La dieta PNIE

La (no) dieta que cambiará tu vida.
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La dieta PNIE
La dieta PNIE

Tienes una cita con el psiconeuroinmunólogo.

¿Acumulas grasa? ¿Te duele la cabeza? ¿Sufres eccema? ¿Tu menstruación tiene vida propia? La solución a todos estos problemas puede pasar por vigilar lo que pones en tu plato. ¡Como lo lees! Escucha a tu cuerpo y nútrelo en función de lo que te pida. ¿Cómo? Tienes una cita con el psiconeuroinmunólogo.

Ponte cómoda, estás a punto de conocer a la persona que tiene el poder de hacer desaparecer todos esos dolores y molestias que te llevan de cabeza: ¡eres tú! Aunque no lo creas, llevas demasiado tiempo ignorándote como la mejor experta de tu organismo que eres. Haz las paces contigo misma, aprende a escucharte y a interpretar las señales que envías. Esta forma de entender la medicina es la base de la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE), que busca el origen del problema en vez de calmar los síntomas con medicamentos. Pero antes de que pases página pensando que se trata de una terapia alternativa más, sigue leyendo, estamos hablando de un modelo de medicina multidisciplinar que se basa en la investigación científica y que se complementa perfectamente con la convencional. ¿Preparada para transformar tu vida?

Tienes una cita con el psiconeuroinmunólogo.

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PSICONEU... ¿QUÉ?

"Como su propio nombre indica, se trata de una especialidad de la medicina integradora, que desde una perspectiva transversal estudia la ‘Psico’, la ‘Neuro’, la ‘Inmuno’ y la ‘Endocrinología’. Es decir, defiende que la mente, el sistema nervioso, el inmune y el endocrino están interrelacionados”, explica el experto Xevi Verdaguer, que acaba de presentar Transforma tu salud (Grijalbo, 17,90 €).

“Las investigaciones de PNIE exploran los beneficios que podemos sumar a los tratamientos médicos actuales”, puntualiza. Eso sí, borra el concepto que tenías hasta la fecha de visitar al médico. En el instituto de PNIE de Xevi Verdaguer nunca te prescribirán un tratamiento para aliviar los dolores; al contrario, indagarán hasta resolver los desequilibrios que los provocan. “Antiinflamatorios, anticonceptivos, antidepresivos, anti…, anti… Otras personas presumen de utilizar remedios naturales. ¿De verdad crees que has nacido con déficit de algún medicamento ‘anti’, ya sea químico o natural?”, exclama. Verdaguer advierte de que no tiene recetas milagrosas, pero asegura que transformando tu salud hormonal, conseguirás mejorar el funcionamiento de tu cerebro y de tu intestino y, por consiguiente, también de tu vida. Aquí es donde entra en juego la relación de los dos cerebros. COMPLETA LA INFO: TRIPA Y CABEZA, CONDENADOS A ENTENDERSE. 

“¿Dos cerebros, en serio?”, pensarás. Pues sí, todos tenemos un primer cerebro (el que está en la cabeza) y un segundo, el intestino, y ambos están en constante comunicación. “Toda esta interacción se da gracias a las bacterias intestinales, o microbiota, que facilitan la integración entre el sistema inmunitario, el metabolismo y las señales endocrinas, al tiempo que optimizan la absorción de los nutrientes que provienen de los alimentos”. Aviso a navegantes y a amantes de todo tipo de dietas: no esperes contar calorías, tampoco que te digan qué comer a cada hora; hay que partir de la base de que todos somos diferentes: “Es imposible encontrar un plan alimenticio perfecto para todo el mundo. Por ejemplo, hay sujetos que comiendo fibra pueden ir de vientre y adelgazar y en cambio otros, ingiriendo exactamente lo mismo, siguen sufriendo estreñimiento. Todo dependerá de las bacterias que tengan en su intestino. Por eso mismo, lo más recomendable es realizar estudios personalizados con análisis de heces para saber qué clase de ingredientes son más beneficiosos para ellos”. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: LOS SÍNTOMAS QUE NO PUEDES IGNORAR.

¡Efectivamente, de lo que te despides antes de tirar de la cisterna cada día es como un libro abierto para los expertos a la hora de chequear tu salud! Por eso mismo es muy probable que si entras en la consulta con problemas de alergias, en vez de una caja de antihistamínicos, te receten una prueba PCR (léase, “vamos a analizar su caca, señorita”) para comprobar los niveles de histamina y, a partir de ahí, marcarte una alimentación adecuada. Una vez dejes de pensar en lo escatológico del asunto, te darás cuenta de lo útil que es ver la evolución positiva de los indicadores que le estan chivando al psiconeuroinmunólogo lo bien que te has estado cuidando... o todo lo contrario.

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EQUILIBRA LA MICROBIOTA

No hace falta que te digamos que si cenas cada día comida rápida, el estado de tu microbiota será de lo más catastrófico y esto seguramente se traducirá, además de en un par de tallas más de pantalón, en malestar general. Sin embargo, si eres de las que cumplen a rajatabla todos los mandamientos que dictan los nutricionistas, ¿a qué se debe que te sientas tan hinchada después de comer los tan vanagloriados alimentos fermentados y ricos en fibra?, ¿por qué te dan tantos gases y te producen digestiones pesadas las legumbres? Verdaguer tiene la respuesta: seguramente tu microbiota está desequilibrada.

“Lo ideal es tener más bacteroidetes que firmicutes (propio de los hombres) y gran diversidad bacteriana (típico del sexo femenino). Aquellas personas que cuentan con más firmicutes tienen tendencia a engordar con facilidad, incluso consumiendo alimentos catalogados como saludables, sufren problemas hormonales y dolores premenstruales y experimentan retención de líquidos, entre otros muchos síntomas”, cuenta. A lo que rápidamente añade: “Además, suelen haber seguido dietas como la paleo  que, según algunos pacientes, hacen que no se sientan tan hinchados… ‘Claro’, les respondo yo, y es que volvemos a estar ante un método que alivia los síntomas, ¡pero no resuelve el problema de raíz! Si no comemos legumbres, evidentemente no tendremos tantos gases, pero los bacteroidetes seguirán estando bajos”.

El plan de acción es muy sencillo: hacer que la cantidad de bacteroidetes aumente y que disminuya la de firmicutes, de este modo tu microbiota estará en orden y al comer las deliciosas lentejas que hace tu madre no tendrás que ir directa a la cama. El primer punto se resuelve aumentando el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos omega 3 (como las nueces, las semillas de lino y de chía), en grasas monoinsaturadas (como las del aguacate) e ingiriendo legumbres de forma progresiva adaptándote a la sensibilidad intestinal hasta que llegue el día en el que no te sienten mal. Al hacer crecer el número de bacteroidetes debemos fomentar una tipología de estos llamada prevotella, que es una gran aliada para adelgazar y es infalible contra la resistencia a la insulina. “Esto se consigue a través de en un tipo de fibra que se llama arabinoxilano y que está presente en el centeno, la avena, el maíz, el sorgo y las semillas de lino”, señala el especialista. ¿Lo tienes?

¡Toca disminuir los firmicutes! “Lo más eficaz es eliminar el gluten, sobre todo, despídete del trigo, de la espelta y del kamut”. ¿Esto significa que hay que olvidarse del pan?, ¿tú que no entiendes el desayuno sin tus tostadas? “¡Error! Pásate al trigo sarraceno, que además es rico en quercetina”, apunta guiñando un ojo. La quercetina, que también la encontrarás en el ajo, la cebolla, el puerro y la manzana, tiene propiedades antiinflamatorias y le sienta a tu microbiota como agua de mayo. “La gente que sigue una dieta rica en grasas animales, azúcares y productos refi nados y procesados también tienen más firmicutes que bacteroidetes”, advierte el psiconeuroinmunólogo.

Si eres de las listillas, seguro ya estarás esbozando media sonrisa picarona pensando en el atajo que vas a coger yéndote a tu herbolario a por un suplemento de quercetina, ¿cierto? “Mala idea, lo importante es hacer un cambio de hábitos de vida, si no en cuanto se te termine la cajita de pastillas, volverás a estar en la misma situación”. Si te propones hacer bien tus deberes nutricionales, “en apenas unos días aumentarán los bacteroidetes, disminuirán los firmicutes, ergo, ¡te sentirás mucho mejor!”, asegura Verdaguer. Ahora que ya has puesto orden en las bacterias de tu intestino, toca pasar revista en materia de hormonas sexuales.

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CUESTIÓN DE ESTRÓGENOS

“Las hormonas sexuales nos condicionan a tener más bacterias de una clase u otra. De hecho, se ha descubierto que aquellas personas con más estrógenos en sangre liberan más histamina”, explica el autor de Transforma tu salud. El overbooking de esta sustancia inflamatoria se refleja en tu organismo en forma de patologías de todo tipo, desde dermatitis, picores, rojeces y eccemas en la piel, a presión arterial baja o taquicardias, pasando por problemas respiratorios, como rinitis, bronquitis y asma, alergias, dolores de cabeza y migraña, o contracturas. ¡Y suma y sigue! Así que tómatelo en serio.

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¿Quieres un truco para saber si eres de las que fabrican estrógenos a toda máquina? Extiende tu mano derecha, fíjate en la longitud de los dedos índice y anular, ¿cuál gana? Si el índice es más largo, significa que tienes tendencia genética a presentar más hormonas femeninas (estrógenos); si, por el contrario, el cuarto dedo supera al segundo, produces más actividad de las hormonas masculinas (testosterona). Ahora que ya sabes la cantidad de estrógenos y testosterona a la que estuviste expuesta durante las primeras semanas en el útero materno y que han marcado la diferencia de crecimiento de estos dedos y tu predominio hormonal, toca tomar medidas.

“Si tu patrón es andrógino, estás de enhorabuena, no tendrás muchos de los problemas mencionados anteriormente. Sin embargo, si tienes superioridad de estrógenos, puedes acabar llenando tu agenda de citas con el dermatólogo, el neurólogo y el fisioterapeuta, entre otros, o simplemente puedes proponerte reducir los estrógenos para solucionar el exceso de histamina”. Tal y como señala Verdaguer, para empezar, evita los alimentos que son fuente de histamina, como el tomate, el pimiento, la patata, el marisco, el vinagre, el alcohol, el embutido de cerdo y el pescado azul. Pero antes de borrarlos de tu cocina, date tiempo. ¡En cuanto ya no tengas histamina acumulada, podrás volver a comerlos!

“Para saber a ciencia cierta si tus niveles de histamina están por la nubes, haremos una analítica sanguínea. Si los niveles del dao (diaminooxidasa) están por encima de 80 hdu, ¡perfecto!, tu intestino está fabricando esta enzima y, por lo tanto, puedes eliminar la histamina con normalidad. Si, por el contrario, el dao está en 27, por ejemplo, necesitaremos arreglar el intestino fomentando su equilibrio y realizaremos una analítica de heces. ¡Por favor, no añadas más leña al fuego con alimentos histamínicos!”, aconseja. Y bromea: “Justo en ese momento es cuando el paciente me contesta aquello de ‘Xevi, si yo solo venía porque tengo eccema en el cuero cabelludo…’. Por suerte, su cara de perplejidad cambia en cuanto al mes de adaptar su alimentación vuelve a visitarme y comprueba el estado del dao repitiendo la analítica”.

Otra de las vías para hacer que tus niveles de histamina vuelvan a ser regulares es la metilación. “Esta enzima que está en el intestino, el riñón y, especialmente, en el cerebro y en el hígado, actúa como una especie de embudo que elimina los estrógenos y la histamina”, explica el especialista. Una vez más, los números hablan por sí solos: en tu analítica debes fi jarte en los niveles de homocisteína. Lo ideal es que estén entre 6 y 8 mmol/l. Si estás por encima, ¡cuidado! “Atiendo a pacientes que tienen correcto el dao y, sin embargo, debido a la baja actividad de la metilación, tienen problemas. Por ejemplo, en el caso de las mujeres, este filtro será especialmente importante durante los días del ciclo menstrual, con un nivel más elevado de estrógenos (últimos días de la fase folicular). Piénsalo, si siempre sufres dolor de cabeza o contracturas a mitad del periodo, ¡puede que se deba a una mala metilación!”, aconseja. Así que cambia el ibuprofeno por aquellos alimentos que le echarán una mano a tu hígado en este proceso ingiriendo ingredientes ricos en vitaminas del grupo B. ¿Lista para hacer de tus recetas el mejor tratamiento preventivo? ¡Ah! Y la próxima vez que te prescriban un medicamento ‘anti’, además de preocuparte por calmar los síntomas, plantéate qué ha podido causarte ese desequilibrio. Recuerda: la protagonista de tu salud eres tú.

COMPLETA LA INFO: CÓMO GANARLE EL PULSO A TU GENÉTICA CON LA DIETA

CUESTIÓN DE ESTRÓGENOS

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