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Nuevos gurús, de la verdad al intrusismo profesional

No todo el mundo que tiene una consulta puede ayudarte a perder peso.
Alicia Román , 19-01-2017

Intrusismo

Intrusismo

Supongamos que has cogido unos kilos de más, que estás harta del menú tipo de 1.500 kcal y que no te fías de lo que te cuentan tus compañeras del gym sobre esos milagrosos batidos quemagrasas que tienen el ‘módico’ precio de 40 euros el litro. Decides ser responsable y, por una vez, en vez de hacer la dieta del kale o de la moringa (tanto da, en cuanto consigas los ingredientes ya habrá pasado de moda), buscas asesoramiento profesional. Ahora imagina que vives en Valencia y que googleas tu búsqueda en el ordenador. En menos de un segundo aparecerá en pantalla el listado mágico: 100 profesionales con sus respectivas páginas webs repletas de sugerentes imágenes de frutas de colores brillantes e, incluso, con canales de Youtube, consultas on line y planes para perder peso en un tiempo récord. Pues bien, de esos 100 resultados, solo 27 corresponden a profesionales capacitados para asesorarte sobre cómo comer. De los otros 73, seis son entrenadores personales; cuatro, biólogos; tres, médicos estéticos; dos, homeópatas; dos, médicos naturistas; dos, médicos de familia; uno, cardiólogo; otro, dermatólogo; otro logopeda; otro, dentista; otro, fisioterapeuta; uno más, osteópata… y ninguno de ellos puede, legalmente, decirte con qué llenar tu nevera y tu estómago porque, en realidad, no tienen ni idea. Y lo más triste del asunto es que separar a unos de otros puede ser un arduo trabajo. Bienvenida a tu particular búsqueda de la aguja en el pajar.

Intrusismo

Supongamos que has cogido unos kilos de más, que estás harta del menú tipo de 1.500 kcal y que no te fías de lo que te cuentan tus compañeras del gym sobre esos milagrosos batidos quemagrasas que tienen el ‘módico’ precio de 40 euros el litro. Decides ser responsable y, por una vez, en vez de hacer la dieta del kale o de la moringa (tanto da, en cuanto consigas los ingredientes ya habrá pasado de moda), buscas asesoramiento profesional. Ahora imagina que vives en Valencia y que googleas tu búsqueda en el ordenador. En menos de un segundo aparecerá en pantalla el listado mágico: 100 profesionales con sus respectivas páginas webs repletas de sugerentes imágenes de frutas de colores brillantes e, incluso, con canales de Youtube, consultas on line y planes para perder peso en un tiempo récord. Pues bien, de esos 100 resultados, solo 27 corresponden a profesionales capacitados para asesorarte sobre cómo comer. De los otros 73, seis son entrenadores personales; cuatro, biólogos; tres, médicos estéticos; dos, homeópatas; dos, médicos naturistas; dos, médicos de familia; uno, cardiólogo; otro, dermatólogo; otro logopeda; otro, dentista; otro, fisioterapeuta; uno más, osteópata… y ninguno de ellos puede, legalmente, decirte con qué llenar tu nevera y tu estómago porque, en realidad, no tienen ni idea. Y lo más triste del asunto es que separar a unos de otros puede ser un arduo trabajo. Bienvenida a tu particular búsqueda de la aguja en el pajar.


¿Quién me hace adelgazar?

 

Solo los profesionales que poseen un título de dietista-nutricionista (que se logra tras estudiar Nutrición durante cuatro años en una universidad) pueden ayudarte con esos kilitos. No lo decimos nosotros (ni ellos), lo dice la ley. Las competencias profesionales del diplomado en Nutrición Humana y Dietética están reguladas por el Real Decreto 433/1998, de 20 de marzo (B.O.E. 15-04-1998) –por si buscas lectura ligera para esta noche–.

“La ley de ordenación de las profesiones sanitarias afirma que la persona que se encargará de la nutrición, la alimentación y la dietética ha de ser dietista-nutricionista. El técnico superior en dietética, por ejemplo, que es un grado superior de Formación Profesional, también posee información enfocada a la alimentación y la dietética, pero como no tiene categoría de profesión sanitaria, sino de profesional de la salud, solo puede ejercer bajo la revisión de un facultativo”, explica Alma Palau, presidenta del Consejo General de Dietistas-Nutricionistas de España.

Queda claro, por lo tanto, que ni biólogos, ni farmacéuticos, ni tecnólogos, ni entrenadores, ni homeópatas, ni ATS, ni licenciados de INEF pueden, legalmente, ofrecerte consejo nutricional. Pero lo hacen, y no son ni los únicos, ni los peores. “Hay muchas consultas falsas de nutrición, pero apenas hay denuncias porque existe un limbo legal sobre lo que es el intrusismo y cuándo se está incurriendo en una falta contra la salud pública”, asegura Aitor Sánchez, dietista-nutricionista, tecnólogo alimentario, investigador y autor de Mi dieta cojea (Ed. Paidós).

Una opinión que corrobora la presidenta del Consejo General de Dietistas-Nutricionistas: “Nos llegan muchas quejas, pero no nos da tiempo a tramitarlas todas. A mí me han contado historias verdaderamente escalofriantes de chicas que, por ejemplo, han perdido la menstruación por culpa de seguir una dieta dirigida por alguien que no es un profesional”.

Resumiendo: asesorar a alguien sin tener los conocimientos necesarios va en contra de la ley y de la ética, es un delito. Pero parece que hay mucha gente dispuesta a hacerlo. ¿Por qué? Porque la nutrición se ha convertido en un jugoso negocio. Una encuesta realizada por Consumer Eroski concluye que los españoles nos dejamos cerca de 2.050 millones de euros al año solo en productos para adelgazar. Si a eso le añadimos las consultas de nutrición, el resultado no es precisamente barato, especialmente si escogemos una opción deluxe: por ejemplo, probar las virtudes de la cocina macrobiótica en el SHA Wellness Clinic de Altea durante una semana cuesta 4.700 euros. Pero las alternativas más asequibles también tienen su coste: los famosos sobres de PronoKal pueden salir por unos 600 euros mensuales (añade el precio de la consulta); el plan detox semanal d
e zumos Drink6, unos 229 euros; recurrir a una franquicia de Naturhouse son unos 30 euros semanales en productos; y así podríamos seguir hasta el infinito y más allá. 


Por qué no te callas...

 

Y a este panorama hay que sumarle el factor new age. Porque hay gente que ve la luz camino de la nevera y no nos referimos a la que se enciende al abrir la puerta. Al final de ese recorrido les espera el dinero, y lo saben. 

No hace falta salir de las fronteras de nuestro país. Aquí, por ejemplo, podemos encontrarnos, con un caso similar: la expresentadora de televisión Patricia Pérez, que desgraciadamente sufrió una reacción alérgica grave al ingerir un alimento. Esta experiencia le llevó, según sus propias palabras, “a especializarme más en el tema de los alimentos y la alimentación ortomolecular (basada en el uso de dosis muy elevadas de vitaminas y otras sustancias presentes de forma natural en el cuerpo)”. Hoy cuenta con canales de todo tipo para predicar (libro, blog, programa de televisión y página web). “Es espeluznante las tonterías que se pueden llegar a decir. La nutrición ortomolecular es una barbaridad, ¡y sus defensores se autodenominan dietistas-nutricionistas!”, señala Palau.

“Las famosas que hablan de sus dietas y de sus experiencias personales para darse más publicidad cometen una grave irresponsabilidad. Pero si además ganan dinero con sus consejos, cometen un delito de intrusismo”, alerta. Para el experto Aitor Sánchez, la frontera entre la divulgación y el intrusismo está en el consejo personalizado: “Escribir un libro, dar una charla, hablar de nutrición... para mí no es intrusismo, otra cosa es que sea responsable. Yo nunca me pondría a hablar de arquitectura por mucho que me guste hacer castillos de arena. El problema grave aparece cuando se asesora de forma individual. Y de casos así tenemos a patadas, incluso en internet, donde se dan consultas sin tener ni una sola pauta sanitaria”, concluye.


Mi método es el mejor

 

Lo peor es que una vez te des cuenta de que nunca podrás consumir bayas de Goji a 300 euros la bolsita al mismo ritmo que Gwyneth Paltrow (porque no hay cerebro ni bolsillo que lo resista) y te olvides de hacer una consulta on line, porque no da garantías de nada, te puedes encontrar con que existen métodos patentados por licenciados en Medicina (no vinculados a la nutrición) que tampoco son seguros. Sí, hablamos de Dukan, Atkins y los de su banda. “Los médicos, o no, que inventan métodos de adelgazamiento solo lo hacen por dinero. Hay suficiente evidencia científica que demuestra que no existe un sistema válido para todos los seres humanos”, afirma tajante Palau.

Los abordajes que buscan generalizar no sirven para nada, para adelgazar necesitas a un profesional que diseñe una dieta hecha a tu medida, que analice tu situación personal, tus gustos, tus preferencias, tus rutinas, tu actividad física... “Yo también puedo inventarme un método y dárselo a todo el mundo, pero eso no va a funcionar, porque si fuera así, ya estaría circulando y habríamos acabado para siempre con la obesidad mundial”, reflexiona Sánchez. 


Las imprudencias se pagan

 

No hay ninguna decisión en alimentación que sea inocua. Dejar de comer un grupo de alimentos o empezar a ingerir en exceso un tipo de productos siempre va a tener consecuencias para la salud. De los suplementos que se venden en muchas dietas para acelerar el milagro de ver desaparecer los kilos, ni hablemos. Valga como aviso a navegantes que la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad ha afirmado que “ninguna sustancia no farmacológica ha demostrado eficacia o seguridad en la pérdida de peso”. ¿A qué tenemos que estar atentos, por lo tanto, al cruzar el umbral de una consulta?

“Lo importante es que la recomendación de la dieta esté hecha en base a la evidencia científica acreditada, que haya un seguimiento, que se consideren las circunstancias fisiológicas y de salud del paciente y que se disponga de experiencia específica. Si no se tiene la formación suficiente es hacer correr un gran riesgo a los pacientes”, ratifica Palau. Y por si no ha quedado claro, si una persona que no es dietista-nutricionista es denunciada debido a que la dieta que prescribió, por ejemplo, produjo amenorrea, ansiedad o depresión, no solo se enfrenta a la mala praxis, sino también a un delito de intrusismo.

Las consecuencias pueden ser fatales y por mucho que se tenga un seguro de Responsabilidad Civil, este no va a cubrir las acciones de una profesión en la que no se tiene competencia. “Ahora se sabe que la dieta Dukan, por ejemplo, ha producido daños en personas que la han seguido al dedillo y sin consultar ni siquiera a su médico de cabecera. También que Dukan ha sido inhabilitado para el ejercicio de la profesión en Francia. Pero detrás de él vendrá otro, seguro”, se lamenta Palau. Por lo tanto, la única solución realmente práctica es ser mucho más críticos y cuestionar todo lo que nos quieren vender bajo el eslogan “adelgaza sin esfuerzo”. Desconfía de cualquiera que no te esté enseñando a comer y, sobre todo, recuerda aquello que te decía tu abuela: con la comida no se juega. 


Otros intrusismos

En el mundo de la salud hay más intrusismo del que crees. Ten mucho cuidado con estos profesionales y comprueba sus referencias:

Dentistas

Increíble, pero cierto. La crisis económica ha hecho que haya insensatos capaces de poner en riesgo la salud de la gente ejerciendo la odontología sin tener formación. Este verano el presidente de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia, Enrique Llobell, hablaba de 24 casos solo en su comunidad autónoma. Desconfía de las ofertas y comprueba siempre que el experto está colegiado.

Entrenadores personales     

La gran cantidad de escuelas, federaciones y asociaciones que proliferan por internet ofreciendo formación hace que haya títulos de lo más variados y exóticos. Desde la Federación Española de Entrenadores Personales y Fitness advierten que las únicas titulaciones deportivas oficiales y, por lo tanto regladas, son la Licenciatura, Diplomatura o Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, los Ciclos Formativos, Técnicos Deportivos Superior y Medio de Formación Profesional y el Certificado Oficial de Profesionalidad. Toma nota.

Cirujanos plásticos

Según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, en nuestro país hay unos 9.000 médicos que realizan intervenciones sin tener la titulación oficial, tanto de cirugía plástica y estética, como reparadora. No se trata de una ilegalidad, ya que todos los licenciados en Medicina antes de 1996 tienen el título en Medicina y Cirugía, por lo que están legalmente capacitados, pero, desde luego, si buscas el mejor resultado, recurre a quien se haya formado durante cinco años de manera específica para ello.


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