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Tecnología (de) punta

Desconecta antes de que la afilada hiperconectividad te deje a ti y a tu familia fuera de cobertura en la vida real.
María Gijón , 08-09-2017

Esclavos del móvil

Esclavos del móvil

"Antes de asistir a terapia, me tiraba horas y horas delante de una pantalla. Ni siquiera quería salir de casa. Me costaba mucho relacionarme con la gente en persona. Mi entorno me decía una y otra vez que tenía un problema, pero yo lo negaba. Recuerdo que en cuanto empecé el tratamiento y me quitaron el móvil reaccioné mal, muy mal, incluso con agresividad. Pero después de la pataleta, viví el mejor fin de semana de mi vida, me sentí relajada y estreché vínculos con mi familia. Hoy soy capaz de afirmar que, aunque soy consciente de que tal y como está evolucionando la sociedad es fácil recaer, puedo salir a la calle sin el móvil y sin que eso me provoque ansiedad”.

Estas son las palabras de Laura*, paciente del instituto psicológico Desconect@, que ha conseguido rehabilitarse de su adicción a la tecnología. Si te has sentido identificada con alguna frase, debes tomar medidas. Pero la situación se pone todavía más negra cuando son tu hija, sobrino o hermano pequeño los que se ven reflejados. Y es que nuestra protagonista, que lleva un año y medio en tratamiento, tiene 17 años.

La situación es alarmante, solo hay que echarle un vistazo al último informe PISA para descubrir que el caso de Laura cada vez es menos excepcional: siete de cada diez jóvenes españoles afirman sentirse realmente mal si no tienen conexión a Internet. Pero todavía hay más datos que ponen los pelos de punta: el 22% de los estudiantes llega a pasar en la red más de seis horas al día. Este grupo ha sido bautizado por la OCDE como usuarios extremos.

La relación de esclavitud que estamos construyendo con las nuevas tecnologías está haciendo que guiones cinematográficos catalogados como de ciencia ficción cada vez tengan más posibilidades de convertirse en una realidad. ¿Llegarán nuestros hijos a tener relaciones amorosascon el sistema operativo de su smartphone, como Theodore (interpretado por Joaquin Phoenix) en el filme Her (2013)? Luchar contra este apocalipsis techie al que parecemos condenados está en tu mano (a veces, literalmente, ¡empieza por soltar el móvil!). Tal y como explica Marc Masip, CEO del programa psicoeducativo pionero contra la ciberadicción Desconect@ y psicólogo que ha tratado a Laura desde su primera consulta, “los adultos son responsables en gran medida de la adicción tecnológica de sus hijos”, dice sin pensárselo. A lo que añade: “Se debe dar ejemplo. Si un niño ve a su padre con el móvil mientras cena, aunque sea para responder un correo del trabajo, seguramente él también lo utilizará”. Laura asiente: “Es cierto. Tendemos a imitar y adoptar los hábitos de nuestros progenitores. Aunque no ha sido mi caso; de hecho, en mi casa todos son antitecnología y una de las primeras medidas que tomó mi padre fue la de quitarme el smartphone y darme un móvil de los que solo sirven para realizar y recibir llamadas”. A día de hoy, y después de pasar por todo tipo de fases, incluida la del mono, esta joven ha conseguido desengancharse: “No hay día que no agradezca a mi familia que me pusieran en manos de Marc, que desde el principio me dio una serie de normas para utilizar la tecnología con cabeza, como, por ejemplo, apagar el móvil por la noche y dejarlo en otra habitación”.

Esclavos del móvil

"Antes de asistir a terapia, me tiraba horas y horas delante de una pantalla. Ni siquiera quería salir de casa. Me costaba mucho relacionarme con la gente en persona. Mi entorno me decía una y otra vez que tenía un problema, pero yo lo negaba. Recuerdo que en cuanto empecé el tratamiento y me quitaron el móvil reaccioné mal, muy mal, incluso con agresividad. Pero después de la pataleta, viví el mejor fin de semana de mi vida, me sentí relajada y estreché vínculos con mi familia. Hoy soy capaz de afirmar que, aunque soy consciente de que tal y como está evolucionando la sociedad es fácil recaer, puedo salir a la calle sin el móvil y sin que eso me provoque ansiedad”.

Estas son las palabras de Laura*, paciente del instituto psicológico Desconect@, que ha conseguido rehabilitarse de su adicción a la tecnología. Si te has sentido identificada con alguna frase, debes tomar medidas. Pero la situación se pone todavía más negra cuando son tu hija, sobrino o hermano pequeño los que se ven reflejados. Y es que nuestra protagonista, que lleva un año y medio en tratamiento, tiene 17 años.

La situación es alarmante, solo hay que echarle un vistazo al último informe PISA para descubrir que el caso de Laura cada vez es menos excepcional: siete de cada diez jóvenes españoles afirman sentirse realmente mal si no tienen conexión a Internet. Pero todavía hay más datos que ponen los pelos de punta: el 22% de los estudiantes llega a pasar en la red más de seis horas al día. Este grupo ha sido bautizado por la OCDE como usuarios extremos.

La relación de esclavitud que estamos construyendo con las nuevas tecnologías está haciendo que guiones cinematográficos catalogados como de ciencia ficción cada vez tengan más posibilidades de convertirse en una realidad. ¿Llegarán nuestros hijos a tener relaciones amorosascon el sistema operativo de su smartphone, como Theodore (interpretado por Joaquin Phoenix) en el filme Her (2013)? Luchar contra este apocalipsis techie al que parecemos condenados está en tu mano (a veces, literalmente, ¡empieza por soltar el móvil!). Tal y como explica Marc Masip, CEO del programa psicoeducativo pionero contra la ciberadicción Desconect@ y psicólogo que ha tratado a Laura desde su primera consulta, “los adultos son responsables en gran medida de la adicción tecnológica de sus hijos”, dice sin pensárselo. A lo que añade: “Se debe dar ejemplo. Si un niño ve a su padre con el móvil mientras cena, aunque sea para responder un correo del trabajo, seguramente él también lo utilizará”. Laura asiente: “Es cierto. Tendemos a imitar y adoptar los hábitos de nuestros progenitores. Aunque no ha sido mi caso; de hecho, en mi casa todos son antitecnología y una de las primeras medidas que tomó mi padre fue la de quitarme el smartphone y darme un móvil de los que solo sirven para realizar y recibir llamadas”. A día de hoy, y después de pasar por todo tipo de fases, incluida la del mono, esta joven ha conseguido desengancharse: “No hay día que no agradezca a mi familia que me pusieran en manos de Marc, que desde el principio me dio una serie de normas para utilizar la tecnología con cabeza, como, por ejemplo, apagar el móvil por la noche y dejarlo en otra habitación”.


Adolescentes y móvil

CUMPLEAÑOS CON REGALO TÓXICO

El debate sobre la edad a la que se debería tener el primer teléfono también está encima de la mesa. Masip lo tiene claro: “A los 16 años. Y debería ser por norma general. Antes se fumaba incluso en las consultas médicas, entonces alguien llegó a la conclusión de que esto no podía ser bueno y se promovió una legislación frente al tabaquismo. Nuestra vida debe ir a mejor y por eso es necesaria una ley que regule el uso de la tecnología, sobre todo pensando en los más jóvenes”. “Que se enseñen buenas prácticas en el colegio también sería una medida acertada. ¡Hay centros en los que incluso puedes tener el móvil sobre el pupitre y no te dicen nada!”, apunta Laura con indignación.

AL ALCANCE DE TODOS

Nuestra protagonista no ha cumplido la mayoría de edad, pero habla con una seguridad aplastante. ¿Cómo puede ser que la que hoy se enfrenta a esta entrevista tuviera problemas para comunicarse? “Hacerlo a través de una pantalla me daba menos corte –confiesa–. De hecho, yo creo que, en parte, mi carácter tímido se debe al uso de la tecnología. Desde que la utilizo de forma responsable, solo cuando realmente la necesito, me he abierto, soy más sociable y hablo mucho más”. Al preguntarle a Masip si existe un perfil determinado de adolescente con más posibilidades de caer en las redes de lo online, la respuesta es tajante: “No, encontramos chicos con una personalidad muy introvertida que tienen dificultades para relacionarse, pero también otros muy comunicativos que no hacen otra cosa. Sí que es cierto que suelen tener en común un descenso del rendimiento escolar. Tampoco suelen ser conscientes de su adicción, acostumbran a aislarse en su habitación con una pantalla y, si se les priva del gadget, su estado cambia, se ponen ariscos e incluso agresivos”.


Predicar con el ejemplo

SABER Y GANAR

Los expertos del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad ya hablan de la dependencia al móvil como un desorden que afecta al 53% de los usuarios españoles, y que se conoce como nomofobia (que responde a no-mobile-phone phobia). Aunque el tema es preocupante, tal y como indica la psicóloga Eva Hidalgo, todavía no se ha llegado a un acuerdo entre los profesionales del sector a la hora de valorar esta relación tóxica. Para muchos es una adicción, mientras que otros prefieren considerarla como una conducta obsesivo-compulsiva. Sea como fuere, debemos tener muy claro que la mejor manera de lograr que las nuevas generaciones hagan un buen uso de la tecnología es predicando con el ejemplo y enseñándoles a cómo hacer que esta juegue a su favor. Así que si por un momento se te había pasado por la cabeza colar un inhibidor de señal wifi en la mochila favorita de Josete, ¡olvídate, MacGyver! Mejor toma nota de los consejos que propone nuestra experta y haz que tu pequeño esté sobrestimulado (pero con abrazos, juegos, sonrisas y amigos de carne y hueso).

CONTROL PARENTAL

La psicóloga Eva Hidalgo tiene las claves para evitar que la ‘tablet’ pase a ser una extensión del brazo de los más pequeños de la casa…

1. Son una buena herramienta “La tecnología es muy útil si se utiliza de manera inteligente”. Enséñales a recoger y compartir información de forma práctica. Por ejemplo, mientras hacéis los deberes.

2. Explícales los peligros “Deben conocerlos de manera detallada. Es bueno que podáis dialogar de forma pausada y os ayudéis unos a otros en la resolución de dudas”.

3. Pactar límites “Como en el resto de ámbitos, nuestros hijos deben saber qué está permitido y qué no. Esto es necesario para que ellos comiencen a autorregularse”.

4. Con horario “Debéis establecer horas de uso digital para toda la familia. Reducir el tiempo os permitirá poder hacer otras actividades”. Fundamental: no vayáis a la cama con los gadgets.

5. Offline “Es importante que practiquéis deportes, leáis juntos, hagáis talleres de manualidades... Esto les dará una visión amplia de las alternativas de ocio que existen”.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: CÓMO AFECTA EL USO DE GADGETS A TU SALUD


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