Gira tu pantalla para ver la web de Women´s Health

Tripa y cabeza: condenados a entenderse

¿Qué pensaría si te dijéramos que tienes dos cerebros, uno en tu cabeza y otro en tu tripa?
María Corisco , 08-05-2017

Tripa y emociones

Tripa y emociones

Durante años, Menchu Domínguez, una ejecutiva de 37 años, creyó que su estreñimiento crónico era únicamente un problema intestinal. Así que visitó a especialistas en trastornos digestivos, frecuentó herbolarios, tomó laxantes, se atiborró de fibra, bebió todo tipo de infusiones... y terminó rindiéndose ante la evidencia de que sus tripas tenían vida propia.

“Era un problema que me amargaba y me sacaba de quicio –recuerda–. Tener esa hinchazón, esa pesadez, todo ese lastre ahí adentro me ponía de muy mal humor. Hasta que, por casualidad, leí la importancia que tienen nuestras emociones en nuestra digestión y también de qué manera influye nuestra forma de ser, nuestra personalidad. Y ahí empecé un nuevo camino”. Una ruta diferente que se basa en la idea de que lo que sucede en tu tripa va más allá de la digestión.

El estrés, el malhumor, la presión, la soledad… todo ello provoca una respuesta de tu cuerpo, una llamada de atención. Piénsalo un momento. Seguro que más de una vez has sentido cómo los nervios te producían unas ganas descontroladas de ir al baño o que un disgusto o una situación de estrés cerraba la boca de tu estómago. Es normal: entre tu tripa y tus emociones hay una estrecha relación, hasta el punto de que muchos trastornos crónicos –como el estreñimiento, la colitis ulcerosa o el intestino irritable– pueden tener su raíz en un conflicto no resuelto en tu cabeza que tu estómago ha digerido mal.

Tripa y emociones

Durante años, Menchu Domínguez, una ejecutiva de 37 años, creyó que su estreñimiento crónico era únicamente un problema intestinal. Así que visitó a especialistas en trastornos digestivos, frecuentó herbolarios, tomó laxantes, se atiborró de fibra, bebió todo tipo de infusiones... y terminó rindiéndose ante la evidencia de que sus tripas tenían vida propia.

“Era un problema que me amargaba y me sacaba de quicio –recuerda–. Tener esa hinchazón, esa pesadez, todo ese lastre ahí adentro me ponía de muy mal humor. Hasta que, por casualidad, leí la importancia que tienen nuestras emociones en nuestra digestión y también de qué manera influye nuestra forma de ser, nuestra personalidad. Y ahí empecé un nuevo camino”. Una ruta diferente que se basa en la idea de que lo que sucede en tu tripa va más allá de la digestión.

El estrés, el malhumor, la presión, la soledad… todo ello provoca una respuesta de tu cuerpo, una llamada de atención. Piénsalo un momento. Seguro que más de una vez has sentido cómo los nervios te producían unas ganas descontroladas de ir al baño o que un disgusto o una situación de estrés cerraba la boca de tu estómago. Es normal: entre tu tripa y tus emociones hay una estrecha relación, hasta el punto de que muchos trastornos crónicos –como el estreñimiento, la colitis ulcerosa o el intestino irritable– pueden tener su raíz en un conflicto no resuelto en tu cabeza que tu estómago ha digerido mal.


La neurogastroenterología

No estamos hablando de autoayuda. Ni de supercherías sin fundamento científico, como corrobora el doctor Manuel Díaz-Rubio, presidente de honor de la Real Academia de Medicina: “Existe una disciplina reciente, la neurogastroenterología, que intenta explicar esos procesos que nos llevan a somatizar nuestras emociones a través del sistema digestivo. Es un campo que estamos empezando a explorar”. El concepto se lo debemos al doctor Michael Gershon, director del departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia (EE.UU.), quien descubrió las bases de lo que se ha llamado “segundo cerebro” o “cerebro intestinal”.

Tras más de tres décadas de estudio, Gershon confirmó que nuestro sistema nervioso digestivo tiene su propia actividad cerebral: más de una vez habrás oído que en nuestro intestino viven trillones de bacterias (la microbiota) y que del equilibrio de ese hábitat depende buena parte de nuestra salud digestiva, pero lo que seguramente no sabes es que también tenemos ¡más de cien millones de neuronas! Este cerebro de las tripas es la mayor fábrica de esas sustancias que te hacen sentir bien, que te relajan, que regulan tu estado de ánimo o tu bienestar emocional. Sí, hablamos de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina o las benzodiacepinas. Y te preguntarás de qué modo todo esto influye en que tus digestiones sean más o menos pesadas o en que tengas dificultad para regular tus visitas al baño. Para entenderlo, debes saber que existe una comunicación continua entre ambos cerebros: el que se encuentra en tu cabeza y el que habita en tu tripa.

“Esta relación es de ida y vuelta: las emociones repercuten en el sistema digestivo y a la inversa”, explica la doctora Irina Matveikova, endocrinóloga directora de la Clínica de Salud Digestiva y autora del libro Inteligencia Digestiva (Ed. La esfera de los libros). “Sentimos con la tripa: con ella somatizamos las emociones y el estrés, presentimos e intuimos. Y dentro de ella ocultamos los miedos y guardamos los recuerdos infantiles”, añade.

Esta nueva perspectiva permite abordar los distintos trastornos digestivos de una manera integral y ofrecer soluciones alternativas a las convencionales. En el caso de Menchu, ella encajaba con el perfil habitual de mujer estreñida. “Detrás de este trastorno suele haber una frustración, una crisis de relación o un exceso de control”, señala Matveikova, que añade que el 70% de las féminas a las que ve en consulta presentan este problema.

“En el caso del síndrome del colon irritable, en cambio, nos solemos encontrar con personas hiperactivas, nerviosas, con tendencia a las fobias y problemas de autoestima”, explica. Esto nos lleva al dilema del huevo y la gallina. ¿Qué fue primero, el trastorno digestivo o el emocional? ¿Fue la úlcera de estómago la que amargó el carácter de tu vecino, o su mala leche terminó provocándole esa úlcera? No hay una respuesta clara; para averiguarlo será preciso una buena historia clínica y dejar que el paciente abra su corazón. En los casos más serios, en los que ya se ha producido lo que se conoce como “neurosis digestiva”, es posible que el camino termine pasando por el psicólogo.

“Nadie va a ir a terapia por un estreñimiento, pero sí es verdad que, una vez que los pacientes comienzan a recuperar su equilibrio intestinal tienen una sensación de bienestar (que se transmite desde el segundo cerebro al primero) que les lleva a aceptar que tal vez necesitaban ayuda profesional para resolver sus conflictos emocionales”. ¿Lista para organizar una quedada con tu cerebro norteño y el de la meseta central-abdominal? Eso sí, asegúrate de hacer de buena celestina y que su relación sea óptima. Recuerda que, por el bien de tu salud, deben entenderse.

Y ADEMÁS: Consejos para evitar la acidez estomacal


Next

Te recomendamos

La ola del cambio

¿Existe alguna diferencia entre el surf masculino o femenino para que haya existido e...

Mejora tu dieta con los alimentos más frescos

Descubre los beneficios de los alimentos frescos con los expertos de ALDI....

Hacemos realidad una sesión de yoga de ensueño

El Women’s Health Club by Issey Miyake llega a Bilbao...

Los beneficios ocultos de las zanahorias

Mejor cocidas que crudas...

Después del gym, una cerveza 0,0 isotónica

Preguntamos a los amantes del fitness....

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.