Cómo hidratarte comiendo (no solo bebiendo)

No todo se reduce al agua
Marta Sánchez -
Cómo hidratarte comiendo (no solo bebiendo)
Cómo hidratarte comiendo (no solo bebiendo)

Ya sabemos que el agua es fuente de vida. Literal. Supone entre el 55% y el 60% del peso total corporal y cumple funciones tan muy importantes como la de posibilitar el transporte de nutrientes a las células y contribuir a regular la temperatura corporal mediante la evaporación por la piel. Y si hay una época del año en la que hay que ser especialmente cuidadosos con la hidratación, esa es en verano. “Es una época de alto riesgo de deshidratación ya que las elevadas temperaturas provocan más sudoración”, explica la dietista-nutricionista Judith Torrell.

“Al disminuir el agua corporal del organismo, todos los órganos esenciales del cuerpo (corazón, cerebro, músculos, piel, etc.) reciben menos oxígeno porque el volumen sanguíneo disminuye lo que provoca amplias consecuencias”, puntualiza la experta.

Las más leves son la sensación de sed, dolor de cabeza, debilidad, mareos, fatiga, somnolencia, sequedad de la boca, pulso cardíaco rápido o falta de elasticidad en la piel. ¿Las más graves? “Cálculos renales e infecciones urinarias, infecciones bacterianas y virales, estreñimiento, fisuras anales, hemorroides, alteraciones cardiovasculares, hipovolemia (disminución drástica del volumen sanguíneo), coma muerte en casos extremos”, nos explica Torrell.

Por eso, a todas nos preocupa beber los dos litros de agua recomendados (sin esperar a tener sed). Por suerte, en verano es bastante fácil recordarlo porque el cuerpo nos grita ¡”agua”! A todas horas. Pero no pienses que es la única forma de hidratar el cuerpo. ¡Hay vida más allá del agua! Y aquí tienes algunos alimentos que te lo demostrarán:

1. Fruta. Fresquita, jugosa, fácil de comer a cualquier hora, saciante… A la fruta le podemos añadir muchos calificativos y la gran mayoría, buenos. Y si lo que buscamos es un extra de hidratación para nuestro cuerpo, no puede faltar en nuestro día a día porque su composición pueden llegar a contener un 90% de agua. Toma nota: sandía, fresas, melón, pomelo, uva, melocotón, pera, manzana o naranja son las recomendaciones de la doctora, Christina Schepers, directora del departamento de dermatología de la Clínica Planas.

2. Verduras. Junto con la fruta, también pueden facilitarle a nuestro cuerpo la ardua tarea de estar siempre bien hidratado. Especialmente en verano. Su composición también puede alcanzar el 90% de agua. La doctora Schepers señala al pepino, la lechuga, el apio, el tomate, la calabaza, el brócoli, la cebolla, la patata o la zanahoria como posibles aliados en tu cocina. 

3. Leche. Nuestra madre ya nos lo decía de pequeñas: “bebe, al menos, un vaso de leche al día para tener unos huesos fuertes”. Y nunca se nos olvida. De lo que quizás no eres tan consciente es de que también puede ayudarte a mantener el cuerpo hidratado. Torrell la destaca por su proporción de agua, que alcanza el 87%.

4. Huevo. ¿A quién no le gusta acompañar una ensalada de los más verde con un huevo hervido? Está riquísimo y encima (entre otras propiedades), ¡nos aportará hidratación extra gracias a su 74% de proporción de agua!

5. Pescado. Para Torrell no podía faltar este pilar de la dieta mediterránea. No dejes de consumirlo durante estos días de verano porque gracias a su 70% de proporción de agua, te ayudará a cumplir el objetivo que estamos buscando.

 Ahora solo te falta saber la justa medida de los alimentos, ¿verdad? La doctora Schepers señala que “se recomienda incorporar a nuestra dieta diaria, por lo menos, 5 raciones de verdura y fruta”.

Pero, ¿cómo lo incorporamos a nuestro día a día? Torrell puntualiza: “Mi recomendación es tomar entre 2- 3 raciones de fruta al día (una ración son entre  140 y 150 gramos en peso neto) y 2 raciones de hortalizas y/o verduras. Además si alternamos la toma de frutas y verduras en forma cruda o cocida con otras elaboraciones como batidos de fruta triturada con leche o cremas de verduras (vichessoye, gazpacho, etc.), estamos añadiendo mayor cantidad de agua y con ello obtenemos un beneficio de hidratación extra”.

Pero no servirá de nada cuidar tu alimentación para asegurarte un cuerpo hidratado si después caes en las garras de los alimentos salados. “Provocan mayor sensación de sed ya que desequilibran la concentración osmolar del agua corporal”, señala Torrell.

Apunta estos nombres y evítalos en la cesta de la compra: quesos muy salados; derivados cárnicos (bacón, tocino, butifarra o longaniza); patés; sobrasada y embutidos; extractos y sopas de carne y pollo; pescados salados, ahumados o en conserva; productos elaborados con carnes o pescados como croquetas y empanadillas; verduras y hortalizas en adobo; galletas saladas; croissants salados; patatas chips; frutos secos, salsas comerciales (mayonesa, kétchup, salsa de soja o mostaza) y bebidas con alto contenido alcohólico.

Así que ya sabes, échale imaginación a tus platos con los ingredientes adecuados ¡y asegúrate un cuerpo sano e hidratado!

 

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