¿Ser una yogui en 4 semanas? ¡Es posible!

Xuan- Lan nos da las claves para dominar esta disciplina en tiempo record
MARÍA GIJÓN -
¿Ser una yogui en 4 semanas? ¡Es posible!
¿Ser una yogui en 4 semanas? ¡Es posible!

¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste 15 minutos para conectar contigo misma? ¿Siempre vas tan a contrarreloj que tu último momento fit lo protagonizaste esta mañana corriendo detrás del bus al mismo tiempo que gritabas: “Espeeeeere”? ¡Corta el rollo! Tenemos los que necesitas: ¡Y-O-G-A! Ejercita tu cuerpo y tonifica tu alma de la mano de la yogui Xuan- Lan, autora del blog YogaLan, que se ha lanzado a la conquista de las librerías con su primer libro: Mi diario de yoga. Cuerpo y mente sanos en 4 semanas (Grijalbo, 18,90 €).

 

Son muchas las mujeres que están deseando iniciarse en esta disciplina pero no se atreven a dar el paso. “El yoga dinámico ofrece la parte física de un deporte que las urbanitas buscan y necesitan, pero también te ayuda a conocerte mejor a través del control de la respiración y del cuerpo”, explica Xuan, y añade: “Hay muchos tipos de yoga, solo debes encontrar el que más se adapte a ti”. Y la mejor forma de iniciar esta búsqueda es llevándola a la práctica, así que ponte tus mejores galas fit, respira, expira… ¡Âsanas a la obra! La clase está a punto de empezar, hoy toca una tanda de posturas invertidas.

 

Adho Mukha Svanasana o Perro boca abajo: esta postura es perfecta para calentar y estirar el cuerpo. Siéntate sobre los talones. Colócate sobre las rodillas y las manos firmes en el suelo, coge aire y estira las piernas apoyando todo tu peso en las manos y la parte delantera de los pies (aunque los talones no deben separarse del suelo). Eleva los glúteos hacia el texto. Debes formar una “V” invertida con tu cuerpo. No tenses los hombros e intenta alejarlos de las orejas. ¿Lo tienes? Una vez domines esta âsana, eleva la pierna izquierda y haz que tu mano derecha toque el pie de apoyo. Aguanta cinco respiraciones y vuelve a repetir todo cambiando la pierna que elevas.

Sirsasana o Sobre la cabeza: Arrodíllate y entrelaza los dedos de las manos de manera que las palmas formen una copa. Pon la coronilla en la parte interna de las manos. Apoya la parte interna de los antebrazos y los codos en el suelo a ambos lados de la cabeza. Estira las piernas y tras dos o tres pasitos, eleva en vertical la pelvis, muy lentamente y controlando el movimiento de las piernas. Intenta aguantar formando una línea recta con el cuerpo. Si dominas esta postura, atrévete con Urdhva Dandasana y mantén las piernas en un ángulo recto de 90 grados.

Bakasana o Cuervo: Colócate en cuclillas con las manos apoyadas en el suelo al frente. Desplaza el peso del cuerpo hacia delante y coloca las piernas pegadas a los brazos por encima de los codos, tan cerca de las axilas como pueda. Eleva los glúteos y cuando sientas que tus piernas se apoyan en los tríceps, exhala y busca el equilibrio levantando un pie del suelo lentamente y, cuando estés estable, ambos. ¿A que no era tan difícil?

 

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