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Enamorarse de tu entrenador personal

¿Es amor o es tensión sexual no resulta?
Publicado por María Gijón
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Enamorarse de tu entrenador personal
Enamorarse de tu entrenador personal

Ya es la hora. Llevas puestas tus mejores galas fit. Has conseguido colocar tu esterilla en la primera fila. Qué bien, solo has tenido que pelearte con 14 mujeres más. Por fin, Ismael entra en la sala. Y, por un momento, te olvidas de que son las siete de la mañana, de que es lunes e, incluso, te dices mentalmente: “Quién quiere estar en la cama pudiendo disfrutar de una hora de Ashtanga Yoga (con sus posteriores agujetas, claro)”. Admítelo, te has convertido en una groupie en mallas. Nunca calentarías con él algo más que no fueran tus músculos, pero entonces, ¿por qué te gusta tanto cuando te llama por tu nombre y te dice lo bien que lo haces? Tenemos la respuesta.

No es lo que parece. En serio. No nos referimos a amor, es mucho más complicado. Se trata de una idealización. Quizás no has tenido a un Ismael que te haya enseñado lo flexible que puede llegar a ser tu cuerpo con las posturas de yoga, pero seguro que Claudia, la entrenadora que te demostró que eras capaz de aguantar una clase de spinning sin que se te saliera el corazón por la boca, o Marc, que te explicó cómo mejorar tu resistencia corriendo, se ganaron tu admiración más profunda. Hablamos de un flechazo que no entiende ni de género ni de edad y que para nada pretende terminar con una clase más privada en las duchas. De hecho, solo tienes que fijarte en cómo miran tus compañeras al coach para darte cuenta de que este fenómeno fan no es solo cosa tuya. “Es normal sentir atracción por alguien que te está prestando atención y te ayuda a superarte y crecer física y personalmente”, explica Patricia Ramírez, psicóloga del deporte y de la salud, que acaba de publicar su quinto libro, Cuenta contigo (Conecta). El problema aparece, tal y como cuenta nuestra experta, “cuando se te olvida que es la obligación de esa persona (¡de hecho estás pagando por el servicio!) y llegas a confundir ese bienestar que te genera con un deseo sexual o romántico que va mucho más allá”. Así que sé realista y, por mucho que le hayas cotilleado un par de veces su perfil de Instagram, pregúntate si te gusta él o lo que realmente te hace temblar es cómo te hace sentir con sus clases. 

PURA QUÍMICA

Aquí es donde entran en juego las hormonas. Sí, estos –malditos– mensajeros no solo son capaces de hacerte llorar con una canción de reguetón si te pillan en ‘esos’ días, también son los culpables de que en cuanto veas a tu coach, las endorfinas se vuelvan literalmente locas de alegría. Pero, tranquila, que esto tiene una explicación científica de lo más lógica: al realizar deporte (igual que cuando comes alimentos como el chocolate o tienes un orgasmo), tu cuerpo aumenta la producción de estos neurotransmisores que trabajan como un analgésico natural y estimulan los centros de placer. De ahí que sudar la camiseta sea tan adictivo y que tu cerebro haga palmas con solo pensar en tu entrenador, ya que lo vincula automáticamente a esa sensación que tienes postentrenamiento. Pero las endorfinas no actúan solas, la oxitocina que se libera ante el contacto físico es una de sus hormonas cómplices. Ponte en situación: estás haciendo una plancha isométrica y sientes que no aguantas ni un segundo más. Entonces, tu profesor te toca la espalda y te felicita y, como por arte de magia, sacas fuerzas de la chistera. Te suena, ¿verdad? La doctora en psicología Mila Cahue, autora de Amor del bueno (JdeJ Editores) y El cerebro feliz (Paidós), se muestra tajante: “Existen numerosos experimentos que demuestran que somos capaces de encontrar mucho más atractivas a las personas después de haber realizado ejercicio. Como la actividad física es uno de los reforzadores cerebrales más eficaces, las sustancias que se liberan nos hacen ver lo que nos rodea a través de un filtro de positivismo”. En otras palabras, no es que Ismael se haya guapeado en 50 minutos de clase, es que tus hormonas están en plena efervescencia. 

EL ESCENARIO 

Los gimnasios fríos con olor a rancio son cosa del pasado. Hoy en día estos centros se han convertido en tu rincón, el sitio en el que te mimas, y los colores cálidos, la iluminación tenue, los espacios amplios, la música motivacional, la temperatura confortable... ¡parece que absolutamente todo conspira a tu alrededor para que bajes una talla! Por no hablar del nuevo rol de estrella que se le está dando a los personal trainers, que incluso se suben a una especie de plataforma y llevan un micrófono para que no te pierdas detalle de su actuación. ¡Con razón alguna despistada hasta pide un bis con aplausos incluidos! “Se está evolucionando de tal forma que se busca mayor atención personalizada”, cuenta Amira Méndez, experta en fitness y fundadora de Amira Training Club. “Es muy importante que la relación sea cercana y personal, solo así se conseguirá crear esa relación de confianza capaz de hacer que los resultados se multipliquen”, indica la entrenadora. A lo que rápidamente añade: “Esto no quiere decir que se pueda perder la seriedad y responsabilidad laboral”. La clave está en saber dónde se encuentra la línea roja y no cruzarla: “Muchos compañeros tienen una relación de amistad con sus alumnos y la llevan fuera del club. Yo creo que esto es legítimo y no tiene nada de malo. Sin embargo, cuando un alumno intenta colocar en una situación comprometida al entrenador y pretende seducirlo o, simplemente, dar pie a malos entendidos, como profesionales debemos saber poner límites de forma educada”. 

SER DE LA TRIBU 

La sensación de formar parte de una comunidad, idea que cada vez refuerzan más los gimnasios, también es fundamental en todo este fenómeno. Es como cuando eras una adolescente y presidías el club de fans de los Backstreet Boys; cuando veías que no eras la única que suspiraba por Nick Carter, te sentías aceptada por el grupo. Si esto lo llevas a tu nueva realidad (con menos acné, pero la misma necesidad de aprobación), nos topamos con esta situación en la que tú y otra docena de mujeres –hechas y derechas– le reís los chistes malos al entrenador. Pero no te tortures, si eres soltera, esto no significa que estés (muy) salida. ¿Ya tienes a tu media naranja? No pienses que el hecho de sentir esta atracción es síntoma de que tu relación va mal. “Siempre y cuando no te saltes el código y los valores de la pareja, puedes admirar y agradecer el trabajo de otra persona y cómo te hace sentir”, apunta la psicóloga Ramírez. Así que por muy ridícula que te veas haciendo el Saludo al Sol con la mejor de tus sonrisas mientras Ismael viene de corregir a la de enfrente para mover tu brazo más a la izquierda, reflexiona sobre el número de veces que antes pisabas el gym y lo contenta que estás ahora con tus tres clases semanales. Llámalo tensión sexual que no quieres resolver, llámalo motivación por ejercitarte. Todo depende de cómo se enfoque. 

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