y algo que había comenzado de una manera tan tonta, en seguida se convirtió en mi última adicción saludable, hasta el punto de llegar a sentirme desolada si las mareas conspiraban y me hacían perder mi kilómetro diario de natación.

Mucha gente entiende lo que estoy explicando, porque nadar en agua fría ha pasado rápidamente de ser un deporte de abueletes a una especie de moda hipster. Mi piscina marina ha sucumbido al influjo de modernos boho-chic con bañadores retro molones y gorro de baño de la Segunda Guerra Mundial. El número de socios ha subido de 300 miembros en 2006 a 23.000 este año, y creciendo. Signo de los tiempos, esta nueva compulsión por pasar frío no se reduce únicamente a los chapuzones costeros.

Hasta hace muy poco, esta costumbre estaba demonizada en el universo fit: lo que mandaba, lo más hot –y nunca mejor dicho– en temas de salud, era lo caliente: masaje con piedras con calor, Bikram Yoga, saunas con infrarrojos, etc. Pero el frío, nos dijeron siempre, era mejor evitarlo... por nuestro propio bien.

De hecho, nos preocupa pensar que nos pondremos enfermos si nos quedamos tiritando en la parada de autobús y protestamos si nuestras oficinas no están bien caldeadas. Pero esta aversión al frío está cambiando: biohackers y devotos del bulletproof han empezado a fanfarronear en las redes sobre sus duchas mañaneras de agua fría y sus elitistas tratamientos de belleza, que prometen congelarte tanto los años como la incombustible molla del sujetador. ¿Una prueba tangible? Mira la cola para la cámara de Crioterapia en la Harvey Nichols de Londres: un chute de tres minutos de aire a -80 ºC por 47 euros la sesión.

Pero, en realidad, ¿qué sabemos del frío? Empecemos por la pérdida de peso. Nuestros cuerpos están constantemente regulando su temperatura en torno a los 37 ºC, y cuando el clima baja mucho, tiritamos para recuperar esa temperatura, un proceso en el que quemamos calorías. Un estudio brasileño de 2014 descubrió que los ratones expuestos a temperaturas bajas (4 ºC entre una y ocho horas tres veces por semana) casi doblaban su tasa metabólica. Otra investigación japonesa anterior concluía que los pacientes que pasaban dos horas al día a 17 ºC perdían casi medio kilo en seis semanas; esto equivaldría a 7 kilos al año sin necesidad de dietas ni de machacarte más en el gimnasio.

Pero hay un campo de estudio más reciente y fascinante. Un grupo de investigadores ha descubierto que, cuando nos exponemos a temperaturas por debajo de 15 ºC, las células grasas blancas se vuelven beis. Este “amarronamiento” de la grasa es un reflejo de la creación de más mitocondrias, componentes que permiten a las células fulminar calorías y desprender calor. “A diferencia de los adipocitos blancos, que solo son acúmulos de grasa, los marrones nos mantienen calientes porque queman grasa”, explica el doctor Philipp Scherer, autor del estudio y director del Touchstone Center for Diabetes Research en la Universidad de Texas (EE.UU.). TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: HAY SEIS TIPOS DE GRASA CORPORAL

“Gran parte de la actual euforia en el campo de la obesidad se deriva del reciente descubrimiento que muestra que, incluso cuando somos adultos, tenemos la capacidad para generar células de grasa parda en respuesta a la exposición al frío”, explica. Y no solo eso; este tipo de grasa también se ha asociado a mayor densidad ósea. Además, estudios en animales sugieren que puede ayudar a reducir la hipertensión. 

Llegados a este punto, vamos a hablarte de la crioterapia. Sigue leyendo: 

A -15 ºC EL CUERPO EMPIEZA A QUEMAR GRASA

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CRIOTERAPIA

Pese a estos hallazgos, está claro que nadie quiere pasarse todo el día tiritando solo para bajar algún kilo en la báscula. De ahí el éxito de las cámaras de crioterapia, que han sido acogidas con júbilo por famosos –tanto para perder peso, como para mejorar la piel– y por atletas, que las usan para ganar masa muscular. Ahora bien, ¿realmente un chute a -80 ºC es mejor que mis 30 minutos diarios de baño –por cierto, gratis– en agua marina a 15 ºC? Sorprendentemente, no es tan importante cuánto seas capaz de resistir. Mientras las cámaras de crioterapia son capaces de llegar hasta la más baja temperatura jamás registrada en la Antártida -94,7 ºC, es la inmersión en agua fría (generalmente a unos 15 ºC) la que tiene un mayor efecto sobre el cuerpo, explica el profesor Mike Tipton, del Extreme Environments Laboratory de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido).

“El agua y el aire tienen propiedades físicas muy diferentes. El primero posee 24 veces la conductividad termal del aire, por eso el agua fría es el más potente activador del calor corporal”, apunta. Además de lo que ya hemos dicho, el agua fría también dispara el impulso de lucha-huida que libera las hormonas del estrés, como la adrenalina o el cortisol. “Esto da a los nadadores esa sensación de euforia”, dice el profesor Tipton. Sí, ya te oigo murmurar: “¿Acaso no es malo el estrés?” Resulta que una respuesta de estrés agudo puede, en realidad, protegerte del estrés crónico, que es el más peligroso. NO TE PIERDAS ESTOS 3 EJERCICIOS DE RESPIRACIÓN ANTIESTRÉS. 

El doctor Mark Harper, anestesista en Brighton and Sussex University Hospitals (Reino Unido), explica: “Inicialmente, la inmersión en agua fría estimula los neurotransmisores por la misma vía que la cocaína, liberando adrenalina e inundando el sistema de dopamina”. Pero los nadadores habituales de agua fría son conscientes de que esa respuesta disminuye, y esta capacidad para adaptarse al agua fría tiene implicaciones para la resiliencia fisiológica. Básicamente, mitiga la respuesta al estrés, y ello implica, por ejemplo, que no tendrás los mismos picos de adrenalina en respuesta a situaciones de gran presión. ¿Cómo conseguirlo? Si quieres adaptarte al agua fría, basta con que hagas series de cinco inmersiones de tres minutos durante unos 14 meses. Conclusión: para lograr beneficios duraderos merece la pena sufrir el castañeteo de dientes de la ducha fría.

Este, al menos, es el consejo de la bióloga molecular Nikolai Shevchuk, quien propone como tratamiento contra la depresión darse una ducha fría de tres minutos seguida de otra caliente de cinco minutos, una o dos veces al día durante varias semanas. “Cuando se activa tu sistema nervioso parasimpático (el de la respuesta lucha-huida otra vez), se liberan betaendorfinas, conocidas por subir el estado de ánimo”, explica Shevchuk. Es el subidón de los runners y la razón por la que los investigadores creen que el ejercicio puede ayudar a aliviar los síntomas de la depresión. “Además, debido a la elevada densidad de receptores del frío en la piel, una enorme cantidad de impulsos eléctricos viaja desde las terminaciones nerviosas periféricas al cerebro, lo cual también puede producir un efecto antidepresivo”, añade Shevchuk. QUIZÁS TE INTERESE CONOCER CUÁLES SON LAS HORMONAS RELACIONADAS CON TUS CAMBIOS DE HUMOR. 

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TERAPIA ANTIDEPRESIVA

Si quieres una buena demostración, puedes buscar el documental de la BBC El doctor que renunció a las drogas y ver cómo una paciente de 25 años reemplaza los antidepresivos por una terapia de natación en agua fría con resultados de lo más sorprendentes. Y el suyo no es el único testimonio que escucharás de adictos al agua fría. Pregunta a cualquier fan de la natación al aire libre cómo el agua congelada ha cambiado su vida y escucharás todo tipo de explicaciones. Me pondré como ejemplo: yo también he notado que mi estado de ánimo mejora y se estabiliza. Como todo el mundo, lucho contra la ansiedad y los días de bajón, y nadar en el mar es la herramienta psicológica que he estado buscando toda mi vida. A pesar de que técnicamente mi nueva rutina (30 minutos de paseo descalza en la playa más media hora nadando=350 calorías) quema la mitad de calorías que mi antigua rutina de HIIT, he perdido 3 kilos en un mes.

Cambiar el gimnasio por el mar tiene, incluso, más beneficios inesperados: una piel tersa y libre de celulitis, un cutis lustroso, menos resfriados... Sí, soy una de esas mujeres irritantes que juran que desde que se abrazan a la naturaleza ya no caen enfermas. ¿Suena poco convincente? Bueno, escucha esto: un equipo de científicos checos metió a un grupo de personas en agua a 14 ºC durante una hora tres veces a la semana. Los resultados mostraron que el estímulo del agua fría activaba el sistema inmunológico y lo reforzaba si se añadía un poco de ejercicio de entrenamiento. La hipotermia, afirma el doctor Harper, es algo completamente distinto: debilita el sistema inmunológico.

“Pero es imposible que un adulto caiga en hipotermia por estar sumergido media hora en el Mediterráneo”, explica. Es más, la exposición repentina al frío aumenta los niveles de antioxidantes en la sangre y hace que caigan en picado los de ácido úrico, según han descubierto bioquímicos de la Universidad Humboldt de Berlín (Alemania). Y esto es lo mismo que decir que disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Y por si esto fuera poco, ganancia inmediata de nadar en agua fría es esta: el resto del día me siento como una poderosa sirena.

Una amiga mía describe el resplandor postnatación como “sensación heroica”. Y no es la única. Alexandra Heminsley, en su libro Saltar, hace una confesión muy personal sobre cómo la natación en aguas abiertas cambió su vida. “Después de meses de someterme a medicación para estimular la fecundación in vitro y de sentirme como una extraña en mi propio cuerpo, esta experiencia me hizo volver a ser yo misma. Me recordó que soy –como somos todos– capaz de mucho más de lo que creo”. Ese sentimiento heroico que relata no es una ilusión. “Esto refleja que originalmente éramos seres tropicales –señala el profesor Tipton–. Nuestros cuerpos buscan estar en un ambiente aireado a 27 ºC. La inmersión en agua fría está muy alejada de nuestros orígenes evolutivos, por eso dispara una respuesta de lucha-huida tan potente. Y, psicológicamente, obtenemos un refuerzo muy positivo por haber afrontado y superado un reto”. Por supuesto, el primer desafío es aguantar esos primeros segundos que te roban el aliento y hacen que te explote la cabeza. Pero pasan, créeme, y lo que te espera merece la pena. Quién sabe, quizá el frío podría llegar a ser mi mejor amigo.

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