¿Puede hacer el yoga más mal que bien?

Mantener la conexión cuerpo-mente es la clave para evitar posibles dolores y lesiones.
Women's Health -
¿Puede hacer el yoga más mal que bien?
¿Puede hacer el yoga más mal que bien?

¡Ah, el yoga! En teoría, se trata de abrir el corazón, olvidarse de los problemas y recibir buenas vibraciones. Por lo general, sobre el mat, arrinconas los malos rollos, te evades de las cosas más mundanas y te dejas llevar. Esto en teoría, porque la realidad no siempre sigue este esquema. “El ritmo que llevamos durante la clase ayuda a relajar el cuerpo y desconectar la mente, lo que provoca que te sientas disconforme e, incluso, que no estés segura al practicarlo”, dice Amanda Kerpius, instructora de yoga –especializada en esta disciplina para atletas que necesitan recuperarse tras una lesión– y masajista.

A un 10% de personas practicar yoga les deja al menos un punto doloroso

Sin embargo, aunque sus ejercicios se centran en calmar las áreas primarias (nuca y cuello) y mejorar la tensión crónica, es al mismo tiempo una causa de dolor para un 10% de las personas que los practican, dejándoles al menos un punto doloroso, tal como indica un reciente estudio realizado por Journal of Bodywork Movement Therapies. “Veo esto constantemente; mujeres que tienen que dejar de venir a unas cuantas clases porque** no escuchan adecuadamente a su cuerpo durante la sesión**”, explica Kerpius.

Como apunta la experta, no se trata de un problema de la actividad en sí misma (que, evidentemente, demanda un poco de flexibilidad y estabilidad de algunos puntos sensibles); en realidad el dolor surge de no prestar atención y de no saber dónde están tus límites. Por eso es fundamental atender a la conexión mente-cuerpo, si no nuestro cerebro operaría con extremos, llevándonos a hacer el máximo esfuerzo sin focalizarlo de ninguna manera.

“Que el yoga sea un deporte de baja intensidad respecto a otros hace que tendamos a esforzarnos más, y ejercemos tanta fuerza que, al final, nos hace sentir mal”, apunta Kerpius. Y es que, aunque sea un tipo de entrenamiento suave, eso no reduce la rivalidad con nuestras compañeras de esterilla. Muchas veces compites y observas a las chicas que te rodean, comparándote por si ellas consiguen posturas más avanzadas que tú. Y esto te lleva a intentar dar más que aquello para lo que estás preparada, algo que puede derivar en situaciones verdaderamente peligrosas (y que te harán daño si no tienes cuidado), como encorvar la espalda más de la cuenta, desnivelar tus caderas o poner más tensión en los músculos de lo que pueden aguantar.

Incluso las personas que practican yoga de forma habitual se fijan en el binomio cuerpo-mente. “Cuanto más veces haces un movimiento, más sencillo será para tu cerebro asimilarlo”, señala Kerpius. Si estás ejercitando una postura que te gusta pero tu cuerpo no está listo para realizarla, acabará pasándote factura.

¿Solución? No abandones el yoga; este entrenamiento aporta numerosos beneficios, como equilibro y fuerza. La clave está en prestar más atención a tu cuerpo y saber reconocer qué te está pidiendo en cada momento. De esta manera te protegerás de posibles lesiones y dolores futuros.

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