¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

Definitivamente, aquí y ahora, la primera
Anna Bach-Faig -
¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?
¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

Cuando ya teníamos asumido que la dieta mediterránea era la más saludable, llega la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sitúa a la dieta nórdica casi al mismo nivel: con las mismas bondades ( reduce las tasas de cáncer, diabetes y enfermedades coronarias) y con la misma efectividad a la hora de reducir los índices de obesidad.

¿Significa esto que no habría diferencias si sustituimos una por otra? Hablamos con Anna Bach-Faig, profesora del Área de Nutrición e investigadora del grupo FoodLab. Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

“En absoluto”, asegura rotunda. “Podríamos decir que la dieta nórdica se inspira en la mediterránea, pero adaptándose a la zona del norte de Europa. Y aunque los principios que rigen una y otra son parecidos, no lo son los ingredientes. Las pautas generales de la dieta nórdica incluyen verduras como col, patata o tubérculos (también la mediterránea); menos carne y legumbres y más pescado y productos del mar como salmón, moluscos, mariscos o algas. Además, se incluyen más plantas silvestres como bayas, setas o plantas aromáticas y aceite de colza para las cocciones. También aconseja consumir con moderación huevos, queso o yogur. La dieta nórdica pone el acento en los productos estacionales, igual que la dieta mediterránea”.

Las dos dietas se basan en productos locales.

Y aquí encontramos ya el primer escollo para sustituir completamente la una por la otra: los alimentos. Tanto la dieta mediterránea como la nórdica están basadas en productos locales. Ambas se rigen por patrones muy vinculados al territorio y a la cultura de la zona geográfica. “Así que el primer motivo y más obvio por el que sigo apostando por la dieta mediterránea es la sostenibilidad”, nos explica. “Por ejemplo, algunas de nuestras investigaciones atribuyen a la dieta de mediterránea menor índice de emisiones de gases de efecto invernadero y menor, consumo de energía y de agua, sobre todo si lo comparamos con la dieta española actual, y más aún con el patrón de alimentación de Estados Unidos”, asegura.

Además, existe más biodiversidad en nuestra zona que en los países nórdicos y los productos son más baratos: comparemos el salmón con la sardina. Eso sin contar con el hecho de que los pescados grandes acumulan más metales que los pequeños. Además, la mayoría de las verduras que se compran en países nórdicos se importan de España o Sudáfrica y se venden por piezas plastificadas y no por kilos, como aquí: otro punto menos a la sostenibilidad.

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¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

La dieta nórdica es un invento reciente

Pero la cosa no queda ahí. La dieta nórdica no existía hasta unos años: se creó por investigadores y chefs daneses con el objetivo de hacer frente al creciente incremento de enfermedades cardiovasculares e índice de obesidad de la población de Dinamarca. “Y lo han hecho muy bien. En su creación han intervenido científicos, chefs reconocidos y políticos y hay que reconocer que han llevado a cabo un gran trabajo. Pero sus resultados no se pueden aún comparar en términos de salud con los que ya dispone la dieta mediterránea, avalada por numerosos estudios científicos, por evidencias demostradas y publicadas en las más reputadas revistas científicas”, nos explica.

La dieta nórdica no existía hasta unos años: se creó por investigadores y chefs daneses para frenar la obesidad

El primer estudio de seguimiento sobre la dieta nórdica demostró que tras 26 semanas de adherencia, se redujo en tres kilos el peso de los participantes en la investigación. También se advirtió una mejora de la presión arterial y el colesterol. ¿Pero qué ocurrió seis meses después? Que la población había recuperado el peso y que había perdido la adherencia. Uno de los motivos puede ser que este patrón alimenticio difiere bastante del que actualmente sigue la mayoría de los ciudadanos, que la consideran una dieta “elitista”. Y ya lo dijo el médico el primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición, el médico Francisco Grande Covián: "Es más fácil cambiar de religión que de dieta”.

Por el contrario, la dieta mediterránea tiene mayor penetración en la sociedad, aunque es cierto que hay que seguir trabajando para potenciar estrategias y aumentar su adherencia. ¿El principal enemigo? La dieta occidental, que ha ido ganando terreno en las últimas décadas, sobre todo en la población más joven, que prioriza los alimentos precocinados o altamente calóricos por encima de los productos frescos, naturales y que requieren de preparación.

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Más que una dieta, un estilo de vida.

¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

¿Dieta mediterránea o dieta nórdica?

“Sigo creyendo en la dieta mediterránea en la zona Mediterránea. Porque es más que eso. No consiste en una simple enumeración de alimentos cuya combinación es beneficiosa para salud, sino que puede llegar a ser un estilo de vida (en griego daiata significa estilo de vida). Una forma de vivir que combina ingredientes de la agricultura local (lo que acredita la sostenibilidad) recetas, socialización o, por ejemplo, deporte (el clima mediterráneo favorece el ejercicio al aire libre, aunque hay que luchar contra esa pereza que muchos atribuyen)”, asegura Anna Bach-Faig.

"Es más fácil cambiar de religión que de dieta”, Francisco Grande Covián

Porque la dieta ha de ajustarse a la vida de sus habitantes. ¿Cómo serían tres días en España siguiendo este tipo de alimentación? No nos costaría mucho esfuerzo adaptarnos a los ingredientes porque tenemos todos los alimentos a mano. Pero, ¿seríamos capaces de adaptarnos a los horarios nórdicos, a la costumbre de desayunar abundantemente, de comer de forma frugal y de hacer una cena completa a las seis de la tarde para no acostarse con el estómago lleno? Eso sí, si lo fuéramos, tendríamos delante el mejor patrón de alimentación y con unos horarios que permiten la mejor conciliación entre la salud y las comidas.

“Si, a día de hoy, se sabe que la dieta mediterránea favorece una mayor longevidad, previene las enfermedades cardiovasculares, rebaja la incidencia de cáncer, las enfermedades neurodegenerativas y la diabetes, ¿quién puede ponerla en cuestión? Y eso no es todo: seguramente, en el futuro la ciencia le atribuirá más beneficios, sobre todo para la mujer, que en su ciclo vital y diferentes estados fisiológicos (embarazo, menopausia,...) puede darle un valor añadido de cara el control hormonal. Por el contrario, la dieta occidental altera la secreción de hormonas e induce un estado de inflamación de bajo grado. Esto conlleva un aumento de la proliferación celular y se puede vincular a la larga a enfermedades crónicas. Pero es que, además, mantener un peso saludable, aspecto en el que incide favorablemente la dieta mediterránea, tiene a su vez un efecto en la reducción del riesgo de muchas enfermedades”, concluye la doctora. ¿Se puede pedidr más?

Autor: Anna Bach-Faig, profesora del Área de Nutrición e investigadora del grupo FoodLab. Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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