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Cómo saber si deberías hacer terapia

Lo sabemos, las primeras veces siempre son complicadas, pero con estos trucos conseguirás enfrentarte sin miedo a tu estreno en el diván
Publicado por Brian Ferrandiz y Jessica Powell
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Cómo saber si deberías hacer terapia
Cómo saber si deberías hacer terapia

Nunca te habías sentido así. Has intentado hablarlo con tus amigas y con tu familia pero ha llegado un punto en el que todos sus consejos no te sirven de nada. Llevas tiempo planteándote la idea de contárselo a un profesional, pero no sabes ni por dónde empezar… ¿Qué tipos de terapia hay?, ¿te vas a sentir cómoda explicándole tus miserias a un desconocido? ¡Menudo lío tienes en la cabeza! Sigue nuestras recomendaciones y no des ni un paso en falso.

¿Pido hora?

No necesitas estar viviendo una situación extrema para consultar a un psicólogo. Los problemas emocionales también se presentan en nuestra cotidianidad. No estar a gusto contigo misma ya debería hacerte saltar las alarmas. “Sobre todo si este sentimiento es tan negativo que no te permite buscar una solución”, explica la doctora Marta Arasanz, psicóloga y directora del Instituto Catalán de Sexología y Psicoterapia. Acude a un experto si...

No puedo con mi día a día

Tómate un respiro y analiza la situación. Reflexiona sobre cómo estás haciendo las cosas. La doctora Arasanz asegura que es muy común que nos carguemos con demasiadas responsabilidades que, al final, no podemos gestionar. Es importante que te plantees si todas tus tareas son realmente para ti. De no ser así… ¡ya sabes por dónde empezar a recortar presión!

No me concentro

¿Estás triste?, ¿tu cabeza parece una olla exprés a punto de explotar? “Los estados emocionales distorsionados llevan a una incapacidad de centrarte en lo que haces”, afirma la especialista.

No disfruto con nada

Te encantaba ir a correr con tus amigas, pero ahora te da mucha pereza. Si ya no te diviertes como antes con tus hobbies podrías estar ante un primer síntoma de depresión.

Siempre estoy irritable

El estrés, la ansiedad o una depresión pueden estar en el origen de tu estado. ¡Alerta!

Sufro con los cambios

Una mudanza, un nuevo trabajo, un embarazo... Para nuestra experta, estas variaciones, por buenas que sean, siempre generan inseguridad y una sensación de pérdida de control. Aprende a interpretar cada situación como una revolución interior con la que crecer.

Tu terapeuta ideal

Tienes dos caminos para encontrarlo. Puedes buscar a través de la sanidad pública o bien optar por una consulta privada. Lo más importante es que, con independencia de lo que escojas, des con un profesional que te transmita seguridad y confianza. Es básico. Para acceder a través de la Seguridad Social, primero deberás visitar a tu médico de cabecera. Este te valorará y decidirá si derivarte al psicólogo.

“Por desgracia, no somos demasiado rentables para las arcas del Estado. Mientras que cualquier otro especialista puede atender decenas de visitas al día, nosotros necesitamos más tiempo para hablar con nuestros pacientes. Faltan terapeutas, las listas de espera son largas y transcurre mucho tiempo entre una visita y otra”, advierte la doctora Arasanz.

Ante este panorama, si finalmente decides acudir a un especialista privado, verifica su titulación y asegúrate de que esté colegiado. Googleale como si fueras una investigadora de la CIA. También es importante que sea experto en tu problema. Puedes encontrar terapeutas a partir de 45 € la sesión. Las tarifas vienen establecidas por los colegios de psicólogos pero variarán en función de su prestigio, especialización o, incluso, dependerán de factores como la ubicación de la consulta.

¿Ya tienes especialista? Vale, llega el momento clave: la primera cita. Para empezar con buen pie debes liberarte de toda falsa creencia. Ten en cuenta que el psicólogo no dispone de una receta mágica que haga desaparecer tus males. Te puede ayudar, pero vas a tener que currártelo. El gran problema con el que se topan los terapeutas es que estamos escondidas detrás de una coraza que nos hemos puesto con el tiempo. “Proyectamos al mundo la imagen de la persona que nos gustaría ser, no de la que somos en realidad”, afirma la psicóloga y psicoterapeuta Meritxell Heredia.

La labor del experto será la de despojarte de todas esas capas, cual cebolla, hasta llegar al corazón del problema. “En el espacio terapéutico nadie te va a juzgar”, señala la doctora Heredia. Es muy importante que te sientas cómoda con tu psicólogo y que haya química. En esta primera consulta, además de realizarte un breve cuestionario, deberá fijar los objetivos de la terapia y delimitar el plan de trabajo.

“Es el momento de preguntar todo aquello que necesites saber y valorar cómo te sientes con él”, apunta Susana Gacituaga, terapeuta de Escúchate Psicólogos Madrid. Presta atención a los cinco tipos de tratamientos que te proponemos y averigua cuál es el que encaja mejor contigo:

Ataja el problema de forma rápida

Plantéate la terapia cognitivo-conductual. Observando nuestra manera de pensar y de actuar sabremos qué es lo que causa o potencia nuestro conflicto y, en consecuencia, podremos cambiar este patrón. La psicóloga Heredia afirma que este tipo de métodos permiten aprender mecanismos para afrontar las situaciones de un modo mucho más funcional. “Puedes conseguir cambios rápidos”, asegura. ¿Tienes miedo a volar? ¿Te entran sudores fríos cada vez que vas al dentista? ¿Te pones histérica cuando aparece una araña en el baño? Si has respondido afirmativamente a cualquiera de estas tres preguntas, esta podría ser la terapia que necesitas. Y es que este tipo de tratamiento es muy útil para personas que padecen fobias específicas, además de emplearse en algunos casos de pacientes que sufren episodios depresivos o de ansiedad, ataques de pánico y desórdenes alimentarios.

Si quieres profundizar… 

Piensa en la terapia psicodinámica. Cuenta hasta tres, coge aire y prepárate para una inmersión a lo más profundo de tu subconsciente. Con este tipo de técnica es posible identificar la base del problema y corregirlo. No es rápido. Puedes pasarte mucho tiempo buceando. Y es que, posiblemente, el motivo de tu malestar esté escondido en tu subconsciente. De ser así, vas a necesitar reflexionar mucho para llegar hasta aquello que te atormenta. 

“Los cambios son más lentos, pero más duraderos, ya que estás solucionando el problema de raíz”, afirma la doctora Heredia. Esta terapia se emplea para tratar la depresión y la ansiedad. De hecho, es uno de los métodos más utilizados con personas que ya no le encuentran sentido a sus vidas.

Si eres una persona obsesiva...

Lo tuyo es el Mindfulness. Muchas veces hacemos siete cosas a la vez y no estamos disfrutando de ninguna de ellas. El mindfulness consiste en apreciar cada instante, en valorar con los cinco sentidos situaciones tan cotidianas como darte una ducha, beber un café caliente o la práctica de deporte. Es tan sencillamente complicado como centrarnos en el presente. En el aquí y el ahora. Al fin y al cabo es lo único que tenemos. Por mucho que te comas la cabeza no tienes el poder de cambiar el pasado ni de adivinar el futuro, querida. La doctora Heredia considera que “incorporar esta técnica a tu vida diaria reducirá tu ansiedad y mejorará tu estado de ánimo”.  Además, te será de gran ayuda si eres de esas personas que le dan demasiadas vueltas a las cosas con el afán de controlar todo o de las que tienen tendencia a pensar de forma negativa.

¿Un mal trago?

Acude al counselling. Accidentes, muertes, rupturas…todas estas situaciones pueden ser difíciles de sobrellevar. Quizás la figura de un asesor psicológico podría ayudarte a superar el trance. No se trata de que te dé consejos sobre la vida,  sino de que te oriente para que  tú misma sepas qué hacer. “Yo siempre digo lo mismo, si un terapeuta te dice lo que tienes que hacer en la vida… ¡sal corriendo!”, exclama la doctora Heredia tajante. ¡Así que nada de perder el tiempo!

Si te abruma la visita

Ve a terapia de grupo. Quizás estar con más personas con problemas similares al tuyo haga que la experiencia sea mucho más llevadera. La doctora Heredia considera que este tipo de sesiones son muy efectivas ya que, además de identificarte con el resto de pacientes, te ayudan  a darte cuenta de que todo el mundo pasa por momentos complicados y acabas aprendiendo de los casos ajenos. Esta clase de terapias pueden  ser muy positivas para personas con adicciones.

 

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