Veganismo activista... ¿sin límites?

Detrás de este movimiento pro vida animal se escudan activistas comprometidos y troles combativos.
Women's Health -
Veganismo activista... ¿sin límites?
Veganismo activista... ¿sin límites?

¿Problemas de conducta alimentaria?

Jéssica Fillol lleva tiempo moviéndose en colectivos feministas y tiene un historial de activismo tanto dentro como fuera de internet. Pero, por una vez, no fue su postura combativa en pro de los derechos de la mujer lo que incendió su web, sino su opinión sobre el veganismo, el movimiento que rechaza cualquier producto, servicio o alimento de origen animal. Jéssica observó que desde hacía un tiempo la comida vegana formaba parte de cualquier acto feminista que durara más de un día.

“En mi entorno cada vez más mujeres empezaban a interesarse por este tipo de alimentación. Tampoco es sorprendente, dado que mi grupo se caracteriza en general por ser personas con conciencia social e implicadas con el entorno”, resume. Hasta ahí, todo bien. Pero un día, en una conversación informal, una de sus compañeras le comentó que estaba preocupada porque su familia estaba planteándose su internamiento en una unidad de Trastornos de Conductas Alimentarias (TCA) y lo primero que le habían prohibido era seguir siendo vegana.

“Conocí al menos a dos personas más en la misma situación, que se quejaban de que las unidades médicas que tratan estos trastornos no parecían respetar su ética. Esto me dio que pensar. Empecé a fijarme en que todas las veganas que conozco padecen o han padecido algún trastorno de la conducta alimentaria en alguna ocasión. No podía dejar de darle vueltas al tema”, explica Fillol. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: LAS DIETAS VEGANAS, PROS Y CONTRAS

En el punto de mira

Dicho y hecho. Rebuscó en publicaciones científicas y tesis doctorales, entrevistó a todo tipo de doctores, psicólogos, trabajadores y pacientes de centros de recuperación de TCA... Y, con todo lo recopilado, publicó una entrada en su blog. “Me decidí a hacer el artículo cuando vi que había ataques del colectivo vegano hacia enfermos que sufren trastornos alimenticios y que en su tratamiento deciden no restringir su alimentación ni eliminar productos de origen animal”, asegura la activista.

“Bajo mi punto de vista, es lógico que una unidad médica que trata a pacientes con trastornos no autorice una dieta vegana. Estamos hablando de personas que tienen dificultades de control en su relación con la comida, restringiendo aquello que consumen, así que parece obvio que se centren en atacar el problema de fondo”, explica. Y esa es la postura que defendía en su escrito. La misma que provocó una explosión de comentarios amenazantes encabezados por troles veganos.

“Salvo honrosas excepciones, los mensajes negativos que me llegaron muestran que mucha gente que ama tanto a los animales como para no comérselos y lucha contra su explotación no tiene ningún tipo de reparo en desear que me muera de cáncer o que me violen”, exclama. Paradójico, ¿verdad?

¿Problemas de conducta alimentaria?

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Uno de los nuestros

Cuando la blogger californiana Jordan Younger anunció que dejaba este tipo de alimentación porque le habían diagnosticado un trastorno de la conducta alimentaria llamado ortorexia (obsesión por la comida saludable), también se puso en el punto de mira. “Esperemos que ahora que estás sana gracias a matar animales, enfermes de algo real y te mueras” o “disfruta de tus cinco minutos de fama hasta que consigas una enfermedad digestiva por consumir demasiada carne animal” son solo dos de los ofensivos comentarios que Younger se encontró en sus redes sociales.

Algo parecido sufrió la youtuber Priscilla Soler (Gastrawnomica) cuando decidió el pasado mes de octubre incluir huevos en su alimentación después de años y años comiendo solo plantas porque sufría un problema hormonal... Más de 2.000 comentarios le explicaron de todas las formas habidas y por haber que era una hipócrita; que en tan solo una granja productora en Estados Unidos se matan a más de 150.000 pollitos macho cada día (y que esto sucede por culpa de nuestro consumo de huevos) y que nunca fue vegana ni lo sería. Así, tal cual. Después de siete años alimentándose de verdura, fruta, legumbres y cereales y dedicar un canal de YouTube a la creación de recetas sin productos de origen animal, Priscilla no era vegana. ¿Cómo es esto posible?

Pues otro youtuber, llamado Vegano Cordobés, le dedicó un vídeo en el que le explicó (eso sí, de buenos modos) que “el verdadero veganismo no se sigue por salud, sino para evitar la tortura de los animales. Cuesta creer que una persona que se ha alimentado exclusivamente de plantas durante siete años no haya hecho esa reflexión”.

Y ese es el quid de la cuestión: comer de forma vegana no te hace vegano. Hay algunos que descalifican a otros porque toman vino no vegano o queso de soja que contiene caseína, lo que a los ojos de los ‘verdaderos’ veganos es casi un anatema. Porque si hay algo claro es que ser vegano no es seguir una dieta, sino un estilo de vida que puede ir más allá de lo que hay en tu cocina.

Corriente emergente

“Estos casos llaman mucho la atención y hacen mucho ruido, pero la inmensa mayoría de los veganos no somos así. El tema es interesante, no lo niego, pero resulta frustrante. Es una pena que un puñado de troles tengan más voz que miles de personas que llevamos décadas esforzándonos en defender pacíficamente una filosofía más justa para todos los seres que sienten”. Quien habla así es Estela Díaz Carmona, autora del estudio Perfil del vegano/a activista de liberación animal en España, experta en responsabilidad social corporativa y sostenibilidad y, actualmente, investigadora social, colaboradora asociada y profesora del departamento de marketing de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE). Sus trabajos sobre el movimiento de defensa animal y otras formas de consumo ético son casi el único referente científico que tenemos en estos temas en nuestro país. De ello da fe lo sola que se encuentra defendiendo su postura en los congresos.

¿Y cómo son los veganos activistas españoles? Pues, en su mayoría, de género femenino y, de momento, no muy numerosos; se calcula que representan a menos del 2% de la población. “El veganismo en España ha empezado a ser conocido en los últimos dos o tres años, queda mucho para que se considere como algo normal y no se mire con extrañeza, ya que implica un cambio severo en varios aspectos”, explican Marta Pereira y Alberto Bermejo, creadores del portal servegano.org. Pero esta soledad puede ser que cambie en breve, ya que el veganismo es una corriente emergente, como bien se han dado cuenta en la cadena de supermercados Mercadona, que va a ampliar su gama de productos aptos para este tipo de alimentación. ¿Se convertirá en mainstream?

“Ahora, con el boom del concepto vegan diet que llega desde Estados Unidos hay que especificar por qué razón te pasas al bando vegano. Y es que se ha convertido en un término paraguas que engloba a la gente que solo come vegano pero que puede llevar zapatos de piel, utilizar cera o entrar en un zoológico, y eso no abarca todo lo que es la escena política y filosófica del movimiento. Esto no es una dieta”, explica Díaz Carmona. Entonces, ¿qué es ser vegano? Pues para aquellos que adoptan este estilo de vida, es un cambio de paradigma, un salto sin vuelta atrás que supone adquirir un compromiso moral que lleva al rechazo de cualquier forma de explotación o aprovechamiento particular de los animales. Para que entiendas su postura, imagínate que alguien en la mesa de al lado estuviera comiéndose a un perro. Pues eso mismo que has podido sentir es lo que siente un vegano cada vez que te ve con una hamburguesa con queso en la mano. Y una vez que experimentas algo así al ver carne en un plato es difícil dar marcha atrás, aunque algunos lo hagan. “En general, cuando alguien decide abandonar el veganismo, las sensaciones que surgen suelen ser de decepción, tristeza y pena, entre otras. Aunque depende mucho de la persona y de los motivos por los que se pasó al veganismo”, explican los responsables de serveganos.org.

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Cuidar las formas

Melanie Joy es profesora de psicología social y la autora de Por qué amamos a los perros, comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas (Ed. Plaza y Valdés). Ni que decir tiene, es vegana. Y no está de acuerdo con la actitud de los troles veganos, tal y como dejó claro en un artículo en el que terminaba afirmando: “El menosprecio es perjudicial para nuestro movimiento. Debemos examinar no solo aquello que metemos en nuestro cuerpo o usamos para cubrirlo, sino también lo que introducimos en nuestros corazones y nuestras mentes, y fomentar la compasión en vez de la crueldad”.

Y es que ser vegano no está hecho para almas cándidas. La sociedad les exige que sean la quintaesencia de la virtud (si llevan una camisa de seda son unos hipócritas; si no la llevan, unos extremistas), auténticos modelos de salud y expertos en cómo solucionar todos y cada uno de los problemas medioambientales del planeta. Y eso es imposible y saca lo peor de algunas personas.

“Por supuesto que ese tipo de comentarios e insultos dañan nuestra imagen, aunque en general suelen venir de gente que, o bien lleva poco tiempo siendo vegana (es normal pasar un primer periodo un tanto radical), o bien no entiende el sentido de esto”, aseguran Marta y Alberto. Para Jéssica Fillol, de momento, la tormenta ha pasado. “La gran oleada se ha calmado, aunque tienen una obsesión insana conmigo y rebrota por cualquier motivo. Les parece una provocación intolerable que merece insultos que yo me coma un helado o que mi perra juegue a intentar abrir un tetrabrik de leche”, explica. Esperemos que, al final, solo los que tienen algo que aportar al debate sean los que hablen. Y mientras, por si acaso, sigue el consejo de uno de los investigadores que lleva más tiempo estudiando la relación entre humanos y animales, Hal Herzog, de la Universidad de Western Carolina (EE.UU.), que no es vegano: “He pensado mucho sobre el tema, he estudiado e investigado yo mismo y conozco los problemas éticos. Por eso mismo, no pienso entrar en un debate con mis amigos que no comen carne porque sé que voy a perder en esas discusiones”.

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