Guía para no renunciar a la mantequilla ni al aceite de coco

¡Buenas noticias! No los tendrás que eliminar por completo de tu dieta
Women's Health -
Guía para no renunciar a la mantequilla ni al aceite de coco
Guía para no renunciar a la mantequilla ni al aceite de coco

La mantequilla se ha considerado tradicionalmente como uno de los mayores enemigos de las dietas saludables. Esto se debe a que, hasta hace algunos años, expertos de todo el mundo nos alarmaron que las grasas saturadas (las que se encuentran en la carne, los productos no ligeros, horneados, fritos y procesados) elevan tus niveles de colesterol y colapsan tus arterias.

Pero muchas y nuevas investigaciones sugieren que la mantequilla, en realidad, también puede ser parte de tu dieta saludable. Un análisis publicado recientemente comparó nueve estudios con casos de personas de 15 países y concluyó que no existía un vínculo directo entre el consumo de mantequilla y mortalidad, o riesgo de padecer enfermedades como diabetes o cardiopatías. Ahora quizás te estarás imaginando guardando la quinoa y sacando el camembert de la nevera, o untando la barra entera de pan con mantequilla.

Sentimos desilusionarte, pero tampoco se tata de esto. La mayoría de nutricionistas estarán de acuerdo que es una cuestión de contexto. No se trata de la grasa saturada en si, sino del índice glucémico de los carbohidratos.

Un estudio de 2015 concluyó que cuando una persona comía grasa no saturada (la que se encuentra en el aceite de oliva, las nueces y las semillas) en vez de grasas saturadas, disminuía su riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Pero cuando una persona eliminaba totalmente las grasas de su dieta, recaía en el consumo de carbohidratos (lo que eliminaba todo beneficio de abandonar las grasas). Otro estudio publicado el mismo año halló que cuando las grasas saturadas se sustituyen por carbohidratos refinados, concretamente por azúcares añadidos, puede impactar negativamente en tus niveles de colesterol malo (LDL), colesterol bueno (HDL) y triglicéridos, lo que eleva potencialmente el riesgo de padecer ECV. Lo que es peor, los azúcares añadidos también aumentan el riesgo de resistencia a la insulina y diabetes.

Los expertos coinciden en que la ciencia está todavía investigando y es por lo que las autoridades nutricionales de Estados Unidos siguen recomendando limitar el consumo de grasa saturada en 7 gramos diarios (o un total de 140 calorías para una dieta de 2000 calorías diarias). Es decir, solo porque sea más seguro comer grasas saturadas no significa que debas triplicar el consumo. Pero sí puedes incluirlas en tu dieta eventualmente y no por ello hay que poner el grito en el cielo.

Sin embargo, los que sí deberían ir con cuidado son aquellas personas que tienen niveles de colesterol alto, riesgo de ECV o antecedentes familiares que sí hayan sufrido ECV.

Para el resto de los mortales, esto es lo que debes recordar:

- El origen. En vez de preocuparse por cada gramo de grasa saturada, mira la fotografía completa. Los últimos estudios sugieren que el problema no es tanto la grasa por si misma, sino de dónde sale. La mayoría de nosotros ingerimos grasas del queso, pizza y postres”. La pizza debería ser un regalo, o un premio eventual, no tu cena diaria. Así que intenta cocinar tus platos e intenta hacerte con grano integral y alimentos frescos en vez de envasados y procesados como sea posible. Deja la mantequilla y el bistec para ocasiones especiales.

- Optar por carne vacuna ecológica o alimentado con pasto. Habitualmente es más delgada que la carne convencional. Pero recuerda que “orgánico” no significa que no sea libre de grasas, solo significa que está libre de hormonas añadidas y pesticidas.

- Elige las grasas de origen vegetal. Esto se traduce en que si tienes que escoger entre cocinar con aceite de oliva o mantequilla, te quedes siempre con el aceite. También están los aguacates, las nueces y semillas, que contienen grasas no saturadas que todo el mundo coincide en calificar como beneficiosas para el cerebro, corazón y niveles de colesterol.

- Disfruta del aceite de coco… ¡con moderación! Si hablamos de aceites vegetales “buenos”, el aceite de coco quedaría al margen, porque contiene principalmente grasa saturada. Pero como es de origen vegetal, la opinión científica está divida. Lo que lo desmarca de otros alimentos con altos índices de grasas saturadas, es que no contiene colesterol. Así que si añades una cucharada diaria de aceite de coco a tus platos puede ayudar a mejorar las tiroides, a quemar grasas y funciona como antiinflamatorio, a pesar de que los estudios todavía no prueban estos beneficios de forma definitiva.

 

Al fin y al cabo, no hay más secreto que hacer elecciones inteligentes, y dejarse asesorar por un médico o nutricionista antes de hacer cambios en tu dieta. 

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