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Deseados probióticos: ¿funcionan o es márketing?

WH pone la lupa sobre estos microorganismos tan superdotados.
Women's Health , 30-11-2017

¿Un chute de bienestar?

¿Un chute de bienestar?

Casi cuatro millones de personas los toman pensando que, gracias a ellos, irán mejor al baño, su piel resplandecerá, dirán adiós a las alergias y hasta mejorarán su estado de ánimo. ¿Cuánto hay de cierto en esta extendida creencia?

Hay alimentos con un cierto aura de santidad. Y, después, tenemos los probióticos, que han sido prácticamente canonizados. Son buenos (aparentemente) para todo, y se han convertido en un negocio boyante que mueve anualmente cerca de 37 billones de dólares solo en Estados Unidos. Hoy, la mera mención ‘contiene probióticos’ en un producto ayuda a que se venda mejor. No está mal para una bacteria.

Si echamos la vista atrás, su reclamo inicial no era precisamente sexy: prometían calmar desórdenes como la diarrea, el estreñimiento o el reflujo gástrico, trastornos digestivos que afectan a 70 millones de personas, en su mayoría mujeres. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: ¿PROBLEMAS DE ESTÓMAGO? REMEDIOS QUE (DE VERDAD) AYUDAN

Pero esa vieja idea está tan anticuada que nadie se acuerda de ella. En su segunda vida, los probióticos –tanto en alimentos como en suplementos– se han promocionado como un chute mágico de bienestar: eliminan alergias y depresión, activan el sistema inmunológico y hasta combaten trastornos crónicos, como Alzheimer, diabetes y migrañas. Y, como consecuencia de esto, no los encontramos ya únicamente en los alimentos que los contienen de forma natural (el yogur o los fermentados, como el kimchi o el miso), sino que todo, desde el agua embotellada a las patatas fritas, puede estar “enriquecido” con estos amistosos microbios.

¿Un chute de bienestar?

Casi cuatro millones de personas los toman pensando que, gracias a ellos, irán mejor al baño, su piel resplandecerá, dirán adiós a las alergias y hasta mejorarán su estado de ánimo. ¿Cuánto hay de cierto en esta extendida creencia?

Hay alimentos con un cierto aura de santidad. Y, después, tenemos los probióticos, que han sido prácticamente canonizados. Son buenos (aparentemente) para todo, y se han convertido en un negocio boyante que mueve anualmente cerca de 37 billones de dólares solo en Estados Unidos. Hoy, la mera mención ‘contiene probióticos’ en un producto ayuda a que se venda mejor. No está mal para una bacteria.

Si echamos la vista atrás, su reclamo inicial no era precisamente sexy: prometían calmar desórdenes como la diarrea, el estreñimiento o el reflujo gástrico, trastornos digestivos que afectan a 70 millones de personas, en su mayoría mujeres. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: ¿PROBLEMAS DE ESTÓMAGO? REMEDIOS QUE (DE VERDAD) AYUDAN

Pero esa vieja idea está tan anticuada que nadie se acuerda de ella. En su segunda vida, los probióticos –tanto en alimentos como en suplementos– se han promocionado como un chute mágico de bienestar: eliminan alergias y depresión, activan el sistema inmunológico y hasta combaten trastornos crónicos, como Alzheimer, diabetes y migrañas. Y, como consecuencia de esto, no los encontramos ya únicamente en los alimentos que los contienen de forma natural (el yogur o los fermentados, como el kimchi o el miso), sino que todo, desde el agua embotellada a las patatas fritas, puede estar “enriquecido” con estos amistosos microbios.


La microbiota

La verdad, tiene sentido que el intestino pueda ser una zona cero para aliviar todo tipo de trastornos. Hace una década los científicos descubrieron que el kilo y medio de microbios que tenemos dentro del aparato digestivo –unos 40 trillones de bacterias, hongos y virus, colectivamente conocidos como la microbiota– no son okupas gorroneando comida del entorno. Más bien se asemejan a un órgano, que tiene la función de absorber los nutrientes de la comida, plantar cara a los gérmenes invasores y recalibrar nuestro sistema inmune. Y, puesto que los cambios en la microbiota se han ligado tradicionalmente a trastornos gastrointestinales, como el síndrome del colon irritable, añadir buenas bacterias en forma de probióticos debería fortalecer nuestra salud. Pero apartad la kombucha, amigas, porque esto aún no está suficientemente demostrado científicamente, asegura Robert Hutkins, científico del Nebraska Good for Health Center (EE.UU.).

De los cientos de cepas de probióticos identificadas, los estudios solo han podido demostrar que únicamente unos pocos son útiles para tratar trastornos específicos. Y no hay evidencia de que tengan demasiado efecto en la microbiota de individuos sanos. En todo caso, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, en Europa no se autoriza el uso de la palabra ‘probiótico’ para respaldar ninguna alegación relacionada con la salud. La única referencia aprobada acerca de estos microorganismos es la de que contienen fermentos vivos y mejoran la digestión de la lactosa. Hemos preguntado a los principales especialistas en la materia para que nos ayuden a discernir sus pros... y sus contras. Sigue leyendo. 


SOLO ESTÁN DE VISITA

“Cuando tomas probióticos, no se quedan de forma permanente en tu ecosistema intestinal y se hacen amigos de las bacterias que ya estaban”, dice Hutkins. Podrían ayudar a combatir un microorganismo que te está enfermando (probablemente a esto se deba que los probióticos se hayan mostrado útiles contra la diarrea), pero normalmente solo pasan a través del intestino. Por eso no sirve de nada tomar demasiados: se convertirán en caca, literalmente. Y esto de entrar y salir implica que si quieres que repercutan en tu salud, tendrás que tomarlos casi todos los días. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: EL TEST DE LAS (BUENAS) PASTILLAS


PUEDE QUE NO ESTÉS TOMANDO LOS MÁS ADECUADOS

PUEDE QUE NO ESTÉS TOMANDO LOS MÁS ADECUADOS
Muchas de las cepas de probióticos que se añaden a los alimentos se eligen solo porque son seguras y se pueden manufacturar a bajo coste y con facilidad. Pero no tienen por qué ser, necesariamente, las mejores para mantener una buena salud o para tratar una enfermedad. Los investigadores aún están tratado de determinar qué tipologías son las óptimas para cada trastorno.


LA LETRA PEQUEÑA IMPORTA

Asegúrate de que estás tomando la cepa correcta para tratar tu problema de salud concreto. Ve al detalle, porque algunos probióticos, como el Lactobacillus, tienen múltiples formas, como Lactobacillus Acidophilous y Lactobacillus Reuteri, que ayudan a distintos trastornos. Comprueba que hay al menos mil millones de UFCs (unidad formadora de colonias) por porción, ya que es la cantidad que se supone que es beneficiosa. Si no aparece esta información en la etiqueta, no des por hecho que lo contiene. Consumer Lab, un grupo independiente que testa los suplementos, descubrió que las UFCs varían entre 2,5 millones por ración y 900.000 millones. Para el yogur y el kéfir, busca que ponga ‘contiene fermentos’.


SON SENSIBLES

Incluso si la etiqueta muestra que el producto contiene la cantidad adecuada de UFCs, puede que no todas están presentes cuando lo tomes. Eso se debe a que los probióticos son organismos vivos y pueden morir si hace demasiado calor (si la composición recomienda su refrigeración, hazlo) o si pasan demasiado tiempo en una bolsa. Es decir, si estás haciendo recados, compra tus suplementos de probióticos en último lugar, ya que pueden perder parte de su eficacia si los dejas en el coche. Los bichos buenos también van deteriorándose con el tiempo, así que cuando vayas a adquirirlos, elige el envase que tenga la fecha de caducidad más lejana.


LOS ÁCIDOS DEL ESTÓMAGO SON SU CRIPTONITA

LOS ÁCIDOS DEL ESTÓMAGO SON SU CRIPTONITA: Algunas cepas no pueden sobrevivir al ácido del aparato digestivo. Por eso, si estás tomando un suplemento, cerciórate de que viene con revestimiento: esta capa externa le ayudará a llegar intacto al intestino. Si solo puedes encontrar una versión sin esta cobertura, tómalo siempre con comida para ayudar a protegerlo del entorno agresivo.


LA MISMA CEPA NO SIRVE PARA TODOS

"Un mismo probiótico puede tener resultados distintos según la persona, incluso en casos de diarrea”, explica el gastroenterólogo Matthew Ciorba, que estudia las bacterias de la microbiota en la Universidad de Medicina de Washington (EE.UU.). Esto es así porque cada cual fabrica su propia microbiota y esta es tan personal como sus huellas dactilares. En ella influye la edad, la genética y el género. De hecho, una investigación en animales de la Universidad de Texas (EE.UU.) ha descubierto que los microbios que viven en la tripa de machos y hembras reaccionan de forma diferente a la misma dieta. Por eso los científicos están estudiando formas de utilizar los propios microbios de una persona para tratar su enfermedad.


LOS PROBIÓTICOS PRECISAN PREBIÓTICOS

Las bacterias de tu intestino –tanto las visitantes como las residentes– también necesitan comer. Si tomas prebióticos, –carbohidratos no digeribles que alimentan a las bacterias amigas– las ayudarás a multiplicarse. Pueden ser útiles incluso en sí mismos, pues reequilibran la microbiota que se ha despendolado con el estrés. Un reciente estudio ha confirmado que los ratones que comen prebióticos duermen mejor después de una experiencia estresante. Hutkins recomienda incluir los prebióticos en la dieta diaria, pero no en forma de píldoras, porque es difícil conseguir la cantidad necesaria en un suplemento. Para tu información, están en los plátanos, las cebollas, el ajo, los espárragos y la avena integral. 


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