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La leche de vaca a debate

En los últimos años, y a un ritmo sin precedentes, hemos dado la espalda a los lácteos en favor de alternativas vegetales. ¿Hacemos bien?
Women's Health , 27-11-2017

El debate

El debate

¿Has comprado leche la semana pasada? La respuesta, si estás entre quienes llenan el carrito del súper con bebidas vegetales –de almendra, de arroz, de soja…–, es un rotundo no. Durante décadas, antes de la moda de contar calorías, pensábamos que este alimento era un pilar central dentro de una dieta saludable. Es más, lo reverenciábamos porque lo creíamos indispensable para el crecimiento y fortalecimiento de los huesos. ¿Y ahora qué?

El consumo de leche en nuestro país ha caído un 5,53% entre marzo de 2016 y marzo de 2017 (datos de la patronal Fenil). Y es que la actitud hacia esta bebida ha cambiado por completo. Ponemos leche de soja en el tazón de desayuno, leche de arroz en los smoothies y espuma de leche de almendra en nuestros capuchinos. Nos volvemos locos con cualquier alternativa vegetal que venga cargada con promesas de salud y bienestar. Tanto es así que el consumo de leche de vaca es hoy de apenas 72,5 litros anuales por persona, mientras que en el año 2000 la media superaba los 97 litros. Un 24% menos en 16 años… y la tendencia a la baja continúa. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: DOS VASOS DE LECHE AL DÍA Y PRESUME DE CUERPO

Entretanto, el consumo de bebidas vegetales no deja de aumentar. Y esta es una tendencia que se da en toda Europa, incluido el Reino Unido, uno de los países con mayor tradición lechera y en donde, según datos de la consultora Mintel, el 25% de la población cree que las llamadas leches vegetales son más saludables que la de vaca. La cuestión que desde WH nos planteamos es la de si está justificado un debate de salud entre unas y otras; es decir, si la leche de vaca es realmente saludable, como siempre creímos, o si es causa de trastornos y problemas, como sostienen sus detractores. Este debate, que nosotros solo vemos desde el lineal del supermercado cuando debemos decidir qué nos llevamos a casa, tiene muchas ramificaciones y puntos de vista encontrados. NO TE PIERDAS: ¿HAS DEJADO DE TOMAR LECHE?

Para empezar, ya el mismo nombre genera controversia: desde el sector lácteo se insiste en que solo se puede llamar “leche” a aquella sustancia que secreta la glándula mamaria de un mamífero. Desde el otro lado, se nos recuerda que la Real Academia Española reconoce en su tercera acepción que es también un “jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas” y reivindican que pueda hablarse de leche de arroz, de soja, de almendra… No hay acuerdo en el nombre, ni en nada. Ganaderos, nutricionistas, activistas, médicos, empresarios del sector… cada cuál tiene sus argumentos, pero ¿quién tiene razón? ¿Podemos prescindir de la leche de vaca sin que se resienta nuestro organismo?

El debate

¿Has comprado leche la semana pasada? La respuesta, si estás entre quienes llenan el carrito del súper con bebidas vegetales –de almendra, de arroz, de soja…–, es un rotundo no. Durante décadas, antes de la moda de contar calorías, pensábamos que este alimento era un pilar central dentro de una dieta saludable. Es más, lo reverenciábamos porque lo creíamos indispensable para el crecimiento y fortalecimiento de los huesos. ¿Y ahora qué?

El consumo de leche en nuestro país ha caído un 5,53% entre marzo de 2016 y marzo de 2017 (datos de la patronal Fenil). Y es que la actitud hacia esta bebida ha cambiado por completo. Ponemos leche de soja en el tazón de desayuno, leche de arroz en los smoothies y espuma de leche de almendra en nuestros capuchinos. Nos volvemos locos con cualquier alternativa vegetal que venga cargada con promesas de salud y bienestar. Tanto es así que el consumo de leche de vaca es hoy de apenas 72,5 litros anuales por persona, mientras que en el año 2000 la media superaba los 97 litros. Un 24% menos en 16 años… y la tendencia a la baja continúa. TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: DOS VASOS DE LECHE AL DÍA Y PRESUME DE CUERPO

Entretanto, el consumo de bebidas vegetales no deja de aumentar. Y esta es una tendencia que se da en toda Europa, incluido el Reino Unido, uno de los países con mayor tradición lechera y en donde, según datos de la consultora Mintel, el 25% de la población cree que las llamadas leches vegetales son más saludables que la de vaca. La cuestión que desde WH nos planteamos es la de si está justificado un debate de salud entre unas y otras; es decir, si la leche de vaca es realmente saludable, como siempre creímos, o si es causa de trastornos y problemas, como sostienen sus detractores. Este debate, que nosotros solo vemos desde el lineal del supermercado cuando debemos decidir qué nos llevamos a casa, tiene muchas ramificaciones y puntos de vista encontrados. NO TE PIERDAS: ¿HAS DEJADO DE TOMAR LECHE?

Para empezar, ya el mismo nombre genera controversia: desde el sector lácteo se insiste en que solo se puede llamar “leche” a aquella sustancia que secreta la glándula mamaria de un mamífero. Desde el otro lado, se nos recuerda que la Real Academia Española reconoce en su tercera acepción que es también un “jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas” y reivindican que pueda hablarse de leche de arroz, de soja, de almendra… No hay acuerdo en el nombre, ni en nada. Ganaderos, nutricionistas, activistas, médicos, empresarios del sector… cada cuál tiene sus argumentos, pero ¿quién tiene razón? ¿Podemos prescindir de la leche de vaca sin que se resienta nuestro organismo?


Sus detractores

Entre quienes defienden no solo que se puede, sino que se debe vivir sin este alimento, nos encontramos a David Román, autor del libro Leche que no has de beber (Mandala Ediciones), quien reconoce que en un primer momento se distanció de ella por motivos éticos –es vegano desde 1989–, pero que posteriormente fue leyendo numerosas investigaciones en las que se demostraban sus efectos negativos. “Desde mi punto de vista, es el alimento más sobrevalorado nutricionalmente. Nos convencieron de que era imprescindible, pero hoy todo el mundo sabe que hay alternativas mucho más saludables”, asegura.

Román no está solo. Cada vez son más las personas que reivindican dietas sin leche, y no necesariamente por una cuestión de veganismo, sino porque creen que es el desencadenante de numerosos desequilibrios, como hinchazón abdominal, trastornos digestivos, eccemas o acné. De hecho, algunos dermatólogos recomiendan evitar su consumo a los adolescentes con problemas de granos. Estas razones son la causa de que cada vez haya más consumidores que opten por llenar su nevera con alternativas vegetales. Pero, antes de seguir, aclaremos algo: estamos excluyendo a personas diagnosticadas de intolerancia a la lactosa, una condición en la que el organismo tiene dificultad para producir la enzima denominada lactasa, indispensable para metabolizar la lactosa (el principal azúcar de la leche). Quienes sufren esta patología pueden terminar teniendo graves problemas digestivos, como el síndrome del colon irritable, que afecta a cerca de un 20% de la población. NO TE PIERDAS: INTOLERANCIA A LA LACTOSA

Hablamos, lógicamente, de consumidores que, sencillamente, se plantean hacer cambios en su alimentación con el fin de encontrar un tipo de dieta que les haga sentirse mejor. Y, por lo visto, a muchas personas les merece la pena eliminar de su vida algunos alimentos. Entre ellos, la leche. Para quienes piensan así, este simple cambio en su cesta de la compra les trae un sinfín de beneficios. O, al menos, ellos lo ven de ese modo. ¿Y no es eso lo más importante? Si comenzar el día con una gota de leche de cáñamo en el té de rooibos te hace sentir bien… ¿cuál es el problema? ¿Por qué tanto debate? Por una cuestión, nos dicen sus defensores, de salud.

“La leche y los derivados lácteos son inseparables de una dieta equilibrada”, asegura Ángel Gil Hernández, presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición y catedrático de Bioquímica y Biología molecular de la Universidad de Granada. “Constituyen una fuente muy importante de proteínas de alta calidad, de calcio, de minerales como el selenio o el yodo y de vitaminas, especialmente del complejo B. Por ello, ayuda a cubrir los requerimientos nutricionales diarios, algo difícil de alcanzar en aquellas dietas en las que la leche no está presente”. Habla el profesor Gil del calcio y ahí encontramos uno de los principales puntos en discordia.

Actualmente, la recomendación diaria de calcio en adultos está en torno a 1.000 mg; la dosis subiría a 1.200 en mujeres embarazadas y a 1.300 en mayores de 65 años (por su mayor riesgo de osteoporosis). Es decir, tres o cuatro raciones diarias de alimentos que contienen calcio. Los defensores de la leche señalan que es verdaderamente difícil obtener la dosis diaria de otras fuentes, como las espinacas, el kale, otras verduras de hoja verde… Y nos recuerdan que las bebidas vegetales no suelen estar enriquecidas con calcio, por lo que necesitarías acudir a otras fuentes para complementar tus necesidades diarias. TE RECOMENDAMOS: ¿TE FALTA CALCIO? RESPONDE A ESTAS TRES PREGUNTAS Y AVERÍGUALO


Sus defensores

Otro de los argumentos esgrimidos por los activistas veganos es el de que somos los únicos mamíferos que seguimos bebiendo leche cuando llegamos a la edad adulta. “Los animales no toman leche en la edad adulta porque no tienen acceso a ella, es una cuestión de disponibilidad”, señala el nutricionista Aitor Sánchez en su libro Mi dieta cojea (Ediciones Paidós), quien añade que “no hay ningún alimento diseñado para los humanos, salvo la leche materna. Las abejas no hacen miel para que nos la tomemos, ni una coliflor o un brócoli crecen para ser comidos”.

Este experto apunta que se trata de afirmaciones sin sentido y explica que no es necesario recurrir a ellas puesto que, si se quiere discutir la conveniencia o no del consumo de leche, hay argumentos suficientes para debatir en salud, sostenibilidad o ética animal.

Así, a la pregunta de si es imprescindible tomar leche para obtener suficiente calcio, Sánchez asegura que no, “porque se puede encontrar en muchos otros alimentos. Los frutos secos, las legumbres, semillas o verduras como el brócoli son ejemplos de fuentes de calcio vegetal. No es, por tanto, obligatorio consumir lácteos para una correcta salud ósea y un adecuado estado nutricional de calcio”. En este sentido, sorprende que no se haya visto una mayor prevalencia de fracturas ni de osteoporosis en aquellas personas que no toman lácteos frente a las que sí lo hacen. Y Sánchez apunta a la paradoja de que “siendo el norte del planeta uno de los mayores consumidores de lácteos siga teniendo las tasas de osteoporosis aún muy altas”.

¿Y qué pasa con las personas a las que les sienta mal? Una investigación paleogenética publicada en la revista Nature sugiere que, mientras los primeros humanos pudieron haber perdido la capacidad para digerir la leche, en torno al Neolítico (y con la aparición de la ganadería) se produjo una mutación genética en nuestros ancestros. Pero, en cualquier caso, esta mutación no se ha repartido en el mundo por igual: en la actualidad, alrededor del 35% de la población adulta puede tolerar la lactosa. ¿Te parecen muchos o pocos? Se trata de una media: si miras el mapa global, verás que en Europa del norte casi el 100% de los adultos puede beber leche, mientras que en China o en Namibia el porcentaje se reduce al 10%.

¿Sigues indecisa? Bueno, de acuerdo con estudios llevados a cabo por científicos de la Universidad Curtin (Australia), podría haber una solución universal para solucionar este dilema: la clave estaría en la caseína, una proteína que se da naturalmente en la leche. Dependiendo del mamífero, incluso de la raza, se producen diferentes tipos de caseína: la que bebemos normalmente procede de vacas que producen beta- caseína-A1; la materna y otras (oveja, cabra) producen mayoritariamente beta- caseína-A2. Las conclusiones a las que han llegado es que, posiblemente, los problemas digestivos que tienen muchas personas al beber leche de vaca no se deben a la lactosa y a la lactasa, sino a la beta-caseína-A1. La solución podría pasar por no beber leche con esta proteína. Pero no todo es tan sencillo. TE PUEDE INTERESAR: 5 RAZONES PARA TOMAR SOJA

La nutricionista Ana Redondo nos advierte en su web (www. luciaredondo.com) de que, mirando la letra pequeña, descubrimos que este estudio ha sido patrocinado por The A2 Milk Company, “una compañía que ha conseguido comercializar una leche procedente de vacas que solo producen beta-caseína-A2”, lo que pone en cuestión la independencia de la investigación. Es posible que todos tengan su parte de razón. En todo caso, apostar por las bebidas alternativas, por más que la ciencia se pronuncie en uno u otro sentido, la decisión sigue siendo tuya.

NO TE PIERDAS: 6 ALIMENTOS DE ORIGEN VEGETAL QUE SON FUENTE DE PROTEÍNAS


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