Yoga gratis en el Templo de Debod

Es época de abandonar el gym, pero no el deporte
Patricia Cantalejo -
Yoga gratis en el Templo de Debod
Yoga gratis en el Templo de Debod

¿Quién dijo que estar en forma requiere una gran inversión económica? Sabemos que con la llegada del buen tiempo apetece hacer deporte al aire libre. Sin embargo, si a ti te gustan las clases grupales, tenemos una divertida opción para ti: y gratis.

Vuelven las clases de yoga en el madrileño Templo de Debod. Todo un espectáculo y no sólo por las vistas. El año pasado en algunas clases se llegaban a juntar hasta 100 yoguis.

La temporada de clases comienza después de San Isidro y termina el primer domingo de octubre con los siguientes horarios: lunes, martes, miércoles, jueves y domingos a las 19:30. Las clases duran una hora y media.

El instructor está formado con los mejores yoguis mundiales y da las clases de manera altruista: “El sistema económico de mis clases se basa en la generosidad (dana), inspirado por mis primeros profesores de yoga y por los lugares donde he aprendido y practicado meditación. Durante varios años he vivido literalmente gracias a la generosidad de mis alumnos, ya que todos mis ingresos provenían de las clases y talleres que impartía sin que yo les pusiera un precio o exijiera una cantidad a nadie para participar.
Entiendo las clases de yoga como un espacio para relacionarnos con nuestro cuerpo, comprender su funcionamiento y sentirnos mejor en él. La meditación como una herramienta para aprender a vivir de otra forma; de la forma que seguramente ya intuimos que es la adecuada pero que todavía no hemos llegado a saber poner en práctica. Eso mismo es lo que intento aportar a los alumnos que asisten a mis clases”, según explica en su web.

MÁS INFO: YOGA EN EL TEMPLO DE DEBOD

 

La palabra que, en mi opinión, define el modelo económico de mis clases, es GENEROSIDAD. A lo mejor sería más correcto ponerlo entre comillas, pero es que siento que no es una generosidad entre comillas, es una generosidad con mayúsculas. Yo antes las llamaba de “precio libre”, otra gente las definiría como “donación” o “donación voluntaria/consciente”, pero, tras varios años funcionando así, estoy convencido de que la palabra más apropiada es generosidad. La generosidad de mis primeros profesores de yoga, que me abrieron las puertas de su casa, prestaron sus esterillas, dedicaron tiempo y atención con la motivación principal de transmitir algo importante para ellos, sin exigir un precio determinado. La generosidad de los monjes que me han enseñado meditación, y se la enseñan a miles de personas, viviendo con poco más de lo mínimo imprescindible y sin pedirme dinero. La generosidad del conjunto de personas que asisten o han asistido a mis clases, que hace posible que, después de tres años, todo el que quiera pueda seguir practicando yoga y que yo siga viviendo exclusivamente de enseñarlo. Gracias de corazón a todos ellos.

Una publicación compartida de Nicanor Fuentetaja (@monoyoga) el 8 Ago, 2016 a las 5:02 PDT

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