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¿Es la conciliación laboral una farsa?

Según el Instituto de Política Familiar, en España este acuerdo es cada vez “más defectuoso”.
María Corisco , 19-10-2017

Nunca es suficiente

Nunca es suficiente

Escoge cualquier grupo de mujeres y seguro que, con independencia de su edad, estatus social o profesión, hay algo que tienen todas en común: se pasan la vida haciendo malabares para llegar a las reuniones de trabajo y del colegio, para tener la casa a punto y quedar con las amigas, para llegar a tiempo a la oficina, a la cama y a Instagram… ¿El resultado de tanto estrés? Están completamente exhaustas.

“La mayoría de las mujeres están agobiadas con el concepto de conciliación”, explica Ann Shoket, antigua directora editorial y mujer multitarea confesa. En su último libro, The big life, estudia los actuales valores de las mujeres jóvenes en busca de una nueva idea acerca de cómo encajar las relaciones de pareja y la familia con sus ambiciones profesionales. Una nueva versión del “nosotras podemos –y debemos– tenerlo todo”, una búsqueda de conciliación laboral y familiar que nos carga de culpa y ansiedad, según la autora. NO TE PIERDAS: LA AFILADA REALIDAD DE LA CONCILIACIÓN

Las estadísticas hablan por sí solas. De acuerdo con una reciente encuesta realizada a un millar de mujeres por la edición estadounidense de Women’s Health, el 43% dijo que creía haber alcanzado el equilibrio entre su vida y el trabajo, si bien el 75% reconocía sentirse culpable por no conciliar ambas cosas adecuadamente. ¿Cómo? ¿Acaso no es una contradicción total? Bueno, pues resulta que la cruda realidad es que incluso cuando las mujeres creen haber conciliado bastante bien, sienten que no es suficiente (¿hemos mencionado que el 72% dijeron que se sentían cansadas, ansiosas o vacías al final del día?).

Sin duda, no son indicios de vidas felices y saludables. La fórmula que ha empleado Shoket para solucionar este dilema es aprender que el camino para evitar esa culpa es la aceptación de todo este lío. “Cuando abandonas la idea de que debes encontrar el equilibrio, es más fácil desenredar la madeja, es el impulso para acercarte a entender tu propia versión del éxito. En mi caso, el ajetreo de trabajo, vida y amor hace que me sienta viva. No me siento culpable por no estar con mi marido y mis hijos mientras trabajo, pero tampoco por no estar trabajando cuando disfruto con mi familia. Al fin y al cabo, mis hijos y mi pareja saben que los quiero y el trabajo siempre termina saliendo”. Pero, ¿qué pasa cuando, en ese juego de malabares, las pelotas empiezan a chocar entre sí y a caer al suelo? “Sí, las cosas a veces se desbordan. Me despierto en mitad de la noche y me doy cuenta de que hace semanas que no chequeo las facturas o que no me he depilado las cejas. Pero es un pequeño peaje por una vida plena y satisfactoria”, señala.

Nunca es suficiente

Escoge cualquier grupo de mujeres y seguro que, con independencia de su edad, estatus social o profesión, hay algo que tienen todas en común: se pasan la vida haciendo malabares para llegar a las reuniones de trabajo y del colegio, para tener la casa a punto y quedar con las amigas, para llegar a tiempo a la oficina, a la cama y a Instagram… ¿El resultado de tanto estrés? Están completamente exhaustas.

“La mayoría de las mujeres están agobiadas con el concepto de conciliación”, explica Ann Shoket, antigua directora editorial y mujer multitarea confesa. En su último libro, The big life, estudia los actuales valores de las mujeres jóvenes en busca de una nueva idea acerca de cómo encajar las relaciones de pareja y la familia con sus ambiciones profesionales. Una nueva versión del “nosotras podemos –y debemos– tenerlo todo”, una búsqueda de conciliación laboral y familiar que nos carga de culpa y ansiedad, según la autora. NO TE PIERDAS: LA AFILADA REALIDAD DE LA CONCILIACIÓN

Las estadísticas hablan por sí solas. De acuerdo con una reciente encuesta realizada a un millar de mujeres por la edición estadounidense de Women’s Health, el 43% dijo que creía haber alcanzado el equilibrio entre su vida y el trabajo, si bien el 75% reconocía sentirse culpable por no conciliar ambas cosas adecuadamente. ¿Cómo? ¿Acaso no es una contradicción total? Bueno, pues resulta que la cruda realidad es que incluso cuando las mujeres creen haber conciliado bastante bien, sienten que no es suficiente (¿hemos mencionado que el 72% dijeron que se sentían cansadas, ansiosas o vacías al final del día?).

Sin duda, no son indicios de vidas felices y saludables. La fórmula que ha empleado Shoket para solucionar este dilema es aprender que el camino para evitar esa culpa es la aceptación de todo este lío. “Cuando abandonas la idea de que debes encontrar el equilibrio, es más fácil desenredar la madeja, es el impulso para acercarte a entender tu propia versión del éxito. En mi caso, el ajetreo de trabajo, vida y amor hace que me sienta viva. No me siento culpable por no estar con mi marido y mis hijos mientras trabajo, pero tampoco por no estar trabajando cuando disfruto con mi familia. Al fin y al cabo, mis hijos y mi pareja saben que los quiero y el trabajo siempre termina saliendo”. Pero, ¿qué pasa cuando, en ese juego de malabares, las pelotas empiezan a chocar entre sí y a caer al suelo? “Sí, las cosas a veces se desbordan. Me despierto en mitad de la noche y me doy cuenta de que hace semanas que no chequeo las facturas o que no me he depilado las cejas. Pero es un pequeño peaje por una vida plena y satisfactoria”, señala.


Más ocupada que nunca

Y Shoket no es la única que propone un acercamiento más flexible hacia la conciliación después de haber oído, durante años, que para lograrla solo hay que trabajar más duro. El pasado mayo, poco después del primer aniversario de la muerte de su marido, Shery Sandberg, directora ejecutiva de Facebook, se dio cuenta mientras escribía Lean In de que había subestimado los retos a los que debían hacer frente las mujeres: “Antes no sabía lo difícil que es tener éxito en tu carrera cuando estás agobiada en casa”, escribió. Lauren Smith Brody, autora de The Fifth Trimester, una guía para madres que se reincorporan al trabajo tras tener un bebé, va un paso más allá: “Francamente, encuentro antifeminista el concepto en sí de conciliación de la vida laboral y familiar”, dice. NO TE PIERDAS ALGUNOS ESTEREOTIPOS SOBRE MATERNIDAD Y CONCILIACIÓN.

Ciertamente, a los hombres se les educa en la idea de que el trabajo es parte de la vida, pero las mujeres reciben el mensaje de que ambas cosas son excluyentes. “Es frecuente cuando nosotras elegimos trabajar, sentir que estamos perdiéndonos una parte importante de nuestras vidas”, dice Brody. Para más inri, las mujeres tienen que esforzarse el doble para hacerse valer en el trabajo. “Deben pelear para hacerse oír en las reuniones, pero al mismo tiempo se espera que resuelvan una mayor carga de trabajo”, dice Marianne Cooper, socióloga en Clayman Institute for Gender Research de la Universidad de Stanford (EE.UU.). ¿Y qué reciben a cambio? Un salario más bajo y menos promoción (las mujeres ocupan solo el 26% de los puestos directivos).

El sesgo no se acaba en la oficina. Incluso las mujeres de más éxito suelen llevarse la peor parte del trabajo de la casa y del cuidado de los niños, algo a lo que los sociólogos se refieren como “doble jornada”. Según el Bureau of Labor Statistics, en comparación con los hombres, de media la mujer emplea una hora más cada día en actividades como cocinar, limpiar, dar de comer o bañar a los niños. ¡Con razón la mitad de las mujeres de nuestra encuesta dijeron que no tienen nada de tiempo para sí mismas! DESCUBRE CÓMO ES LA VUELTA AL TRABAJO DESPUÉS DE SER MAMÁ

MUCHAS EXPECTATIVAS
Entonces, si resulta que la conciliación es un mal negocio, ¿por qué la perseguimos con tanta insistencia? Bueno, en parte es porque las redes sociales están a tope de mujeres que parecen vivir una vida plena sin esfuerzo. Una investigación reciente muestra que quienes pasan más tiempo envidiando esa vida online –tan cuidadosamente maquillada– de los demás se sienten más deprimidos e inadaptados. Otro estudio reveló que el 42% de las mujeres se sienten inferiores después de visitar Pinterest.

Poner el listón tan alto es algo que va –metafóricamente hablando– en nuestro ADN, dice Melody Wilding, una trabajadora social especializada en ayudar a las mujeres a lidiar con los retos de la conciliación. “Ir tachando cosas de la lista de asuntos pendientes puede hacernos sentir que tenemos el control, pero con tantas tareas siempre habrá alguna a la que no lleguemos o que no terminemos de rematar a la perfección. Y, cuando eso pasa, solemos reforzar la creencia de que no somos suficientemente buenas”, señala. Esta combinación de sentimientos de ineptitud e inadaptación a menudo termina quemándonos, dice la doctora Cooper. Nuestra vida social se tambalea (el 56% de las mujeres de la encuesta de WH dicen que el estrés laboral repercute negativamente en sus relaciones) y nuestra salud se deteriora.

Una investigación muestra que las mujeres que trabajan de 41 a 50 horas semanales –el 42% de las encuestadas– tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, artritis y diabetes. Cifras mucho mayores que las de los hombres que trabajan el mismo tiempo. ¿Por qué? Porque hacer malabares con tu carrera y las responsabilidades de esa segunda jornada eleva los niveles de estrés, y esto se asocia a enfermedades crónicas.


En paz contigo misma

Puede que te cueste, pero, si el problema es el equilibrio, deja de intentar hacer todo a la perfección. “Se espera de nosotras que estemos disponibles a tiempo completo, pero hay que poner límites”, dice Wilding. “Si contestar correos por la noche es parte de la cultura de tu trabajo, responde con brevedad (por ejemplo, ‘voy a pensar sobre ello, te contesto por la mañana’); verán que has recibido el correo, pero no le dedicarás mucho tiempo. Mejor aún, úsalo en tu propio beneficio: haz un plan indicando a tu jefe cómo puedes trabajar desde casa un día o dos a la semana”, sugiere Brody.

Finalmente, la cuestión clave: pide ayuda. Hasta Wonder Woman deja que Batman y Robin le hagan un favor de vez en cuando, pero casi la cuarta parte de las mujeres de nuestra encuesta intenta hacerlo todo por sí mismas. Encarga comida a domicilio más a menudo, pide a tu hermana que se ocupe de tus hijos alguna tarde, dile a tu marido que haga la colada de manera que puedas leer un libro o hacer unas cuantas horas extra en el trabajo… Sí, has leído bien, extender tu jornada laboral. Porque no hay un lugar bueno y uno malo en los que invertir tu energía. La ambición no debe ser un tabú (de hecho, la mayoría de las mujeres encuestadas preferían trabajar más y ganar más dinero a reducir la jornada y bajarse el sueldo). Y tu elección de hoy no tiene por qué ser permanente: si surge un problema de salud, necesitas cuidar de tus padres o, simplemente, quieres dar un paso atrás para recapacitar sobre tu carrera, puedes hacerlo. No es irreversible. NO TE PIERDAS CÓMO SOBREVIVIR A LA MANADA DEL TRABAJO

¿Lo que deberías tener siempre presente? Mimarte mucho. Pero las mujeres somos bastante malas en eso. “Está el malentendido de que el autocuidado debe ser algo activo, como el yoga o un día en el spa”, dice Wilding. Pues hay más opciones: también puede tener que ver con hacer más llevaderas tus responsabilidades, escuchar a Sia y prender una vela mientras repasas las facturas o escribir ese informe desde casa y en pijama. ¿Y si una de las pelotitas de los malabares se cae? Ni caso, inténtalo otra vez. Estos juegos de manos, al fin y al cabo, son diversión, ¿no?


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