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¿De verdad necesitas chocolate cuando estás con la regla?

Cuando se trata de antojos menstruales, solo podemos darte malas noticias: no son una necesidad hormonal, sino un espejismo.
Women's Health , 25-09-2017

Las hormonas no son excusa

Las hormonas no son excusa

No es fácil tener una relación sana con el chocolate. La tentación siempre está ahí y, por más que sepas cuál es la opción más saludable, hay veces en las que te niegas a mordisquear una onza de chocolate negro y te zampas una tableta entera bien cremosa. Es lo que ocurre cuando estás con el periodo: las hormonas te dan la excusa perfecta para mandar el autocontrol a freír monas y registrar la cocina como una posesa en busca de algo dulce y apetecible porque tu cuerpo “lo necesita”, ¿verdad? Pues te equivocas.

Qué bien se nos da creernos aquello que nos conviene. Menos mal que hay personas como Julia Hormes, una investigadora de la Universidad de Albany (EE.UU.) experta en Psicología de la Conducta, que ha pasado 10 años estudiando los antojos y que nos deja las cosas bien claras. Lo primero que nos dice es que los antojos y el hambre no son lo mismo: “Hay un montón de alimentos que contienen aquello que el cuerpo necesita y que te quitan el hambre; en cambio, un antojo solo se satisface con ese capricho que nos apetece en ese preciso momento”. De ahí esas escapadas a la tienda de la esquina en busca de una palmera de chocolate. ¿Te suena todo esto?

Hormes no cuestiona el hecho de que queramos ese chute de azúcar, especialmente durante la menstruación. Pero sí se carga el mito de que lo necesitamos: “Tras una década de investigación, no he encontrado ninguna evidencia de que las mujeres tengan durante el periodo una necesidad nutricional que justifique el ansia por esos alimentos concretos”. En cambio, sí ve en ello un impulso cultural: en países en los que las golosinas no se consideran un alimento “prohibido”, las mujeres no tienen antojo de ellas. Hay muchos lugares en los que ni siquiera hay una palabra para los antojos, señala Hormes: “Me crié en Alemania y jamás oí hablar de que las hormonas provocaran ese ansia por el chocolate”. Pero en nuestra cultura se penaliza el consumo de alimentos dulces y eso nos lleva a que nos interese creernos que, realmente, nuestro cuerpo necesita en esos días azúcar para hacer que nos sintamos mejor.

La experta pone en duda todo esto: “Si asumimos que el ciclo hormonal es la causa de los antojos, lo lógico sería que desaparecieran con la menopausia. Pero no es así. A las mujeres mayores les sigue apeteciendo dulce y lo atribuyen a otros factores”. También tenemos el argumento de que necesitamos una chocolatina por su alto contenido en magnesio. “¿Pero por qué si tu organismo necesita magnesio lo que deseas urgentemente es chocolate, y no nueces o espinacas, que contienen mucha más cantidad de este mineral?”, ironiza la investigadora. Por no hablar de que, normalmente, lo que se desea es chocolate con leche, que apenas tiene magnesio, ni cafeína ni ningún otro componente que pueda dar un empujón de energía.

Las hormonas no son excusa

No es fácil tener una relación sana con el chocolate. La tentación siempre está ahí y, por más que sepas cuál es la opción más saludable, hay veces en las que te niegas a mordisquear una onza de chocolate negro y te zampas una tableta entera bien cremosa. Es lo que ocurre cuando estás con el periodo: las hormonas te dan la excusa perfecta para mandar el autocontrol a freír monas y registrar la cocina como una posesa en busca de algo dulce y apetecible porque tu cuerpo “lo necesita”, ¿verdad? Pues te equivocas.

Qué bien se nos da creernos aquello que nos conviene. Menos mal que hay personas como Julia Hormes, una investigadora de la Universidad de Albany (EE.UU.) experta en Psicología de la Conducta, que ha pasado 10 años estudiando los antojos y que nos deja las cosas bien claras. Lo primero que nos dice es que los antojos y el hambre no son lo mismo: “Hay un montón de alimentos que contienen aquello que el cuerpo necesita y que te quitan el hambre; en cambio, un antojo solo se satisface con ese capricho que nos apetece en ese preciso momento”. De ahí esas escapadas a la tienda de la esquina en busca de una palmera de chocolate. ¿Te suena todo esto?

Hormes no cuestiona el hecho de que queramos ese chute de azúcar, especialmente durante la menstruación. Pero sí se carga el mito de que lo necesitamos: “Tras una década de investigación, no he encontrado ninguna evidencia de que las mujeres tengan durante el periodo una necesidad nutricional que justifique el ansia por esos alimentos concretos”. En cambio, sí ve en ello un impulso cultural: en países en los que las golosinas no se consideran un alimento “prohibido”, las mujeres no tienen antojo de ellas. Hay muchos lugares en los que ni siquiera hay una palabra para los antojos, señala Hormes: “Me crié en Alemania y jamás oí hablar de que las hormonas provocaran ese ansia por el chocolate”. Pero en nuestra cultura se penaliza el consumo de alimentos dulces y eso nos lleva a que nos interese creernos que, realmente, nuestro cuerpo necesita en esos días azúcar para hacer que nos sintamos mejor.

La experta pone en duda todo esto: “Si asumimos que el ciclo hormonal es la causa de los antojos, lo lógico sería que desaparecieran con la menopausia. Pero no es así. A las mujeres mayores les sigue apeteciendo dulce y lo atribuyen a otros factores”. También tenemos el argumento de que necesitamos una chocolatina por su alto contenido en magnesio. “¿Pero por qué si tu organismo necesita magnesio lo que deseas urgentemente es chocolate, y no nueces o espinacas, que contienen mucha más cantidad de este mineral?”, ironiza la investigadora. Por no hablar de que, normalmente, lo que se desea es chocolate con leche, que apenas tiene magnesio, ni cafeína ni ningún otro componente que pueda dar un empujón de energía.


Placeres culpables

Nada de todo esto es un problema en sí mismo. Si una onza de chocolate al mes es tu mayor transgresión… ¡bravo por ti! Pero, para la mayoría, lo peliagudo es el bajón que viene después del “pecado”. “En un primer momento te sientes bien, pero después hace su aparición la culpa”, señala Hormes, que ha estudiado los efectos positivos y negativos antes, durante y después de comer una chocolatina. Otros estudios corroboran que comer más chocolate de la cuenta se asocia a sentimientos de culpa, ansiedad y depresión. En resumen, un cóctel de autodestrucción que arruina tus buenos hábitos alimenticios. Y vuelta a empezar.

¿Quieres romper ese círculo vicioso? Empecemos por entender cómo funciona tu cerebro: cuando tienes un antojo, comienzas a liberar dopamina, una sustancia esencial del circuito de recompensa, que es la responsable de hacernos desear algo. La dopamina responde a pistas psicológicas, como lo que sientes cuando ves, hueles o, incluso, imaginas ese antojo. Piensa que estás con el síndrome premenstrual y quieres sentirte bien de ánimo; entonces te viene a la cabeza una recompensa dulce porque tu mente ha asociado ese bollito o chocolate a una idea de consuelo (al menos en un primer momento). Así que te rindes y te lo comes, incluso cuando tu parte racional sabe que hacer ejercicio te llenará de endorfinas y será mucho más satisfactorio. “Si estás estresada, comes chocolate porque es lo opuesto a hacer algo bueno para ti”, puntualiza la especialista. ¿El siguiente paso? No te machaques por no haber tenido la suficiente fuerza de voluntad como para resistirte. “Cuanto más luches contra los antojos, más difícil será que desaparezcan”, añade.


Entrena tu mente

Pero no te agobies: hay estrategias que te pueden ayudar. “Cuando estaba en el instituto y deseaba un helado, me decía a mí misma: “Más tarde”. Y así, poco a poco, es como fue manejando más fácilmente la tentación Nicole Mead, psicóloga de la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda). Mead publicó un estudio el pasado año en el que daba nuevas pistas: “Cuando nos fijamos un plan concreto, tendemos a darle mucha importancia; cuando nuestro objetivo no es tan específico, enseñamos a nuestra mente a no darle tantas vueltas”. Por eso, posponer el comer un alimento puede reducir el antojo, pero solo si lo retrasas sin hora concreta. Se trata de decidir que lo comerás más tarde, no de que le darás buena cuenta por la noche, porque entonces no dejarás de pensar en ello.

También te puede ayudar imaginarte dando 30 bocados a tu alimento favorito. Carey Morewedge, de la Universidad de Boston (EE.UU.), propuso a unos voluntarios que antes de comer se imaginaran dando 30 bocados, tres bocados o ninguno. “El deseo descendía en los que habían saboreado imaginariamente los 30 trozos de chocolate. Hormes también cree firmemente en la moderación: “Podemos intentar no tener en casa ningún alimento prohibido para no pensar en ellos, pero es preferible disponer chocolate y comer un trocito cada día”. Y no tiene por qué ser del negro. ¿Dónde hay que firmar?

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