Cómo encontrarle el punto a la fuerza de voluntad

Te explicamos por qué tienes que poner los donuts, o cualquier otro alimento parecido, bajo llave
Amaya Lacarra -
Cómo encontrarle el punto a la fuerza de voluntad
Cómo encontrarle el punto a la fuerza de voluntad

Quizá sea solo cosa de valientes, de las que se atreven a retarle hasta al mismísimo chocolate, pero seguro que alguna vez has escrito tu propio manifiesto poniendo a prueba tu perseverancia: “No comeré (¡ni miraré!) ningún caramelo durante el resto mes o, mejor, del semestre”. Y con el cartel pegado en tu frigorífico (o en tu frente), dicho y hecho. Por tu boca no entran más dulces. Eso sí, hasta la semana siguiente.

Y llegamos al quid de la cuestión: ¿cuántas veces has renunciado a unos nachos, al pan o a un helado? Especialmente cuando se habla de perder peso, enaltecemos a quien es capaz de lidiar con la tentación, pues parece ser la única forma de alcanzar el objetivo, el único aliado para mejorar tu dieta... y tu cuerpo. Una actitud ganadora que pasa (siempre) por resistir. Ni que fuera tan fácil... 


Frenar impulsos

La fuerza de voluntad es como un músculo: puedes aumentar su intensidad, pero también tiene sus límites. “Existen métodos para potenciarla. Por ejemplo, para mantener las decisiones tomadas, es positivo registrar la comida que ingieres: las personas que lo hacen suelen perder el doble de peso que las que no”, asegura la psicóloga Tura Benítez, del equipo de la doctora Assumpta Caixàs, coordinadora del Grupo de Obesidad de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición).

Y es que, más nos vale tener entrenada esta habilidad en un entorno que no nos lo pone
nada fácil, con tentaciones constantes, como una invasión de comida con la que se nos hace la boca agua, locales de fast food abiertos las 24 horas o el acelerado ritmo de vida que nos pone a prueba nuestro paso por el gym. Así no es de extrañar que lleguemos a la cena con la mente agotada. “Categorizamos los alimentos muy influenciados por los medios de comunicación, lo que hace que la gente se sienta mal si come algo considerado poco saludable y se sienta culpable”, dice la experta.

Un suma y sigue de estrés para nuestro body, que puede responder liberando cortisol, una hormona que aumenta la querencia de antojos
(¡sí, justo eso que quieres evitar!).

Un poder diferente

Ahora bien: imagina renunciar a la fuerza de voluntad. No rindiéndote al encanto de un crêpe glaseado, sino cambiando el “no puedo comerlo” por “voy a disfrutarlo hoy un poco”. En el momento en el que dejas de luchar tanto contigo misma, quizás asumas que los arándanos son igualmente buenos y necesarios.

“Esa fuerza de voluntad tiene una estrecha relación con la motivación que, curiosamente, está interconectada con el azúcar: un nivel de glucosa adecuado ayuda a que el cerebro funcione bien y, además, alimenta la motivación”, dice la psicóloga.

Todo puede ser bueno en su justa medida, pero hay que normalizarlo. Y es que, ¿sabías que las rutinas están regidas por una parte del cerebro diferente a la del autocontrol? Por eso, cuando comes fruta tras la comida sin rechistar significa que estás habituada a ello.

En el momento en el que te crea conflicto, activas una parte del cerebro que pone difícil asumir como hábito algo que debería ser normal. Ni tomar un caramelo te convertirá en obesa, ni restringir la ingesta de calorías hará que alcances las medidas ideales. Solo si dejas de lado la obsesión, serás capaz de tomar buenas decisiones. ¿El resultado? Una mente más sana, quizás algún kilo menos y, (sin duda), una vida más feliz. 

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