Cómo elegir y acertar con una fragancia

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Cómo elegir y acertar con una fragancia
Cómo elegir y acertar con una fragancia

Los científicos creen que desarrollamos el sentido del olfato incluso antes de nacer. De hecho, los bebés se guían, sobre todo, por los olores para identificar a su madre. Además, ese aroma reconocible y absolutamente personal les transmite seguridad. ¿La razón? Nuestra respuesta mental al olor la controla el sistema límbico, que está íntimamente relacionado con las emociones. Eso explica que odiemos unos perfumes y adoremos otros. Como confirma Eduardo Weruaga, catedrático de Biología Celular en la Universidad de Salamanca y director del máster en Neurociencias, “la olfacción es un sentido especial, un poco diferente de los otros, porque anatómicamente tiene unas conexiones distintas y eso hace que el procesamiento en el cerebro sea también distinto”.

Este experto explica que cuando hueles algo, enseguida lo relacionas con el entorno emotivo que estás viviendo en ese momento, y ese recuerdo dura toda la vida. “Los procesos de memoria vinculados a los olores son los más fuertes, los más primitivos. Una vez que ligas un olor a una emoción, ya sea positiva o negativa, cuando vuelves a olerlo te evoca lo mismo que experimentaste la primera vez”, señala el profesor.

La memora olfativa es tan poderosa que hasta se está utilizando con enfermos de Alzheimer para despertar sus recuerdos, pues se cree que puede llegar a funcionar incluso mejor que los ejercicios de memoria cognitiva. Y eso que tenemos 50 veces menos de células olfativas que un perro, según apunta Weruaga. Eso sí, las mujeres llevamos la delantera en este tema. “Aunque en ambos sexos se alcanza la madurez olfativa sobre los 20 años, las chicas empiezan a desarrollarla sobre los 13 y nosotros, en torno a los 16. A partir de los 60 años comienza a declinar y luego hay un bajón importante al llegar a los 75”, puntualiza el experto. Pero hasta entonces, se cree que podemos diferenciar entre 10.000 y 15.000 olores. El problema está en ponerles un nombre, por eso es más fácil asociarlos a una circunstancia, un país, un momento… No sabemos explicarlo, porque hemos perdido la capacidad de entreno, y esta disciplina, como todas, también requiere ser perseverante y practicar a diario, como hacen los perfumistas, y por eso acabamos dándoles un nombre de algo que se les asemeja. Para muestra Victoria Beckham y su percepción de España como un lugar que huele a ajo. ¡Oh, my God!

Hubo un tiempo en que solo por el olfato éramos capaces de detectar al depredador o de distinguir las sustancias comestibles de otras que eran peligrosas. De hecho, en nuestro genoma, los genes olfativos son los más numerosos, alrededor de 400. Hoy todavía el aroma que desprenden las personas nos hace sentirnos atraídos por ellas o nos provoca rechazo. “Hay personas con el olfato muy fino –las llamadas macrosmáticas– o que le dan más importancia a este factor, algo que según varios estudios psicológicos prima en las mujeres”, explica el profesor. ¿Esto es algo educacional o biológico? Weruaga responde con otra pregunta: “¿Va en nuestro ADN o es algo adquirido? No se sabe, pero cada vez estamos más convencidos de que depende tanto de la genética como de la epigenética (los factores sociales/ambientales). Cada persona tiene una huella olfativa, pero presenta similitudes con la del resto de la familia para preservar la especie, pues el mestizaje evita los problemas de consanguinidad”, añade. Pero, curiosamente, los humanos hace tiempo que decidimos desprendernos de esa seña de identidad propia, con lociones y perfumes que huelan a “limpio”.

Como recuerda Weruaga, “hay ciertos olores innatos que nos son desagradables: a quemado, a podrido, a muerte... Y parece que es por pura supervivencia, y que ocurre en todas las partes del mundo. Ahora bien, sobre gustos, no hay nada escrito”. Vamos, que no hay una receta mágica para dar con el perfume ideal, solo probar y probar. “Inspirados en la aromaterapia, se quiere creer que existen olores que despiertan comportamientos universales (por ejemplo, que el tomillo excita o que determinado extracto es calmante, etc.), y hoy por hoy eso no es así. Para un hindú, por ejemplo, el olor a curry es tremendamente familiar y relajante, pero para nosotros es exótico. Los factores culturales, sin duda, influyen. Por ejemplo, el aroma floral y a cítricos parece que nos gusta mucho a los mediterráneos, seguramente porque lo identificamos con lugares que conocemos y que huelen así”, concluye el especialista.

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