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Lo que nos gusta (y lo que no) cuando vemos porno

Ellos hablan sin rubor de su experiencia con las películas para adultos. ¿Qué ocurre con nosotras?
Publicado por Sandra Silva
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Lo que nos gusta (y lo que no) cuando vemos porno
Lo que nos gusta (y lo que no) cuando vemos porno

Es curioso que podamos charlar animadamente sobre juguetes sexuales con nuestras amigas y, en cambio, rara vez abordemos el tema de la pornografía. El mundo del sexo explícito filmado ha sido durante décadas coto privado de los hombres. No nos acercábamos a él porque las buenas chicas no hacían eso y porque, realmente, era tan machista que las imágenes que veíamos nos tiraban un poco para atrás. Pero las cosas han cambiado (y mucho).

El porno se ha diversificado y más allá de la frontera de ese conocido cine coital –plagado de pornostars de senos ingrávidos y cavidades abismales– existen otras fértiles tierras que pueden resultarnos estimulantes. Desde las películas ideadas para mujeres hasta el porno amateur, pasando por un sinfín de posibilidades, podemos acceder a filmes capaces de desencadenar excitantes fantasías. Pero, ¿lo consiguen? ¿Nos sentimos cómodas viéndolos? Vayamos por partes.

¿Es un tabú? Como no es un tema del que charlemos habitualmente con nuestras amigas, la primera pregunta que surge es si vemos porno y si nos avergüenza hablar de ello o simplemente no lo hacemos porque pertenece a nuestra intimidad. “Las mujeres ven porno, otra historia es que no lo digan en público, porque en algunas ocasiones sigue siendo un tabú”, aclara Erika Lust, directora de cine para adultos para mujeres. “El número de mujeres atraídas por este género está creciendo”, augura la realizadora sueca afincada en Barcelona. Y es que el tabú tiene fecha de caducidad. “Las chicas jóvenes lo han normalizado más y pueden incluirlo en sus conversaciones”, asegura el sexólogo Iván Rotella, director del centro sexológico Astursex

¿Ofendidas o excitadas? Las reacciones que provoca el cine más explícito son contrapuestas y dependerá, tanto de la espectadora como del filme en sí. Lo que es cierto es que durante décadas, las rubias neumáticas con tacones imposibles que abrían algo más que la puerta de su casa al fontanero de turno no conseguían que nos sintiéramos identificadas. Asimismo, el sexo utilitarista, abrupto, de aquí te pillo, aquí te mato, tampoco conectaba con nuestras fantasías. “Los hombres dirigen películas bajo su perspectiva, en la que el sexo es algo que el macho alfa hace a la mujer o esta hace para él”, asegura Lust.

El porno pensado para mujeres, como el que dirige nuestra experta, cuenta con unas protagonistas que sin dejar de ser sexis, no resultan impostadas. La estética suele ser más cuidada, con una factura más artística. Y aunque las escenas sean igual de tórridas, el planteamiento, hablando en plata, no es tan zafio.

¿Se aprende? Desde luego, las chicas que aparecen en estos filmes saben latín y, en muchas ocasiones, los hombres llevan a cabo prácticas que, por alguna curiosa razón, nunca nos han pedido. ¿Puede ser este un buen motivo para hacer un cursillo acelerado de sexo a base de pelis X? “Algunas lo utilizan para aprender técnicas y gustos masculinos. Y, posteriormente, descubren lo que les gusta y les excita, y lo incluyen como un complemento a su autoerotismo. Pero tengamos claro que el porno no busca educar, se hace para vender y excitar”, revela Rotella.

¿Cambiará tu vida sexual? Algunos estudios sugieren que los hombres que ven mucho porno tienen problemas para excitarse con la realidad. ¿Cómo puede afectarnos a nosotras? “El problema no es el porno, sino creer que es real, porque eso crea falsas expectativas, tanto propias, como en pareja”, advierte Rotella. No pasa nada si no tienes un squirt parecido a la Fontana di Trevi, puedes excitarte viéndolo y no frustrarte por no lograrlo. ¿Pero qué es lo que realmente nos gusta? Erika Lust ha iniciado un experimento, XConfessions, en el que rueda lo que le escriben sus espectadores. “Las fantasías femeninas son maravillosas. Leo mucho sobre BDSM (bondage, dominación y sadomasoquismo) y sexo con otras mujeres”, ilustra. ¿Y tú, sabes lo que sube tus revoluciones? Si tienes dudas, ¿qué tal si le das al play a ese video de alto voltaje y buscas algo de inspiración?

¿Cómo será en el futuro? Las iniciativas más punteras buscan que te sientas como si estuvieras en medio de una orgía. Ya hay una startup española, Virtual Porn 360, que está apostando por rodar películas en realidad virtual ¡sientes que casi te has teletransportado! De hecho, el siguiente paso que darán empresas como esta consistirá en sincronizar juguetes eróticos con estos filmes. Suena bien, ¿verdad? Sin duda, estas películas tendrán más finales felices que la factoría Disney.

 

ASÍ LO VEMOS

¿Consumo mucho o poco? ¿Lo que me gusta es lo que agrada al resto de mujeres? Los estudios disipan tus dudas:

¿Qué? En este orden: lesbianismo, tríos y squirt (eyaculación femenina). Estos son los temas que más consultamos cuando entramos en el portal de porno Pornhub.

¿Cuándo? El 31% de las mujeres lo ve semanalmente; el 30%, mensualmente; el 21%, alguna vez al año; y el 10%, a diario.

¿Cuánto? Cuando nos ponemos, lo hacemos con ganas y superamos a los hombres. Nuestro tiempo de visita a una web porno es de ocho minutos y trece segundos, mientras que el de ellos es de ocho minutos y cuatro segundos.

 

LO QUE NO NOS GUSTA: No, no solemos paseamos por casa con zapatos de tacón y ligueros. Y, por cierto, no vamos a hacerlo. El 59% de las mujeres no está conforme en cómo se representa a la mujer en el porno tradicional. Y el 15% se queja de que sus parejas, tras ver este tipo de filmes, les pide que tengan una apariencia determinada. Otro 15% también le ha cogido inquina a las películas X porque las culpa de que su novio le proponga llevar a cabo prácticas que no le gustan.

LO QUE NOS GUSTA: Te lo adelantamos: básicamente, todo. Un estudio realizado en 2008 por la investigadora y sexóloga canadiense Meredith Chivers demostró que no hay ningún contenido que de por sí no provoque la excitación femenina (sexo heterosexual u homosexual, hombres o mujeres masturbándose). Lo más sorprendente de dicho estudio es que la única imagen a la que no respondían con ningún estímulo es la de un hombre desnudo.

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