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¿Qué es la cosmética ecológica?

Libres de parabenos, pesticidas, siliconas... ¿son igual de efectivas las fórmulas?
Publicado por Virginia Lombraña
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¿Qué es la cosmética ecológica?
¿Qué es la cosmética ecológica?

¿Cuidas al máximo lo que comes? ¿Miras la relación de ingredientes, las Calorías, el lugar de fabricación y hasta la trazabilidad del alimento? Parece claro que te preocupa tu cuerpo... ¿Seguro? ¿Te embadurnas con cualquier crema y compras el champú más barato sin importarte lo que contenga? Pues si te decimos que a lo largo de tu vida te aplicarás más de 500 kilos de cosméticos –según los Laboratorios Novexpert–, quizá te lo pienses a partir de ahora y empieces a mirar la etiqueta de tu sérum y del acondicionador.

Partiendo de que todos los tratamientos cosméticos autorizados para la venta son seguros, independientemente de su carácter natural o no, no está de más que conozcas qué te echas sobre la piel y el cabello y decidas con conocimiento de causa. Las cifras confirman que cada vez más personas demandan productos libres de químicos y los fabricantes han visto en esta preocupación un negocio rentable. De hecho, la cosmética natural ha triplicado sus ventas en los últimos 10 años, según Organic Monitor (en 2015 alcanzaron los 3.300 millones de euros en Europa). Hasta aquí el estado de la cuestión.

¿Mejores o iguales?

Ahora, la gran pregunta es si las fórmulas naturales tienen más beneficios que las convencionales. Nos gustaría tener la respuesta ideal (o sea, definitiva), pero en esto hay diversidad de opiniones. Para Cristina de Hoyos, dermatóloga y directora técnica de Clínicas Ceta, no hay una base científica que permita aseverarlo: “La cosmética ecológica emplea principios activos procedentes de las plantas, principalmente, mientras que la convencional tiene detrás laboratorios estudiando la producción de las moléculas más adecuadas para obtener los mejores resultados. Es decir, la eficacia de los productos naturales estará limitada, dado que no se modifican para alcanzar más concentración”. 

Del otro lado está Montse Escutia, coordinadora del proyecto Red Ecoestética, que forma parte del Programa Empleaverde del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, quien considera que conviene aplicar el principio de precaución. “A diario entramos en contacto con sustancias químicas que se encuentran en nuestra alimentación, en los cosméticos, en la ropa..., que se acumulan y tienen efectos a largo plazo. Los médicos alertan de que se está incrementado su presencia en nuestra sangre, en la orina o en la leche materna, pero nadie ha estudiado cómo interactúan unas con otras y qué ocurrirá en el futuro. Desde luego, usar cosmética natural disminuye la exposición a esas sustancias”. 

Fuera de peligro

La inocuidad que se atribuye a las fórmulas naturales es un argumento muy persuasivo, pero qué hay de cierto. Si bien es verdad, según apunta Escutia, que en personas con dermatitis, hipersensibilidad, síndrome químico múltiple, etc., esta cosmética es la única opción, no hay que olvidar que cualquier componente, aunque proceda de las plantas, puede provocar reacciones alérgicas. Como señala la doctora De Hoyos: “Cualquier molécula es susceptible de producir irritación. El ácido sórbico, por ejemplo, que es una sal mineral que se usa como conservador, puede alterar el pH. Por otra parte, la cosmética convencional está desarrollando productos libres de colorantes y parabenos. Y, en todo caso, la aplicación de determinados químicos sobre la piel, siempre y cuando estén testados, no tienen por qué afectarnos negativamente”.

Queda por tratar el peliagudo tema de la conservación, fundamental para evitar la contaminación microbiana y la oxidación de un cosmético.
La dermatóloga recuerda que sustancias de origen vegetal pierden sus propiedades si no se conservan adecuadamente y que, incluso así, estas fórmulas pueden ser más perecederas. Detrás de toda esta confusión, en el fondo, subyace la falta de una normativa oficial que despeje dudas. ¿Qué diferencias hay entre natural, ecológico, biológico, orgánico y vegano? Todavía estamos muy verdes en este punto. Hoy por hoy existen diferentes sellos para acreditar la condición natural de un cosmético: Soil Association en Reino Unido, BDIH en Alemania, Cosmebio en Francia y Ecocert en España son los más relevantes, pero cada cual interpreta las definiciones a su manera, aunque algo hemos avanzado. Expertos de más de 30 países en los cinco continentes consiguieron en febrero del año pasado crear una normativa estandarizada, la ISO 16.128, que por ahora ha conseguido clasificar los ingredientes naturales y orgánicos de uso cosmético. En una segunda fase, que está previsto que se concluya a lo largo de este año, se abordará la unificación de definiciones. Hasta entonces, nos quedamos con la explicación de la Asociación Vida Sana, que coincide con la de otras entidades europeas: se entiende por cosmética natural aquella en la que el 95% de sus ingredientes son naturales. Cuando estos componentes (vegetales o animales) provienen en un 90% de producción ecológica certificada, entonces podemos hablar de cosmética ecológica. Pero, como puntualiza Escutia, ingeniera agrónoma especializada en gestión del medio ambiente y agricultura ecológica, “los términos ‘biológico’ y ‘orgánico’ se usan en otros países como equivalente de ecológico. Y muchas veces, cuando se importan productos de estos lugares, se hace la traducción directa. Pero, en realidad, hay muy pocos cosméticos en el mercado con un nivel tan alto de ingredientes ecológicos certificados. Por eso nosotros preferimos el término econatural”.

Por solidaridad…

Con el medio ambiente. Esa es otra de las razones que mueve a muchas mujeres a preferir estas fórmulas (algunos estudios científicos alertan de que algunos bronceadores están afectando a los corales; que las bolitas de plástico de ciertos exfoliantes quedan en el agua y llegan a la cadena alimentaria de los animales o que los parabenos provocan alteraciones hormonales en algunas especies). Pero, cuidado, la etiqueta ecológica vende, así que algunas empresas lo único que tienen de este color es su estrategia de greenwashing. Como recuerda la OCU, “muchos fabricantes intentan enmascarar sus productos para que sean más atractivos. Y pueden hacerlo, ya que no hay legislación para este tipo de cosmética”. Si no quieres que no te den gato por liebre, fíjate si además de una declaración de intenciones o de teñir el envase en verde o lucir un atractivo diseño floral, llevan estampado un certificado que acredite su veracidad. Por ejemplo, para que Ecocert ponga su sello en un packaging cosmético, entre otras cosas, las materias primas con las que se elabora deben proceder de fuentes renovables y haber sido procesadas de forma respetuosa con el medio ambiente. Y, además, el embalaje ha de ser biodegradable o reciclable. La OCU da, además, algunas pistas para que puedas interpretar correctamente la etiqueta de estos productos y que la publicidad no te engañe: “Si en la lista de ingredientes aparece alguno de estos, no estás ante un producto natural: conservantes que liberan formaldehído, bronopol, parabenos y sales de aluminio; paraffinum liquidum, derivados del petróleo o aceites minerales (son complejas mezclas de hidrocarburos); siliconas (dimeticona); SLS o SLES (tensioactivos aniónicos); propilenglycol (humectante); PEG, polietilenglicol (emulsionante); DEA (dietanolamina), MEA (monoetanolamina) y TEA (trietanolamina); ftalatos;   filtros UV químicos; colorantes  o fragancias sintéticas”, sentencia.

Nuestra selección Green: 

 

1. ‘Illuminating Eye Crème’, de Tata Harper. Contorno de ojos sin tóxicos, colorantes ni componentes químicos de síntesis ni organismos genéticamente modificados (103 €, en jcapotecari.com).

2. Organic Mousse’, de Farma Dorsch. Limpiador en espuma, 100% natural, con extracto de jengibre, pepino y açai (22 €, en friddashop.com).

3. ‘Deep Moisturer Fluid Day’, de Mádara. Hidratante elaborada con rosa damascena, aceite de girasol, trébol, frambuesa, aguacate y flor de tilo (29,90 €, en madaracosmetics.com).

4. ‘Replenish Glow Mask’, de Apoem Mascarilla iluminadora con efecto flash, con un 95% de ingredientes naturales (41 €, en apoem.eu).

5. ‘Multi-Antioxidant Concentrate Serum’, de Freshly. Formulado a base de arándano rojo, brócoli, jojoba, rosa, ginseng y pepino, combate el daño oxidativo sobre la piel (35 €, en freshlycosmetics.com).

 

 

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