En la cima del volcán

Rumbo a Sicilia con el objetivo de alcanzar los más de tres mil metros del segundo volcán más activo de Europa, el Etna.
Laura Madrueño. Fotografías: @alvaropuertophotography -
En la cima del volcán
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Emprendí rumbo a Sicilia con el objetivo de alcanzar los más de tres mil metros del segundo volcán más activo de Europa, el Etna, y me topé con una isla muy especial.

En mi post anterior veréis el recorrido que hice por los singulares pueblos de la costa este y todas mis recomendaciones para viajar a una de las islas más auténticas del Mediterráneo, donde además tendréis la oportunidad de visitar un volcán activo.

En la cima del volcán

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De hecho, nada más aterrizar en la costa oriental de la isla apareció monumental ante nosotros, con sus 3.323 metros de altura y una cima humeante que rápidamente nos recuerda la efímera suerte que corren los que habitan en sus faldas.

Y es que este era el lugar donde se situaban las fraguas de Hefesto, Dios del fuego en la mitología griega, ya que sus erupciones han sido constantes a lo largo de los últimos siglos: la más importante y devastadora fue en 1669 cuando la lava arrasó 16 poblaciones y gran parte de Catania durante 122 días. Merece y mucho la pena visitar las oscuras calles de esta ciudad reconstruida casi por completo con magma y apodada por ello “ciudad negra”. (link post anterior)

Catania es la segunda ciudad de Sicilia y el Etna se encuentra justo encima, en un parque natural de casi 600 km2 en la zona virgen más grande de la isla, donde el contraste de condiciones atmosféricas es radical.

Esto fue lo primero que llamó mi atención. A orillas del mar el calor y la humedad eran elevadísimos en los últimos días de verano, pero cuando nos dirigimos hacia las laderas del volcán, la temperatura se desplomó y el paisaje empezó a oscurecer.

En la cima del volcán

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Los campos verdes se cubrieron de tierra completamente negra, de cascadas de lava solidificada… hasta que el cielo se encapotó y comenzó a llover con fuerza. La sinuosa carretera aparecía entre bloques opacos de magma que nos sumergieron en un paisaje algo siniestro.

Hicimos noche muy cerca del Refugio Sapienza, punto de partida de la ruta (1910m). Cuando llegamos allí a primera hora, vimos las diferentes alternativas que ofrecen al visitante. La excursión habitual está bien adaptada para todo aquel que quiera subir: hay un funicular y autobuses con guías preparados para mostrarte la parte más elevada del volcán en un cómodo paseo.

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Pero nosotros queríamos hacer el ascenso a pie y aunque apenas nos topamos con gente, no tuvimos dificultades para encontrar el camino ni problemas de acceso, además esta opción es gratuita (hay una pequeña caseta junto al Refugio donde encontrarás toda la información necesaria).

Justo detrás del edificio del funicular puedes empezar a caminar. Cuando dejas atrás el centro de turistas y empiezas a ganar altura el paisaje es insólito: ningún tipo de vegetación impide ver claramente la ruta, dibujada en el suelo negro hasta donde alcanza la vista.

El ascenso se puede dividir claramente en dos partes: desde el refugio hasta donde termina el funicular (2500m) y de ahí hasta los cráteres donde está permitido el acceso (2950m).

El primer tramo es un poco duro, el camino es abrupto y se hace monótono. Curiosamente, durante esta parte del recorrido aparecieron entre las oscuras rocas miles de mariquitas, prácticamente el único ser vivo que vimos en el parque.

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Todavía en esta zona el sol calienta y por eso conviene comenzar a andar temprano, aunque a medida que asciendes el viento se encarga de que la sensación térmica sea mucho más baja, y la temperatura puede ser extrema en la cima. Es imprescindible llevar un cortavientos con capucha, un polar y buenas botas de montaña ya que la lava cuando se suelta se queda como gravilla y puede incluso estar caliente.

Poco a poco vas atravesando mares de nubes que entierran la isla y enmarcan las sombrías montañas. A partir de los 2500 metros el paisaje empieza a cambiar y aparecen distintos cráteres que puedes bordear caminando.

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El camino desde aquí continúa estando bien indicado, buena parte por jalones de nieve que en invierno señalan las pistas de esquí.

Los colores de la tierra también cambian durante el ascenso y en el tramo final las rocas pasan del negro brillante al rojo, granate e incluso amarillo o verde. El paisaje es cada vez más increíble.

Y por fin alcanzas los dos volcanes hasta donde está permitido el paso, a casi tres mil metros de altitud. En el filo de estos cráteres las rachas de viento eran tan virulentas que incluso teníamos que agacharnos para continuar la marcha.

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En ese momento el cielo se abrió y los colores del interior de la montaña se volvieron indescriptibles. Estábamos contemplando un nuevo orificio formado en las últimas erupciones donde todavía se notaba la tierra caliente: el magma interior se encuentra a más de 400ºC.

Cuando consigues bordear esta cumbre, de paisaje surrealista, y llegas a su parte más oriental, aparece ante ti el Valle del Bove, un oscuro abismo desde donde puedes apreciar perfectamente los inmensos ríos de lava que emergieron desde ese punto y ahora se pierden entre las nubes.

Un paisaje extraordinario, marciano. Es casi como haber alcanzado el fin de mundo.

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Aunque tiene un desnivel considerable, la ruta no tiene dificultad técnica y se puede hacer a pie en un día, aproximadamente son cinco horas andando ida y vuelta.

Sin duda este es uno de los lugares más asombrosos de Europa y una visita indispensable para completar tu estancia en Sicilia. [No os perdáis el resto de mi aventura en esta isla].

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Fotografías: Álvaro Puerto

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