El carbón activado... ¿merece la pena?

Más allá de que nos añada un tono ideal para instagramear nuestra comida… ¿realmente merece la pena ese olor a chamusquina?
Women's Health -
El carbón activado... ¿merece la pena?
El carbón activado... ¿merece la pena?

Lo primero es lo primero: eso que raspas de tu tostada quemada no tiene nada que ver con el carbón activado. Este último está hecho a base de ingredientes como la cáscara de nuez o de coco, que se activan bien por medio de calor –con argón o nitrógeno hasta 600-900 ºC–, bien por exposición a un ácido fuerte más calor hasta 450-900 ºC, hasta que quedan reducidos a polvo. ¿La razón de este disparate? Pues que ambos procesos de activación crean miles de diminutos agujeros, lo que incrementa su superficie y lo convierte en superadsorbente. Y es esta cualidad de magnetismo la que tanto interesa a los fans de la comida saludable: al parecer, este carbón ayuda a limpiar la piel desde el interior, mejora la salud intestinal y levanta el estado de ánimo.

La razón es que posee una carga iónica negativa, mientras que la mayoría de toxinas, gases y contaminantes poseen una carga positiva. Y ambas se atraen. “El carbón activado es un producto de origen vegetal y tiene la propiedad de adsorber –la adsorción es la atracción eléctrica de las toxinas a las superficies de las partículas de carbón– gases, químicos, metales pesados, desechos y toxinas, por eso es muy importante para la desintoxicación. Además, el carbón ctivado no se absorbe en el cuerpo y se expulsa con las heces junto a las toxinas que ha recogido”, explica Carla Sánchez Zurdo, nutricionista y entrenadora personal.

Pero esta idea de limpieza, de purificación, no es la única que ha llevado a los cocineros y reposteros a seguir esta moda. Si te preguntas qué poderoso motivo ha provocado que el carbón deje de ser brasa para convertirse en ingrediente, echa un vistazo a Instagram: helados, pizzas, cremas… todo carbonizado. En España, por ejemplo, desde el restaurante Bendita Helena y la heladería DelaCrem crearon el ‘Smoke Ice Cream’, a base de sésamo negro, salsa de arándanos y carbón. “El resultado es un postre con el que ayudamos a que el sistema digestivo trabaje mejor”, señalan.

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Pero, ¿se trata de una locura más o tenemos razones para pensar que esta “nueva cocina” ha llegado para quedarse?

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En realidad, hay más que sobrada evidencia científica para avalar la buena reputación del carbón. Desde los años 80, cuando una investigación de la University of California Davis Medical Center (EE.UU.) respaldó su capacidad para ‘extraer veneno’ del cuerpo, los hospitales lo han utilizado en algunos procedimientos médicos, como, por ejemplo, para tratar las sobredosis. También se ha visto que ayuda a mantener la salud del corazón.

Expertos de la Universidad de Helsinki (Finlandia) realizaron un estudio el que los participantes tomaron 8 g de carbón activado tres veces al día durante cuatro semanas. ¿El resultado? Sus niveles de colesterol malo descendieron hasta un 41% (al parecer, debido a que se unieron al carbón y se excretaron).

Más allá de los estudios científicos, su fama comenzó a dispararse gracias a Gwyneth Paltrow, quien a través de su celebérrimo blog Goop recomendó el zumo de carbón, una bebida a base de jugo de lima y limón al que se añade carbón activado. De aquí a los cócteles y a los batidos solo hubo un paso. Y lo dieron, bajo la promesa de la purificación.

Vale, ¿tiene alguna pega? Pues sí, precisamente que es demasiado bueno en su trabajo. Carla Sánchez explica que el carbón activado no solo atrapa sustancias nocivas, sino también otros nutrientes que sí necesitamos, por lo que no es recomendable en tratamientos continuos.

En esta misma línea está Juan Revenga, nutricionista y autor de El nutricionista de la general: “Debido a su poder adsorbente, también es capaz de robar algunos nutrientes, como las vitaminas del grupo B (tiamina, niacina, piridoxina, biotina) y el ácido ascórbico (vitamina C), con lo que su uso implica un licuado limpiador menos nutritivo, menos vitaminíco que si no se usara el carbón”.

Puede robarte algunos nutrientes, como las vitaminas del grupo B.

Revenga es muy crítico con las virtudes de este ingrediente: “Se trata de una sustancia de uso sanitario para situaciones reales de intoxicación. No sirve como desintoxicador, pues la cantidad que se añade a los zumos es anecdótica”. Y con respecto a su supuesta capacidad adelgazante tampoco hay buenas noticias: “El carbón activado no es un método de adelgazamiento –expone Carla Sánchez–. Sus poros permiten que adsorba toxinas, pero no es capaz de bloquear la absorcion de la comida”.

¡Algo bueno, por favor! “Si nuestra tripa hinchada se debe a una acumulación de gases, ayudará a que disminuya su volumen, ya que una de sus propiedades y uso habituales es captar a las bacterias que están provocando gases por la fermentación de la comida”, señala la experta. Y, entonces, ¿nos activamos o no? La opinión más generalizada es que el consumo ocasional de un helado puede que no le haga daño a tu cuerpo, pero no es algo que podamos definir como saludable. Todo lo que necesitas para eliminar toxinas son el hígado y los riñones.

¿Nuestro veredicto? Bien para darle vidilla a tus perfiles, pero no esperes milagros.

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